Jamie Oliver, el chef que le declaró la guerra a la 'fast food'

Jamie Oliver, el chef que le declaró la guerra a la 'fast food'

Su primera batalla la libró en el Reino Unido y la ganó. Y ahora intenta hacer lo mismo en la patria de la comida chatarra: EE. UU.

12 de junio de 2010, 05:00 am

Jamie Oliver es un revolucionario. Con su apariencia juvenil de jeans gastados, pelo desordenado y sonrisa de mejillas rosadas, pareciera que no mata una mosca, pero este chef de 35 años ya lleva varias revoluciones en el cuerpo. Jamie Oliver es un guerrillero de la gastronomía. Un cocinero contracorriente.

En tiempos en que todos los chefs se esmeraban en usar técnicas de vanguardia y llenaban sus platos de espumas y productos sofisticados, él abrazó la causa de una cocina simple y saludable. Sus recetas, de pocos pasos, volvían a lo básico. Con un mortero en la mano, un par de verduras recogidas de su propia huerta y una botella de aceite de oliva, demostró que podía hacer maravillas.

Hoy, Jamie no sólo es una megaestrella televisiva -tiene el récord de ser el cocinero con más series de televisión (12)-, sino que además es cabeza de dos exitosas cadenas de restaurantes especializados en cocina italiana: Jamie's Italian y Fifteen (donde trabaja con quince cocineros de bajo estrato social a los que elige a través de una especie de reality show).

Jamie es, además, uno de los británicos más ricos, con una fortuna que sobrepasa los 65 millones de libras esterlinas (94 millones de dólares), un cocinero que tiene su propio videojuego y una de las personas más influyentes de la década, según la revista Time.

Pero nada de esto lo consiguió sólo con sus programas de TV. También ayudó, y mucho, la 'otra' revolución que ocupa buena parte de su vida: la batalla contra la fast food. En 2005, Jamie Oliver se embarcó en un proyecto enorme: 'La revolución de la comida', una campaña a través de la que pretendía cambiar los pobres hábitos alimenticios de su país, que los tenía con los índices de obesidad infantil por las nubes. Y lo consiguió.

Pero su espíritu de luchador incansable lo llevó a otra cruzada: tratar de llevar esa revolución al otro lado del Atlántico, a la patria mundial de la comida chatarra, a Estados Unidos. Y para ello escogió a Huntington (Virginia Occidental) el lugar con más muertes por sobrepeso en el gigante del norte y donde más del cincuenta por ciento de la población es obesa. Su meta: lograr que aprendan a comer sano. Su método: un programa de televisión que transmite el canal Fox Life.

El Mercurio conversó con Jamie, que tiene la habilidad esa de conseguir que hasta lo más complicado parezca sencillo.

¿Cómo pretende lograr la misma revolución alimenticia que consiguió en Inglaterra, ahora en Estados Unidos?

Es un proceso largo y estoy recién empezando con él. Cada estado, cada condado y cada gobernador necesita ver lo que es el problema y qué se puede hacer localmente para lograr realmente una diferencia positiva. A nivel nacional la Primera Dama, Michelle Obama, está haciendo lo que puede para inspirar a la gente a reflexionar en torno a la comida y la cocina. Pero tal como lo vi en Inglaterra, si se toman medidas a nivel local, se puede progresar enormemente.

¿Qué le diría a las grandes empresas de comida procesada que han perdido mercado desde que usted apareció dando cátedra sobre comer sano?

Todo mi trabajo se trata de darle a la gente el conocimiento para que sean capaces de comer una dieta equilibrada. Pero debe decir que el mundo sería muy aburrido sin golosinas. La clave está en ser capaz de cocinar usando ingredientes frescos porque así sabes lo que le estás metiendo a tu cuerpo y al cuerpo de tus familiares. Realmente no tengo ningún consejo para las empresas de alimentos elaborados. Estoy más interesado en dar consejos útiles para las personas que desean comer fresco y delicioso, comida casera y alimentos a precios asequibles.

¿Por qué se embarcó en un proyecto social como su restaurante Fifteen? ¿No habría sido más fácil tener su propio restaurante, hacer la comida que le dé la gana y ganar dinero?

Hubiera sido más fácil, sí. Y por mucho tiempo eso era todo lo que quería hacer. Pero mi padre siempre dice que si hay una manera fácil y una manera difícil de hacer las cosas, yo siempre elijo el camino difícil. Siempre he trabajado duro y siempre quise ayudar a la gente a través de la comida. Entonces, cuando ya había juntado algo de dinero con las primeras series de TV y los primeros libros, en vez de pensar en poner mi pie en el acelerador y seguir arrasando con todo, pensé cómo podría usar el dinero para ayudar a los jóvenes a entrar en la industria de restaurantes, y así fue como empezó Fifteen.

¿Qué fue lo primero que cocinó?

Estaba ayudando en la cocina del pub donde me crié y debo haber tenido unos ocho años. Yo solía lavar las verduras, pelarlas, recoger hierbas y cosas así. Una de las primeras cosas que pude cocinar fue un pollo asado, cuando cumplí 10 años.

¿Qué lo enamoró de la cocina?

Todo lo que implica estar en una cocina: los olores, los sabores, el trabajo en equipo.

¿Sigue cocinando todos los días?

Siempre cocino. Todos los días. Los fines de semana estoy en casa y hago toda la comida. Y durante la semana puedo estar haciendo el desayuno o desarrollando nuevas recetas para libros o para uno de los restaurantes, o trabajando en una nueva salsa. Siempre estoy cocinando.

Las claves de su 'Food Revolution'

En el 2005, Oliver logró que el ex primer ministro Tony Blair destinara el equivalente a 280 mil millones de pesos para mejorar la alimentación en los colegios. Y la Reina Isabel lo condecoró con la Orden del Imperio Británico, por su aporte al país. Se le conoce como el maestro de la 'comida sin disfraces ni pirotecnia' y su mejor atributo, para muchos, es que ha sabido comunicar esa cocina con una soltura y honestidad tan domésticas que genera una empatía inmediata.Y hacer que todo parezca fácil en una cocina, no es una tarea fácil.

JAVIERA HERNÁNDEZ
EL MERCURIO (CHILE)