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A segunda vuelta

Una jornada admirable fue la de ayer en Colombia, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En todo el país los ciudadanos refrendaron su compromiso con la democracia, soportando en ocasiones las largas filas, las dificultades de transporte y, en un puñado de casos, el acoso de los violentos. Pero tal como lo pudieron constatar los observadores internacionales, los comicios transcurrieron en un ejemplar ambiente de libertad y concordia.

Ese contexto sirvió de marco a un escrutinio lleno de sorpresas que se conocieron antes de que cayera la noche. Ello fue posible gracias a la celeridad en el conteo de la Registraduría, que superó con creces las metas que se había fijado, pues a la hora y media del cierre de las mesas de votación se sabía el 95 por ciento del total sufragado. De tal manera, los candidatos pudieron hacer sus pronunciamientos temprano y el país se fue a dormir tranquilo, sin que quedaran dudas en el ambiente.

Dentro de las incógnitas resueltas, estuvo la de un posible cabeza a cabeza con miras a la segunda vuelta. En forma contundente, el candidato del Partido de la U, Juan Manuel Santos, mostró que tiene la primera opción para triunfar el 20 de junio, al obtener casi el 47 por ciento de los votos. Su liderazgo no solo dejó mal paradas a las encuestas, que hablaban de un margen estrecho, sino que le sirvió para establecer una cómoda diferencia frente a su inmediato seguidor y ahora único rival, Antanas Mockus.

En el triunfo de Santos jugaron varios factores. Además de encarnar la continuidad de las políticas de un gobierno que es muy popular, el aspirante corrigió el rumbo cuando empezó a flaquear en los sondeos y tomó un segundo aire. Sin duda, está muy cerca de llegar a la Casa de Nariño, pero en los días que vienen tiene que mantener el ritmo y el mensaje de unidad expresado.

Por su parte, a pesar de la distancia, el representante del Partido Verde logró dar un salto enorme y obtener un segundo lugar que parecía imposible hace un par de meses. Su discurso renovador, centrado en la legalidad y la educación, atrajo a más de tres millones de personas que lo vieron como un factor de cambio. Ahora, Mockus tiene ante sí un desafío formidable, consistente en cerrar la brecha que le separa de Santos, algo que no es fácil, así sea matemáticamente factible.

Pasando a los demás nombres, es imposible ignorar el imprevisto tercer lugar de Germán Vargas Lleras, quien, a punta de tenacidad y buenas propuestas, pudo superar a Gustavo Petro, de interesante desempeño. La victoria del ex senador sobre el Polo Democrático muestra no solo una recomposición del mapa político, pues el péndulo vuelve hacia el centroderecha, sino pone al líder de Cambio Radical a la vanguardia de los aspirantes, con miras al 2014.

Lánguido, en cambio, fue el resultado de los partidos tradicionales, relegados a la retaguardia, en lo que constituye un descalabro mayúsculo. Aparte de sus cualidades humanas y profesionales, Noemí Sanín ni Rafael Pardo pudieron entusiasmar a los electores, un motivo de reflexión para dos colectividades que cuentan con una fuerza importante en el Congreso.

Fuerza que, por cierto, entrará a jugar en la definición de posibles alianzas con miras a la segunda vuelta. Y aunque es muy probable que el Partido de la U logre establecer acuerdos y hacer coaliciones, se equivocan quienes creen que las ideas se pueden supeditar a los arreglos políticos. Son las propuestas, y no la maquinaria, las que ganan las elecciones y en las semanas que vienen Juan Manuel Santos y Antanas Mockus tendrán una nueva oportunidad para exponerlas. De ese cruce de ideas depende no solo el nombre del nuevo inquilino de la Casa de Nariño, sino la fortaleza de la democracia colombiana.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
30 de mayo de 2010
Autor

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