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¿Por qué somos tan pésimos conductores?

A diferencia de otras ciudades del país, en Bogotá impera la 'chambonada' al conducir. Aquí no manda el respeto a las normas, sino la ley de la fuerza. Gana el más agresivo al volante.

Por esa razón dicen que si usted maneja en Bogotá, lo puede hacer perfectamente en cualquier lugar. Se trata de una frase punzante, que ilustra lo mal que andamos en este tema.

En la capital del país solemos repetir una y otra vez que la falta de vías, el exceso de los buses (sobran más de 8 mil), los semáforos locos (se apagan y se prenden cuando quieren en algunas vías), las obras por todas partes (muy necesarias, por cierto) y la ausencia de policías de tránsito fomentan los trancones.

Todo eso es muy cierto, sumado además a una falta de gerencia pública y especializada para remediar los problemas puntuales de la movilidad cotidiana.

Pero siento que se nos está olvidando que muchos de esos líos son provocados por nosotros mismos, los conductores, cuando nos comportamos sinceramente como unos 'buñuelos' al volante, con el perdón por los que aprenden hoy en las academias.

Basta salir a la calle para ver ciertas imprudencias en carros y motos, que evidencian una absoluta ignorancia al conducir y una falta de cultura ciudadana que, además de trancones que impactan en el tiempo de las personas, derivan en muertos y heridos.

Lo pude comprobar personalmente en una mañana del puente festivo en la vía a Fusagasugá, epicentro, de hecho, de un impresionante accidente que dejó 15 muertos, y donde las hipótesis apuntan, por ahora, a una falla mecánica del bus de turismo.

El domingo, hacia las 8:00 a.m., saliendo de Bogotá pesqué a decenas de conductores que se parquean, frescos, sobre las vías de alto tráfico, mientras hacen una 'vuelta' (comprar algo en un local, en el caso que nos ocupa).

Pero entre semana es muy común verlos sobre las carreras 11 ó 15, por ejemplo, mientras corren a retirar dinero de un cajero o a sacar una fotocopia. La excusa de los cinco minutos no es válida, porque un carro mal parqueado en una vía de esas características nos impacta a todos. Me pregunto, siempre, ¿dónde estarán las grúas en esos momentos?

En el puente festivo también noté a varios, sin distinguir entre hombres y mujeres, que circulan de manera lenta, pese a que van por el carril de alta velocidad. ¿Al fin qué? Y se les ve ahí, muy relajados, hablando por celular o cambiando la música, mientras el trancón, lenta y obviamente, empieza a armarse...

Igualmente me encontré de frente con algunos conductores que se cambian de un lado a otro en los carriles sin advertir con la direccional, como corresponde. Ya en carretera, muchos adelantan en actitud suicida y no faltará el que lleve sus tragos de más.

Adicional a ello, aparecen los que no guardan la mínima distancia o aquellos que, por el contrario, no aceleran y dejan un espacio gigante entre carro y carro, y ahí cabe perfectamente una tractomula.

Historia aparte merecen los conductores de buses y de taxis, que se atraviesan como quieren en las calles de Bogotá, de forma impune y violenta, o los motociclistas, con sus peligrosos 'zigzag' sobre la carrera 30.
Algunos de ellos (no podemos entrar en generalizaciones insulsas) se consideran los dueños de la vía.

Por esa razón, cuando una persona procedente de otra ciudad del país o del extranjero maneja en Bogotá termina aterrado de lo difícil que es (no profundicemos en las nomenclaturas, que será capítulo de otra historia).

Y, esencialmente, se sorprenden de la actitud agresiva de una buena parte de los conductores, incluyendo los de vehículos particulares. En la ciudad de la intolerancia, un justo reclamo ciudadano puede derivar en una auténtica riña.

Con todo esto, no sé si tengan razón los expertos de la Universidad de Irvine (California), que descubrieron recientemente que los problemas para conducir radican en un gen que altera la coordinación entre el cerebro y el cuerpo.

Por ahora, lo que sí tengo claro es la necesidad de erradicar estos comportamientos en las calles y pedirles a los agentes de tránsito más acción para castigar a estos 'chambones'.

Así como hay comparendos por toda clase de motivos, debería existir uno que castigue la ausencia de cultura ciudadana o, lo que es peor, el nulo conocimiento para conducir. La importancia del tema lo amerita.

Esto tendría que llevar a las academias de conducción a mejorar sus cursos, hacerlos más completos y con una mayor duración y el Gobierno debería ser más exigente a la hora de expedir las respectivas licencias.

Según un estudio publicado en el 2008 por el Centro de Experimentación y Seguridad (Cesvi),  es importante ponerse en la situación de los demás conductores y usuarios de
la vía para convertirse en un conductor previsivo.

Nadie pretende que en Bogotá todos soñemos con llegar a la Fórmula 1. Ni más faltaba. Lo que se pide es un poco de respeto e inteligencia al tomar el volante.

YESID LANCHEROS
Columnista de ADN
yeslan@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
23 de marzo de 2010
Autor

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