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Así se forja una reina wayú, a propósito del Festival de la Cultura Wayú, de Uribia (La Guajira)

Olivia Henríquez es la mamá de Joselyn Cáceres, quien fue elegida como la majayut en 2009.

La casa de Olivia Henríquez está enmarcada por una cerca de cactus, en el perímetro urbano de Uribia. Se vende chivo asado en la puerta y adentro, "el rancho", como ella misma lo llama, conserva las formas típicas de las rancherías wayú, aunque "más amplio", aclara.

Hay una enramada dispuesta para colgar chinchorros y un patio grande por el que desfilan algunos animales caseros. Olivia es una matrona altiva, orgullosa porque educó a su hija, Joselyn Cáceres Henríquez, con tanto esmero que el año pasado fue elegida como la Majayut 2009, del Festival de la Cultura Wayú, que tuvo lugar el pasado fin de semana en el municipio guajiro.

Toda la vida, Olivia quiso que su hija obtuviera ese título. Majayut, señorita en lengua wuayuunaiki, son todas las muchachas que después del desarrollo pasan por el tradicional "encierro", una preparación a solas con las mujeres mayores de su familia que en la actualidad puede ser de meses, pero que en alguna época llegó a durar hasta tres años.

Convertidas ya en mujeres casaderas, majayut de todas partes compiten por el título que otorga el festival a la que demuestre no solo habilidad en las labores del campo, sino un amplio conocimiento de la cultura wayú que garantice la preservación de sus costumbres en generaciones venideras.

¿Crió a su hija para ser majayut del Festival de la Cultura Wayú? "No, lo que pasa es que, ajá... como ella es muy curiosita, una niña elegante y bonita, todo el mundo le decía: 'Tú vas a ser majayut'. Desde pequeñita, en el pueblo, hasta un primo mío, que en paz descanse, la sacó a los 5 años, en un carro para mostrarla y la aplaudían los niños y las niñas".

Después vino el desarrollo y el encierro, cuenta Olivia. Como a todas, a Joselyn le cortaron el pelo, desecharon su ropa. "Se le despoja de todas sus cosas -cuenta la madre-, la alimentación es diferente. Hay que darle medicinas especiales, para que sus carnes estén tersas y no se deslinden muy rápido".

Y al preguntarle qué tipo de comida, la madre responde: "La natural, la de nosotros, los wayú, es como decir el millo, pichón de paloma" y un preparado, la bija roja, "una totumita chiquita, que le daba desde chiquita y la ponía toda colorada".

Para explicar el encierro de su hija, Olivia se remite al propio, a cargo de una hermana mayor que asumió las labores de madre y guía: "Mis padres me dejaron de 10 años -cuenta la madre de la Majayut que este fin de semana cederá su título a otra joven-. Y yo tenía una hermana mayor que me crió. Ella estaba todavía más enraizada, como que a ella la sangre wayú se le fue toda. No quiso que yo usara brasier o me pintara las uñas, eso era una prostitución para ella. Pero uno es terco..."

Al decirlo, Olivia muestra sus largas uñas, bien pintadas y decoradas con estrellas y flores. Entonces, recuerda que su hermana también se negó a que hiciera el curso de enfermería. "Ella no quiso porque después yo iba a coger marido que no fuera wayú -cuenta-. Y no es mentira, es verdad. Porque, ajá, uno se relaciona. Donde uno va, se relaciona y el papá de Joselyn es un médico barranquillero.

-¿Cómo fue su encierro, Olivia?

Me enseñaron a hacer chinchorros, porque es para eso que lo encierran a uno. Le enseñan a uno la artesanía, a hacer mochilas, a ser mujer.

-¿Y ser mujer pasa por...?

Hacer chinchorros, sí. Pero también le hablan a uno. Está uno tranquilo y recibe instrucciones, consejos acerca de todo.

-¿Recuerda algún consejo que le hayan dado?

Claro: que tuviera fundamento, que me portara bien, que representara a mis varones, porque yo era hembra y tenía que evitar los conflictos. Siendo hembra no iba a ser promotora de conflictos. Al contrario, nosotras somos para evitarlos. Si uno de los varones, un hermano o tío, se mete en algún cuento, nosotras estamos para sentarlos a ellos, aconsejarlos y decirles. Incluso hasta a una amistad, uno le puede decir: 'ven acá, mira, esto no está bien'. Pero no todas las indias tienen la misma costumbre.

-¿Le transmitió eso a su hija en el camino a ser la Majayut del Festival?

Sí, hasta la fecha. Ahí está 'Jose', echada pa'lante, porque le enseñé a ser así, de perrenque, de personalidad, así es ella, bendito Dios, tiene 21 años, está en la universidad, estudia quinto semestre en Barranquilla. Pero habla wayuunaiki desde mi vientre, ella es así porque yo no soy una india loca o coqueta, porque ahora las indias quieren ser arijunas (no wayús), con pantalones y tacones. Ella usa su pantalón también, pero tiene su manta.

-¿Hubo alguna preparación especial para el concurso?

No, ella lo sabe todo, ya lo tenía. Aunque, ¿usted me pregunta por el retoque antes de concursar? Es que Joselyn estudió en el internado indígena San José, las hermanas también le enseñaron. Hay una seño que es wayú también, que es maestra en el internado. Allí inculcan mucho la cultura de nosotros. Se le grabó mucho. Una de las preguntas sobre nuestros mitos que respondió y ganó en seguida vino de lo aprendido en el internado.

Festival de la Cultura Wayú

A lo largo de esta semana, se ha llevado a cabo el Festival de la Cultura Wayú, en Uribia (La Guajira), que reúne a familias indígenas provenientes de todas partes, que presentan desde muestras folclóricas y artesanales hasta muestras medicinales.

Comprende, además, un encuentro de etnoliteratura, competencias musicales y de juegos tradicionales como tiro de flecha, tiro de honda, trompo y tejo; un foro sobre 'Bicentenario y gran nación wayú', en el que se espera profundizar sobre la independencia de este pueblo que ocurrió alrededor de 1796.

También hubo muestras de teatro (con piezas a cargo de las delegaciones de las majayut) y la elección de la majayut 2010, en la ceremonia de clausura del festival.

Nohora Díaz, directora del Festival, resalta que este año se organizó un encuentro de saberes ancestrales, en el que fueron invitadas otras etnias con el objetivo de intercambiar saberes. "También vamos a hacer cine étnico wayú en la calle, en el que se proyectará un documental sobre los palabreros".

La majayut no gana por belleza

Nohora Díaz, directora del Festival, explica que la majayut no se escoge por belleza, sino por su cultura y por sus rasgos de indígena wayú. Las concursantes no desfilarán nunca en traje de baño sino en las mantas guajiras típicas, que usan para las diferentes actividades de campo.

"Esta elección es importante porque refuerza la conservación de las costumbres -agrega Díaz-. Antes de premiar a la majayut deberíamos premiar también a la mamá, porque pudo enseñarle a la hija los tejidos, los mitos, las leyendas, la cocina y las costumbres".

La majayut se ha elegido cada año, durante las 24 ediciones del Festival. A Uribia llegan niñas de diferentes municipios de La Guajira colombo-venzolana. Participan, cada una, con sus habilidades que van desde cocinar hasta ordeñar. La ganadora es elegida en la noche de clausura del Festival, el pasado domingo, 16 de mayo.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
Uribia (La Guajira)

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
15 de mayo de 2010
Autor

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