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Mercenarios
Colombia, como todo pa铆s en guerra, importa y exporta mercenarios. De los guerreros cl谩sicos al estilo Yair Klein a la versi贸n moderna encarnada en los "contratistas independientes", estamos de mercenarios hasta los huesos.
Hoy, el tema est谩 en la luz p煤blica s贸lo porque la decisi贸n de la Corte Europea de Derechos Humanos provoc贸 indignaci贸n. Es verdad que la prohibici贸n de extraditar a Yair Klein, entrenador de paramilitares, va en detrimento del derecho a la verdad de las v铆ctimas. Pero no nos demos ahora golpes de pecho invocando la tan pedestre argumentaci贸n de los "dobles est谩ndares" para deslegitimar a las instituciones internacionales.
En 1989, el tribunal europeo determin贸 que "si existe un riesgo serio de que una persona deportada o extraditada pudiera ser sometida a tortura o tratamiento cruel inhumano o degradante, la deportaci贸n o extradici贸n misma podr铆a constituir tratamiento inhumano" (Soering vs. Reino Unido). A partir de este precedente, esta corte ha evaluado no s贸lo la situaci贸n general del pa铆s receptor sino tambi茅n el riesgo espec铆fico al cual ser铆a sometido cada persona. Con base en los informes de derechos humanos de la ONU y del Departamento de Estado y una afirmaci贸n del vicepresidente Santos ("este se帽or deber铆a pudrirse en la c谩rcel"), una mayor铆a de magistrados respald贸 la demanda de Klein.
M谩s sensata, la opini贸n minoritaria de disenso destac贸 que, si bien la situaci贸n de derechos humanos en Colombia "dista de ser perfecta", el peligro de tortura alegado por el demandante no estaba suficientemente acreditado. Resalt贸 que la tortura en el sistema penitenciario no estaba confirmada y que Colombia estaba dispuesta a someter el encarcelamiento de Klein al monitoreo internacional.
Todo esto para decir que, en efecto, la Corte Europea pec贸 por excesiva prudencia. Pero un solitario caso no debe llevarnos a conclusiones erradas. Colombia no es una v铆ctima del sistema internacional de derechos humanos, sino una beneficiaria de 茅l. El presidente Samper abri贸 las puertas al escrutinio desde afuera, una de las pocas cosas memorables de su cuatrienio. Desde esas fechas, la acci贸n internacional no ha hecho m谩s que empoderar a los actores nacionales para convertirlos en motor de progreso.
En vez de tanta molestia con el caso Klein, los funcionarios gubernamentales deber铆an mostrar algo de voluntad para controlar la presencia de mercenarios extranjeros en Colombia y el uso de mercenarios colombianos en el exterior. Para el Grupo de Trabajo de la ONU sobre los Mercenarios, los "contratistas independientes" utilizados por las compa帽铆as militares privadas constituyen la nueva cara de los mercenarios. Los expertos que lo conforman llevan a帽os pidiendo venir a Colombia. A fines del 2009, denunciaron la presencia de mercenarios colombianos, paramilitares desmovilizados al servicio de terratenientes golpistas, en Honduras.
Aqu铆, como lo mostr贸 Semana, hemos permitido que las compa帽铆as militares de Estados Unidos se lleven a colombianos con enga帽os a Irak o donde los necesiten y les violen todos sus derechos laborales. Es m谩s, les prestamos a estos actores privados la Escuela de Caballer铆a para su entrenamiento previo al despliegue. Como consuelo, nos dijo el Gobierno en el 2005, lo hicimos a cambio de que estas empresas no reclutaran a militares en servicio activo. De c贸mo estas transnacionales operan en Colombia poco sabemos.
En el 2008, a la pregunta del Grupo de Trabajo "驴cu谩les son las empresas militares y de seguridad extranjeras que operan en Colombia y qu茅 n煤mero de empleados tienen?", el Gobierno contest贸: "No se tiene informaci贸n". Y, a la solicitud "proporcione informaci贸n sobre las modalidades de contrataci贸n de estas empresas para trabajar en Irak", el Gobierno, con todo desparpajo, escribi贸: "No aplica".
- Publicaci贸n
- eltiempo.com
- Secci贸n
- Editorial - opini贸n
- Fecha de publicaci贸n
- 8 de abril de 2010
- Autor
- Laura Gil
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