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Desconéctese, no abuse de la tecnología y viva mejor

Habla William Powers, comentarista de cultura de la información, autor del libro 'El BlackBerry de Hamlet: una filosofía práctica para desarrollar una vida de calidad en la era digital'.

Las tecnologías digitales están conectando a la raza humana de formas tan sorprendentes, que no es exagerado decir que la vida misma está siendo transformada ante nuestros ojos. ¿Pero está mejorando nuestra vida con esto?

En muchos sentidos, sí. Los computadores, los teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales realizan para nosotros innumerables y maravillosas tareas, y tienen un potencial enorme para enriquecer nuestras vidas en las décadas venideras. Pero sin darnos cuenta, en los últimos quince años hemos adoptado una filosofía de vida muy particular en esta nueva era: mientras más conectados estamos, creemos estar mejor. Yo lo llamo Maximalismo Digital y creo que es una manera insensata de vivir.

¿Por qué insensata? Porque cuando pasamos todo el tiempo mirando pantallas - nuestro iPhone, computador, tablet- dejamos de lado algo que es enormemente importante en todas las facetas de la vida: la trascendencia. La trascendencia de los pensamientos, la trascendencia de los sentimientos, la trascendencia de las experiencias.

Sin trascendencia, todo lo que hacemos se ve afectado, desde la más pequeña labor diaria hasta las relaciones personales que más nos interesan y la forma como pensamos y trabajamos. En las sociedades tecnológicamente avanzadas de todo el mundo, hoy los empleados pasan el día en sus escritorios como locos, de aquí para allá, entre correos electrónicos, mensajes de texto, Tweeter, actualizaciones del Facebook y correos de voz.

Este ciclo interminable de distracciones está haciendo que las empresas, los gobiernos y las organizaciones, en lugar de aumentar su eficiencia, la disminuyan - haciendo fracasar el propósito para el cual las tecnologías fueron creadas inicialmente. Según un estudio, la sobrecarga de información en los lugares de trabajo le cuesta, tan sólo a la economía de los Estados Unidos, cerca de $3.000 millones de dólares al año.

Pero mucho más importante que nuestro desempeño laboral - y el apoyo que éste requiere - es el efecto que la adicción a las pantallas está teniendo en nuestra vida íntima. Cuando nunca nos detenemos a pensar en algo por más de dos minutos, cuando no podemos concentrarnos en una conversación o mantener nuestra atención para leer un libro, cuando nos es imposible pasar media hora tranquilamente con nuestro hijo sin estar pendientes de nuestro teléfono celular, la verdad es que no tenemos vida íntima en absoluto. Estamos viviendo una vida completamente externa, una vida que depende y reacciona a las exigencias del mundo.

Éste parece un desafío completamente nuevo, pero en realidad no lo es. El ser humano se ha enfrentado a este mismo dilema durante miles de años, cada vez que surge una nueva y poderosa tecnología de la comunicación con la cual la vida diaria se llena de personas e información. En la antigua Grecia fue la escritura basada en el alfabeto. En la Europa de Shakespeare y Cervantes fue la imprenta. En el siglo XIX fue el telégrafo, y en el XX el teléfono y la televisión.

En cada uno de estos momentos de cambio, hubo pensadores astutos que se apartaron al comprender que para sacar el mejor provecho de las tecnologías que nos conectan, también debemos saber cómo guardar la distancia entre nosotros y la multitud. Como lo señaló Sócrates en el siglo 5 a.C., la felicidad radica en lograr un equilibrio entre la vida interior y la exterior. Es exactamente este equilibrio el que hoy en día está fuera de control.

Podemos recuperar el control volviendo a introducir un poco de desconexión en la ecuación. No se trata de escapar de nuestros aparatos, los cuales son maravillosos y muy prometedores. Pero sí debemos ser más prudentes en cuanto a la forma de usarlos. El primer paso es reconocer que el estar conectados es mejor cuando lo compensamos con su contraparte. Es hora de desechar la vieja filosofía maximalista y abrazar una nueva, de equilibrio.

¿Qué significa esto en la práctica? Puede ser tan sencillo como apagar nuestro teléfono celular y dejarlo en un cajón unas pocas horas cada día. En el lugar de trabajo, la administración puede hacerles ver a los empleados la importancia de pasar tiempo "desconectados" y proporcionarles maneras fáciles de hacerlo. En años recientes, la Corporación Intel, que ha jugado un papel de líder en la conexión del mundo, ha realizado experimentos pioneros acerca de la "desconexión". En algunas de sus propias oficinas, por ejemplo, Intel instituyó períodos regulares "de silencio" durante los cuales los correos electrónicos y otras distracciones se suspenden.

En las casas, las familias pueden designar lugares libres de pantallas o días de la semana en que la conexión a la Internet se suspende. En mi propia familia, hace ya varios años, hemos estado cumpliendo un ritual que llamamos "descanso sin Internet", el cual consiste en estar desconectados los fines de semana. Luego de estar separados de las pantallas por dos días completos, el lunes por la mañana regresamos al entorno digital frescos, y así lo disfrutamos mucho más.

Una predicción: a medida que el mundo se torna más conectado y nuestras vidas se vuelven más ocupadas, las herramientas y las experiencias que nos ayuden a desconectarnos tendrán cada vez mayor valor. ¿Por qué están las tecnologías actuales diseñadas para bombardearnos con la mayor cantidad posible de información a cada instante?

En este sentido, nuestras pantallas tienen algunos trucos para aprender de tecnologías más antiguas, como los periódicos impresos y los libros, los cuales nos permiten estar a solas con nuestros pensamientos en una forma en que ya casi nunca estamos. Pasar media hora con un periódico impreso, o con un libro, aquieta nuestra mente. ¿No podrían nuestros teléfonos inteligentes aprender a hacer eso mismo por nosotros? En esta época, ponerse cómodo para disfrutar de un libro a la manera antigua es como darle vacaciones al alma y, si tenemos suerte, es vislumbrar el futuro.

WILLIAM POWERS *
Para EL TIEMPO
* Traducción: Diego Eceverri Garrido

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
5 de junio de 2010
Autor

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