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... y un peligroso retroceso

Desde hace varios lustros, en Colombia hemos tenido la impresión de contar con un confiable y eficiente sistema de conteo de votos, casi único en América Latina. Aunque amenazas de toda índole se cernían sobre los comicios, la buena organización de la Registraduría se daba por descontada. Sin embargo, esa certidumbre ha quedado hecha trizas por el negativo balance del domingo pasado.

Todo lo que podía fallar, falló. La divulgación de los resultados electorales fue lenta y caótica. Las herramientas de información en Internet fallaron constantemente, lo que dificultó el trabajo de los periodistas y desesperó a los colombianos, interesados en seguir de cerca los datos. Los votos nulos y no marcados se acercan a los 1,9 millones -más del 14 por ciento del total contabilizado-, en una indicación inocultable de serios problemas con la pedagogía y con el diseño del tarjetón. Que uno de cada siete votantes termine perdiendo su sufragio es un atentado directo al corazón de la democracia y a la confianza en la participación ciudadana.

Además, el traslado de muchos puestos de votación no se divulgó lo suficiente y generó molestias y desorientación dentro de los electores. Será imposible calcular cuántos se desanimaron al no encontrar los lugares a donde antes habían ido. Pero lo más grave ha sido la lentitud en el conteo de las consultas internas, especialmente la conservadora.

Las demoras en los resultados definitivos, en medio del voto finish entre los candidatos Andrés Felipe Arias y Noemí Sanín, han golpeado duramente la credibilidad de la Registraduría como garante del proceso azul. Que el nombre del aspirante conservador no se sepa hasta finales de la semana ya ha generado tensiones políticas en la segunda fuerza política del país y acusaciones mutuas de fraude e irregularidades. La confusión reinante ha levantado una larga sombra de duda sobre la selección de uno de los participantes en los comicios de mayo, con consecuencias impredecibles. No hay que olvidar que parte de la violencia en el país se ha derivado de elecciones cuestionadas y que eso no puede repetirse.

Y hablando de la primera vuelta, la Organización Electoral tiene el reto de detectar los errores de la jornada del domingo y corregirlos de inmediato. En una campaña tan abierta y competida como la actual, la democracia colombiana requiere legitimidad, claridad y celeridad en la identidad de los dos eventuales finalistas para una segunda vuelta. Lo primero que debe hacer el Registrador es dejar de desviar la responsabilidad respecto a este retroceso y asumirla en su totalidad.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
15 de marzo de 2010
Autor

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