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Bogotá vibró con el voltaje de Metallica

La banda de 'thrash metal' se entregó por completo en el escenario e hizo vivir, a los cerca de 35.000 espectadores, una experiencia superior, que contrasta con los recuerdos de su visita que hizo a Colombia en 1999.

Con las notas de la fanfarria Ecstasy of gold, de Ennio Morricone, Metallica anunció al público que comenzaba una noche de alto voltaje.

Robert Trujillo, James Hetfield, Lars Ulrich y Kirk Hammett salieron a las 8 de la noche a la tarima y subieron el volumen, tocaron sus principales éxitos en nuevas versiones, que incluso llegaron a sonar mejor que como se escucha en su disco grabado en los años 80.

Metallica les dio gusto a los fanáticos fieles que la han seguido durante toda su carrera, al brindar una selección de canciones, principalmente, de sus primeros álbumes, que son los más exitosos en su compromiso con el 'thrash metal', ...And Justice for
All, Master of Puppets, Ride The Lightning y Kill Em All.

Sin embargo, fue también un recorrido por su reciente álbum, Death Magnetic -el que inspiró esta gira mundial-, a través de canciones como el sencillo The Day That Never Comes.

Aunque la banda nunca toca el mismo listado de temas en cada país que visita, suele repetir esos grandes éxitos obligatorios, y así ocurrió anoche con Fade to Black, Master of Puppets, Nothing Else Matters, Enter Sandman, For Whom The Bell Tolls y, por supuesto, One.

En esta, que comenzó con el sonido estruendoso de las municiones de una ametralladora, el público coreó junto a Hetfield cada frase de ese lamento de 1988, que puso al grupo californiano en la memoria musical de fanáticos fuera del metal.

Para quienes se mostraban escépticos sobre si el cuarteto de Los Ángeles -que el próximo año cumplirá 30 años- conserva hoy la misma energía del pasado, su presentación demostró ese dicho popular de que no hay edad para el rock and roll.

Gran parte de esa energía depende del bajista Robert Trujillo -de padres mexicanos-, quien apenas lleva siete años en la banda, es el más joven de todos y claramente desarrolla una empatía especial con los públicos latinos. Su fuerza y la manera que salta en el escenario hacen ver a la banda como en su mejor momento de juventud.

Pero, Hetfield, Lars Ulrich (baterista) y Kirk Hammett (guitarrista principal) no se quedaron atrás. Durante todo el concierto, y pese a no ser reconocido entre los mejores bateristas de la historia, Ulrich mantuvo el ritmo de un cronómetro, mientras se bañaba en sudor.
Hammett, menos notorio, compartió varios solos de guitarra que, lejos de alterar al público, lo conmovían. Por su parte, Hetfield invitó al disfrute cuando con fuerza gritó "Bogota, quieres heavy?, Metallica te lo da".

Un festival muy duro

Las bandas de apertura habían hecho su trabajo antes.
La agrupación estadounidense Mastodon salió a las 6:15 p.m., con problemas de sonido, pero rápidamente se ganó al público. La guitarra de Bret Hint, cuyos solos encantaron, se entrelazó con una cantidad de efectos electrónicos que produjeron texturas propias del metal de este siglo.

Con el poder de su álbum Crack The Skye, su sonido estilo metal progresivo, exigente en calidad por la virtuosidad de su instrumentación, condujo al público a un estado especial. Era la cuota más contemporánea de la noche, un retrato del estado actual del metal.

Mientras tanto, las cosas no fueron fáciles para Deep Trip. La banda telonera nacional, aunque no lo hizo nada mal, tuvo que soportar rechiflas de espectadores exigentes.

Sin embargo, sin duda, el cuadro completo del concierto de anoche en el parque Simón Bolívar sembrará una nueva memoria entre los seguidores de la banda, tras 11 años de su primera presentación, en ese mismo recinto, en 1999.

Al cierre de esta edición, el concierto continuaba con toda la potencia de esta banda legendaria. La próxima presentación será en Caracas, el viernes 12, si es que se resuelve un conflicto con el escenario y la programación de partidos de softball.

Alegría y llanto se conjugaron

Se calcula que 35.000 personas asistieron al parque Simón Bolívar, la mayoría con camisetas y chaquetas negras, cultura que Metallica impuso en la generación thrash metal. Sus seguidores movían la cabeza con el ritmo de las notas duras y eléctricas, y cuando el cuarteto interpretó 'Cyanide', las pantallas gigantes mostraron a los fanáticos llorando. Todo este panorama estuvo en contraste con la hostilidad que las autoridades esperaban, pues los 'parches' de amigos se abrazaban, mientras entre el público era común ver a los auxiliares bachilleres de la Policía que, contagiados por la música, grababan videos con sus celulares.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
10 de marzo de 2010
Autor

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