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El niño predicador que profetiza lluvias de oro

Josué David predica y convoca a cientos de personas. También dicen que hace milagros. Algunos dudan, otros lo siguen ciegamente. ¿Puede un adolescente de 13 años convertirse en un fenómeno religioso?

"Le pondrás de nombre Josué David, porque nunca se apartará de mi tabernáculo", escuchó que le susurraron al oído. Era Dios, anunciándole el nombre que llevaría su sexto hijo. Eso lo asegura Luis Alberto Parra, un barranquillero gordo y bonachón que con una voz rasposa y enredada narra que nada es casualidad en la vida de su pequeño varón.

Josué David tiene 13 años, ha recorrido casi toda Colombia y varios países predicando el evangelio ante miles de personas que quedan congeladas cuando lo ven en el púlpito, con sus 1,50 metros de estatura, soltando profecías y repartiendo milagros. Es un niño predicador que con un privilegiado don de la palabra,  recita capítulos de la Biblia y se mueve en los altares con la destreza y el histrionismo de un curtido roquero, mientras revoluciona iglesias evangélicas y garantiza la salvación de almas para el reino de Cristo y la sanación de toda suerte de enfermos.

Luis Alberto Parra está convencido de que su hijo es un profeta, y su hijo también lo cree. Muchos de los que lo ven piensan lo mismo. "La vida de Josué David es algo sobrenatural, es como cuando María fue escogida para ser la madre del Salvador; a mi esposa le han dicho 'bienaventurado su vientre' y, a mí, 'bienaventurado usted que ha engendrado a ese niño'", cuenta el hombre, que sin proponérselo deja ver un tatuaje azulado y añejo en forma de escorpión sobre el lomo de su brazo izquierdo. Una figura forjada punto a punto, herencia de un pasado que no parece muy cómodo comentando. De un pasado tras las rejas.

-Los que llegamos al Señor tenemos testimonio de la vida que llevamos antes. Ese tatuaje me lo hice cuando no conocía al Señor, cuando llevaba una vida licenciosa- dice.

-¿Y cómo era esa vida?

-Era una vida sin el Señor, propensa al diablo. Una vida de drogas y delincuencia- recuerda y no da más detalles de esos cinco años que estuvo en la cárcel. Luego se apresura a aclarar que un día conoció a Dios y su vida fue restaurada.

Cuenta que hace 28 años él y su esposa Reina Isabel Pérez (con la que lleva casado 32 años), se hicieron pastores de una iglesia evangélica en Barranquilla, su tierra natal. Ya tenían tres hijos y vinieron cuatro más después de que conocieron a Dios. Luis Alberto dice que Josué David es la más grande de las bendiciones por dejar tan oscuro pasado y por consagrarse a la vida cristiana.

Las palabras de un niño

Josué David es flaco, de piel morena y tiene un marcado acento costeño. Él vive con su familia en el populoso barrio Soledad 2000, de Soledad (Atlántico), pegado a Barranquilla, pero hoy está de gira por la capital. Sus ojos son negros, negrísimos. Tiene estrabismo y su mirada es esquiva. No lo recuerda muy bien, pero su inicio como pastor evangelista fue en casa. Tenía tres años. Acomodaba los zapatos y las muñecas de sus hermanas y decía, aún sin hablar con claridad, que esa era su iglesia. "¡Cristo te ama, arrepiéntete, el Señor ya viene, el Señor murió por ti y quiere darte vida eterna!", trepado en una cama, le repetía el niño a su inanimado público.

"Eso es de Dios", interviene el pastor Antonio Duncan, a quien presentan como el 'coordinador nacional -e internacional- del ministerio pastoral del niño predicador Josué David Parra', dejando en claro que la misión del pequeño evangelista tiene pretensiones globales. Duncan está atento, sigiloso a cada pregunta y respuesta. Habla en voz baja y mira por encima de sus lentes color café.

Hoy Josué David aborda asuntos más complejos: "El tema de la evolución es tremendo. El hombre fue el que la inventó, para desconocer la Creación de Dios. Yo no vengo del mono, yo vengo de Cristo y tengo su ADN", dice el chico. Esto lo comparte con el famoso niño predicador peruano Nezareth Casti Rey (hoy de 17 años), tal vez el pionero de los niños predicadores, quien se convirtió en todo un fenómeno en YouTube (con cientos de miles de reproducciones de su video) y a quien conoció hace tres años en Barranquilla. Josué dice que lo admira profundamente.

Pero los temas polémicos tienen una amplia gama y también se va lanza en ristre contra los homosexuales. Afirma que tienen un demonio por dentro, que con oración se podría expulsar. "La palabra nos habla de que Dios creó al hombre y a la mujer. Ni los homosexuales ni los afeminados entrarán al reino de los cielos". Cree, además, que el reciente terremoto de Haití es muestra de que pronto vendrá un juicio divino contra la humanidad.

-¿El fin del mundo, acaso?

-En sí, el mundo no se va a acabar, porque Dios lo volverá a crear. Dios limpiará la Tierra del pecado. A Haití le pasó el terremoto porque es un país que siempre le ha dicho no a Dios, un país que siempre anda en el vudú y la hechicería.

Su debut fue en el resguardo indígena en Guaimaro (Sucre), a los cuatro años y su fama empezó a correr por la costa atlántica y luego por todo el país. Ha visitado unos 20 departamentos y, en el 2008, traspasó las fronteras nacionales. Ha ido dos veces a Venezuela, también predicó en Ecuador y en Curazao. Ahora está en conversaciones con iglesias de Chile, Argentina, República Dominicana, Costa Rica, Perú y China, a donde podría ir este año.

-La gente me dice que yo no predico como un niño normal, la palabra que me da Dios es una palabra profética, madura, que estremece- explica sobre el don que, según él, lo convirtió en predicador y, aún más, en profeta.

-¿Y cómo es eso de ser profeta?

-Yo soy un profeta, eso se siente. Estoy predicando y siento que en el público hay alguien con cáncer o una mujer que no puede tener hijos. Las llamo y las invito a recibir la sanación y se sanan.

-¿Acaso puedes sanar a la gente, hacer milagros?

-Yo directamente, no. Dios me utiliza como instrumento. A una señora con cáncer en un brazo se le quitó una masa enorme, hay paralíticos que se han parado de sus sillas de ruedas y gente que se ha curado de sida.

-¿Y por qué entonces no te has sanado de tu problema en los ojos?

-No olvides que el apóstol Pablo tenía un problema tremendo en la vista -contesta. Sin embargo, está seguro de que Dios le decretará la sanidad al estrabismo de sus ojos. 

Le pregunto a su padre si puede darme los datos de algunas de las personas que, según me dicen, han sido sanadas con el favor de Josué David. No tienen contacto alguno.

Al día siguiente el niño se presentará en una iglesia del sur de Bogotá. "Mañana va a llover oro", dice. Tres días atrás, asegura que también llovió oro en el templo bogotano donde se presentó ante tres mil personas. "La gente cogió el oro entre sus manos, era oro de verdad, en polvo", testifica el padre.

Son las 7 de la noche y poco a poco la Iglesia de Dios pentecostal se empieza a llenar de personas ansiosas -como yo- por ver al niño predicador. Está vestido con un traje blanco hueso que le trajeron de la India, que se asemeja al atuendo de un cantante de música llanera. En el cuello redondo de la chaqueta lleva incrustaciones de fantasía y Josué David lamenta que varias pepitas se cayeron cuando la mandaron a la lavandería.

La predicación: un tapete de gente convulsionando

"Saluda a la persona que tienes a tu lado y dile: 'te ves hermoso en la casa de Dios'", son sus primeras palabras, que pronuncia con una voz suave. Y luego, de un grito y con una voz aguda pregunta: "¡¿Cuántos de los que están aquí viven en el reino de Dios?!". Josué prosigue y dice que hoy habrá milagros, que se abrirán los cielos y que algo especial les pasará a quienes se acerquen. Los presentes oran con los ojos cerrados y las manos abiertas.

"Oro está cayendo del cielo", sentencia Josué David e impone su mano sobre las frentes de los que están en primera fila. Yo no veo el oro. Pero todo aquel al que toca empieza a temblar, se desploma y lo que sigue de ahí es un ejército de fieles desmoronado ante la presencia del niño. Su padre y su coordinador nacional -e internacional-  lo ayudan -me explicarían más adelante-, a transmitirle el Espíritu Santo a los presentes a través de una palmada en la frente.

El equipo de logística de la iglesia, muchachos con chalecos amarillos estampados con una espada cruzando el fuego, se encargan de evitar que los fieles se vayan de bruces. Detienen la caída y los descargan en el suelo, que se convierte en un tapete de gente convulsionando, llorando, gritando.

El pequeño predicador se mueve rápidamente por el altar y cada frase que suelta la acompaña con un brinco, agita las manos, como disparando con su índice. Invita a un hombre que, según él, tiene problemas económicos graves. Un sujeto delgado y de bigote se acerca, Josué David le toca la cabeza y él empieza a llorar y a temblar y luego se derrumba mientras le augura que la falta de plata ya no será un problema.

"¡Hoy están pasando cosas sobrenaturales! -grita-. Cristo caminó sobre las aguas y nosotros vamos a caminar también en lo sobrenatural", vuelve a disparar, pero ahora con una voz baja, agotada. La ceremonia empieza a extinguirse como la voz de Josué David, y él pregunta: "¿Saben por qué Dios le daba oro al pueblo?... Porque el pueblo le daba oro primero". Y sigue: "Si quieres ser enriquecido, trae riquezas delante de tu rey, el rey de reyes". Invita a hacer ofrendas que marquen la diferencia, dice, que no sean una limosna como en la Iglesia católica, porque según él Dios no es un Dios limosnero.

"Quiero que traigas el mejor billete que le quieras dar a Dios", sigue invitando Josué David y la gente empieza a arrojar billetes, sin dejar ver de qué denominación son, en una caja de cartón de 80 centímetros de alto. El niño les pide a los muchachos de chalecos amarillos que cuenten el dinero y se lo entreguen al pastor Antonio Duncan.

De retribuciones mundanas y divinas

-Cuando vamos a predicar nunca vamos con la intención de pedir nada a cambio- asegura su padre, pero aclara que sí piden subsidiar los viáticos. -Si el pastor recibe 50 mil pesos, nosotros lo tomamos con gozo- añade. -Pero hay otros que sí bendicen y son generosos- dice el niño.

-A veces dan 300 mil pesos o 400 mil- dice el pastor Duncan.

-Un millón, dos millones- interrumpe el niño.

-Nosotros no comercializamos con él. El obrero es digno de un salario y él es un obrero de Dios- aclara Duncan con voz tosca.

-El dinero es para su estudio, para asegurarle el futuro a él, para sus gastos- interviene una vez más el padre.

Josué David tuvo que salirse del colegio. El año pasado, cuando cursaba el séptimo grado, casi pierde por fallas. Ahora cursa octavo en un colegio virtual. Hay algo en lo que su madre le insiste: en que siga siendo niño. Le teme a ataques de grupos satánicos y a las críticas despiadadas de los escépticos. Ya hay videos suyos colgados en YouTube, con comentarios de muy grueso calibre. La mujer dice que su hijo no es perfecto, que no vive en un cofre de cristal. "Es un niño normal, que de pronto tiene un don diferente, no es un extraterrestre", explica.

El psiquiatra infantil Cristian Muñoz no lo conoce. Sin embargo cree que es totalmente respetable que muestre dichas habilidades, porque ha crecido dentro de un contexto religioso. "Lo cuestionable tiene que ver con el discurso, que lo vendan y le hagan creer que es un profeta, que tiene capacidades sobrenaturales, que le entreguen tantas responsabilidades", argumenta el especialista cuando le cuento que Josué David dice que intercede en milagros. "No hay que olvidar que es apenas un niño", concluye Muñoz.

El pequeño predicador asegura que es un niño como los demás, que no se la pasa encerrado leyendo la Biblia. El fútbol es una de sus pasiones -juega de arquero-, al igual que los videojuegos y el Internet. También afirma que tiene muchos amigos y una novia.

Sueña con ser pastor a los 15 años y tener una iglesia y un ministerio tan grandes que harán temblar las naciones. Así también aspira a recorrer el mundo ganando nuevos devotos. Pero dentro de sus propósitos cuenta que también quiere enlistarse en la Armada Nacional y ser profesional.

Cuenta que hay cosas que lo deprimen: ver a la gente sufrir en la calle, ver a alguien a quien le predicó y que no se convirtió. También se deprime cuando el Junior de Barranquilla, su equipo del alma, pierde algún partido. Lo dice y suelta una desparpajada risa infantil, dejando claro que, aunque habla y se comporta como un adulto, sigue siendo un niño de 13 años.

Su familia vive bien, pero sin lujos. "Lo único que me falta es un carro en mi casa. Yo le estoy clamando a Dios, le estoy orando a Dios y sé que me va a soltar una Grand Vitara, para poder llegar a todo lado", dice.

El pequeño se despide y me entrega su tarjeta personal: "Josué David Parra, niño evangelista-profeta". El cartón lleva un mensaje que invita a hacer siembras o donaciones para que su ministerio llegue hasta el último rincón de la tierra.

A la salida de la iglesia venden CD en los que Josué David aparece anunciando el evangelio, cada uno a 10 mil pesos. Los nuevos devotos del niño predicador hacen fila para comprarlos, entre estos el hombre al que le profetizó que ya no tendría más problemas económicos.

Por José Alberto Mojica Patiño

Producción: Paula Sanmiguel. Fotos: David Osorio.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
23 de marzo de 2010
Autor

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