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De vuelta al parto natural

Cada vez más mujeres en el país toman la decisión de tener a sus hijos en sus casas, acompañadas de sus parejas y alejadas de cesáreas y anestesia. Un médico recupera la naturalidad en el parto.

Parece más un profesor de filosofía. Su pinta, sus palabras. Mauricio Espinosa es médico ginecólogo, hijo de médico ginecólogo, pero hace veintidós años tomó un camino un tanto alejado de la medicina convencional. De hecho, hoy muchos se refieren a él como "un partero en pleno siglo XXI".

Un sábado en la tarde Espinosa está rodeado de mujeres embarazadas y otras tantas que acaban de dar a luz. Todas son sus pacientes y ninguna le dice doctor. Simplemente, Mauricio. Estas mujeres decidieron alejarse de clínicas y hospitales a la hora de dar a luz y optaron por tener sus hijos en parto natural, método que Espinosa promueve desde su consultorio. La idea es que, hasta donde la salud de la mujer y el bebé lo permitan, no exista ningún tipo de intervención de procesos ajenos que tanto imperan hoy en los servicios médicos. Espinosa lo resume en tres palabras: un método de parto natural, consciente y familiar. "El proceso del nacimiento se basta por sí mismo -explica-. Todo lo que se requiere para que evolucione está impreso en nuestros cromosomas y, salvo en casos de riesgos médicos, las intervenciones son más perjudiciales que benéficas".

En tiempos en los que las cesáreas imperan, reinan los partos inducidos y acelerados a punta de hormonas, esas palabras podrían suponer una excentricidad. ¿Tener hoy un hijo en la cama de la casa, en una silla, en una bañera? Pues sí. Unas tres mil mujeres colombianas han sido atendidas con el método natural que practica Espinosa y que no es, para nada, invención suya.

Él mismo habla, de hecho, de quienes lo inspiraron. Una de las primeras personas que conoció en la práctica de nacimientos naturales fue la doctora Mabel Vallejo, con su Casa del parto en Medellín, "el primer sitio de parto natural en el país", afirma Mauricio. Pero, sobre todo, su inspiración ha sido el trabajo del médico francés Michel Odent, ginecobstetra pionero y defensor de este método. Odent, que a los 80 años sigue trabajando en Londres, fue uno de los primeros en tomar posición sobre las intervenciones innecesarias que alteran el curso del parto y en defender un sitio íntimo como el espacio ideal para que la mujer dé a luz. Es más, para Odent, mientras más sola esté en ese momento, el resultado es mejor. "Ella y una partera ayudante", ha dicho. Espinosa también opina que "la inducción del parto, la cesárea porque sí, los forceps, la anestesia, impiden la evolucion del proceso. Una mamá con anestesia no puede realizar el trabajo de parto ni adoptar posiciones adecuadas, como estar arrodillada".

'Y parirás con dolor'

Espinosa cita la Sagrada Escritura y recuerda esta frase: "Y parirás a tus hijos con el dolor de tu vientre". "Esto ha llevado a cultivar la idea de que el parto es un evento doloroso, imposible de tolerar y que, por lo tanto, sería mejor evitar su vivencia -dice-. Modificar esta percepción implica un trabajo de conciencia, un cambio de paradigma". Para eso, la pareja debe convencerse de que tiene todo lo necesario para vivir la experiencia del nacimiento de su hijo. Prepararse para eso exige, entre otras cosas, llevar una vida sana, hacer ejercicio cotidiano, alimentarse bien. "Y quererse y respetarse, sobre todo en este momento de la gestación -agrega Espinosa-. Porque el nacimiento es un acto mágico, pero también intenso. Eso es innegable. Física y mentalmente, la pareja debe estar preparada para abrazar la llegada de su hijo". Y especialmente, asumirlo en pareja.

Esto último se está volviendo casi imposible para las mujeres en clínicas y hospitales, donde en muy raras excepciones las dejan estar acompañadas de su pareja. "En los hospitales no permiten que la mamá esté con su esposo, y eso de entrada la quiebra, porque ella necesita su apoyo. Pero cómo van a permitirles si no están diseñados para eso. Son salones donde por lo menos hay cinco mamás en trabajo de parto simultáneo". Tampoco se cuenta con la libertad de pararse, sentarse, acostarse, meterse en la ducha, si es que lo desea. "Cuando tú estás sola, no tienes apoyo amoroso de nadie, no te permiten ni bajarte de la cama, tienes una dextrosa con líquidos endovenosos en el brazo, solo por si acaso, y se ha acelerado tu trabajo de parto, el proceso no fluye -afirma Espinosa-. Por eso, cuando uno habla con la mayoría de las mamás, los relatos sobre el parto no son precisamente festivos".

Diana Navarro, de 33 años, es una de las mujeres que tomó la decisión de tener a su hijo con parto natural y define así la experiencia: "Es una manera de vivir con más conciencia el embarazo y una mejor alternativa para el bebé, por todo el amor que se vive". Diana es médica y afirma que por eso sabía que en la medicina convencional no iba a encontrar esa tranquilidad y esa intimidad, porque es muy invasiva. "Además aquí mi esposo podía ser parte del proceso, lo que es difícil en la otra medicina.  Es algo que requiere esfuerzo, es cierto, pero es mejor así. En un hospital derivas todas las responsabilidades a otros. Aquí es un reto para ti".

No solo en agua

Aunque se calculan unos 800 mil nacimientos en agua realizados en el mundo, el parto natural no implica necesariamente acudir a ese método. Es muy frecuente, también, el uso de la conocida "silla holandesa para parto", en la que la mujer se sienta y tiene la visión del bebé al nacer. O también puede ser sobre una cama, si la mujer lo prefiere. Aquí, es ella quien toma la decisión del lugar y de quién quiere que la acompañe, aunque la idea es que esté rodeada de pocas personas. La mujer tiene el control, diferente a un hospital donde el control lo tiene el equipo profesional. Laila Gómez, ingeniera, tomó el camino del parto natural por el índice tan alto de cesáreas innecesarias (que se calculan entre un 50 y 60 por ciento). "Con este método uno es una persona y el bebé también. Decidí tenerlo en la silla".

En este método tampoco importa cuánto se demore el trabajo de parto. El equipo -conformado por médico especialista, preparadora y enfermera- llega con los elementos necesarios para una atención de bajo riesgo. "Es muy raro que una complicación se presente. De todas maneras, siempre está el plan B, que es trasladarnos a una clínica de nivel superior", aclara el médico. Está claro que a este tipo de parto solo pueden optar las mujeres que no han tenido ninguna complicación ni enfermedades de base.

Desiré Ruiz es otra de las 'madres naturales'. Ya ha tenido dos hijos en su casa y sin intervenciones extras. "Considero que esa es la manera como tiene que ser -afirma-. Las mujeres nos merecemos respeto y nuestros hijos también. Mis dos hijos los he tenido en mi casa y en agua. Es un camino que no tiene por qué darle miedo a ninguna mujer. Estás en tu casa, relajada, acompañada".

Aquí el papá también asume un papel protagónico. Es, por ejemplo, quien corta el cordón umbilical, unos tres minutos después del nacimiento. Y durante la preparación ha aprendido a medir la barriga de su esposa, a tomarle la tensión, a pesarla, a hacer tactos y a oír el corazón del bebé. "El papá termina siendo el mejor partero", dicen varias de las mujeres que han vivido este método.

Para Catalina González y Edwin Prieto, que se alistan para tener dentro de dos meses su primer bebé, este es el mejor nacimiento. "Es así como deben llegar los bebés al mundo. Tenemos esa convicción. De esa manera no sufren ni física ni emocionalmente". Mauricio Espinosa acepta que estos papás, ahora, son "una selecta minoría. Pero en el futuro muchos más querrán vivir esta experiencia".

Producción: Paula Sanmiguel.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
26 de abril de 2010
Autor

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