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¿A la tercera va la vencida?

El viejo lema parece ser lo que impulsó a Noemí Sanín a renunciar a las mieles de la diplomacia para aspirar nuevamente a la Presidencia.

La decisión de Noemí Sanín de lanzarse de nuevo ha suscitado controversia entre seguidores y críticos. Estos últimos lanzan dardos envenenados a tutiplén: que es desleal con Uribe, de cuya primera reelección fue impulsadora a pesar de haberlo acusado, durante la campaña de 2002, de ser responsable del paramilitarismo a través de las Convivir; de lanzarse sin esperar el resultado del referendo; de haberse declarado 'independiente' siendo conservadora; de oportunista al lanzarse ahora por ese Partido; de haber vivido demasiado tiempo por fuera en vez de estar en la refriega política, como sí lo han hecho sus contrincantes; de 'voltiarepismo' por haber trabajado con diferentes gobiernos; también le suponen, por ser mujer, debilidad frente a las fauces del narcotráfico, la guerrilla, la corrupción, el resurgimiento paramilitar y las difíciles relaciones con Chávez y el fantasma de una posible guerra; le endilgan una débil preparación en economía. Le critican hasta su belleza y ese innegable poder de seducción que le hizo decir a Carlos Andrés Pérez que ella era el 'arma secreta' del presidente Gaviria en Venezuela, cuando la envió de embajadora a Caracas. Por el contrario, sus seguidores acérrimos la consideran inteligente y capacitada, recuerdan sus éxitos en el Ministerio de Comunicaciones, en la Cancillería y en sus diversas misiones diplomáticas, resaltan que en 2002 obtuvo dos millones ochocientos mil votos y casi pasa a segunda vuelta; celebran su auge en las encuestas y la consideran capaz de disputarles y ganarles la Presidencia a Juan Manuel Santos y a Sergio Fajardo, ya con Álvaro Uribe fuera del partidor; creen que es la mejor carta del conservatismo para recuperar el poder. Ella se defiende con destreza y dice que no sólo ha sido una funcionaria inmaculada, fogueada en campos clave del país, sino que es mujer de resultados. Dirimida la contienda con Uribito, Noemí Sanín tendrá que emplearse a fondo, convencer a los electores y esperar que los hados le sean propicios. No quisiera estar en sus zapatos, especialmente si sale electa.           
                        
¿Por qué cree que puede ser Presidenta?
-Tengo una vida transparente y muchos años de servicio al país en diferentes campos. Entiendo de economía, de productividad, de empleo, de trabajo, de relaciones con el mundo, y el país sabe que soy una mujer de resultados. Voy a recuperar la economía y el empleo y seguiré mejorando la seguridad en pos de uno de los valores esenciales para el ser humano, que es el de ser libre. La Seguridad Democrática no puede dar un paso atrás, pero sí debe dar muchos pasos adelante en el desvertebramiento de la guerrilla y de los grupos al margen de la ley. La justicia debe demostrar que el que la hace la paga, porque la impunidad es la responsable de las escaladas de violencia y de inseguridad.

Fallas de la justicia han permitido que 47 militares investigados por las ejecuciones extrajudiciales (los llamados 'falsos positivos') estén libres por vencimiento de términos.
-Eso nos llena de vergüenza no sólo internamente, sino frente a la comunidad internacional, con consecuencias imprevisibles. Me repugna que eso haya podido suceder y creo que el Ministerio de Defensa debe ahondar en una investigación disciplinaria y administrativa. No puede ser que a estas alturas no podamos saber quiénes son culpables o inocentes. Todo colombiano, militar o civil, tiene derecho al debido proceso para fijar responsabilidades y limpiar su nombre o ser castigado. Lo que ha pasado desnuda las falencias de nuestra justicia, que es lo más sagrado en un Estado Social de Derecho. Mientras haya impunidad y los colombianos no tengan confianza en la ley, percibirán un estado ineficaz y débil.

Usted habla de 'canales de participación'. ¿Cuáles?
-Una de las diferencias entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo es que en el primero hay canales de participación ciudadana. En Colombia no. Le cito ejemplos: los profesores, los padres de familia o los estudiantes no pueden aportar sugerencias o quejarse por el manejo de la educación, o por los abusos en los servicios públicos. Otro caso muy delicado lo tenemos con la gran controversia sobre la reforma de la seguridad social; ¿qué canales tuvieron los usuarios para debatir sobre la tutela, el POS, las enfermedades de alto costo, los medicamentos a que tienen derecho?; ¿o los médicos sobre aquellas normas que restringen su libertad de diagnosticar y formular? Ese tema es muy sensible porque gravita nada menos que sobre la vida y la muerte de los colombianos. Creo que esa reforma será declarada inconstitucional por la Corte y que el Presidente tendrá que llamar a sesiones extras al Congreso. Si no alcanzara a salir una nueva  reforma que confirme los aciertos y enmiende los desaciertos, será una de las prioridades de mi gobierno.

No sólo eso, sino que las protestas se descalifican y la crítica se sataniza.
-La violencia crea situaciones de polarización en las que la crítica, la protesta, la denuncia, la queja, se radicalizan creando una especie de diálogo de sordos que permite que los problemas se agraven y que su solución se vea cada vez más difícil y lejana. Desde luego que las reformas son indispensables para subsanar desviaciones, desigualdades, errores e injusticias que, a veces por la misma dinámica y la mutación de  circunstancias, van apareciendo en el desarrollo de las leyes y los programas.

Las 'Bacrim' -bandas criminales integradas por numerosos reductos de las Auc que no se desmovilizaron- están haciendo estragos. ¿Fracasó el pacto con los 'paras'?
-No creo que haya fracasado, pero la realidad es que tenemos paz en buena parte del territorio colombiano, conflicto en varias regiones y posconflicto en otras, que requieren tratamientos diferentes y urgentes. El terrorismo se acostumbró a vivir de la muerte, del narcotráfico, de la extorsión, del despojo de tierras. Hay que enfrentarlo con valor y con toda la fuerza del Estado porque no podemos permitir que recupere su poder criminal y de desestabilización. Eso significaría un retroceso muy grave.
 
Aterra esa situación, cuando el mismo fiscal (e) Guillermo Mendoza reveló que la Fiscalía está desbordada, y que el sistema acusatorio hace agua.
-Como siempre, cambiamos el sistema pero no hicimos la pedagogía y en pleno siglo XXI no se han modernizado como corresponde las oficinas de fiscales y jueces, ni les hemos dado las herramientas jurídicas y humanas para atender sus necesidades crecientes. No hemos sido eficientes frente al desbordamiento de expedientes que sobrecargan a jueces, juzgados y fiscales. Nosotros les pediremos a todas las facultades de derecho que nos ayuden para ponernos al día y, tal como se hizo con las Fuerzas Armadas -guardadas proporciones-, dispondremos de un presupuesto que consulte estas necesidades, porque seguridad y justicia son los dos grandes pilares para sostener la democracia y el desarrollo.

Otro tema pendiente son las extradiciones de los 17 jefes paramilitares que terminarán condenados por narcotraficantes y no por sus crímenes, porque no fuimos capaces de someterlos a nuestra justicia a pesar de tenerlos en las cárceles.
-Los acuerdos de cooperación con Estados Unidos nos deben permitir  juzgarlos por sus crímenes aquí. Yo conseguiré que sus testimonios sirvan a la justicia de los dos países, que la reparación a las víctimas sea prioritaria y que los recursos que se les incauten sean devueltos inmediatamente a Colombia para que refuercen la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Creo que estoy legitimada para afrontar el tema en una forma digna, firme e inteligente con los Estados Unidos. Por otra parte, creo que esas extradiciones fueron convenientes porque prefiero verlos en Estados Unidos que delinquiendo.
 
Usted sabe tan bien como yo que esa 'colaboración' no pasó de ser un saludo a la bandera y que sólo tres de ellos continúan en el proceso de Justicia y Reparación.

-Desde luego que quiero una justicia que garantice juicios, condenas, reparación y verdad, pero mientras tanto tenemos que lograr que no sigan delinquiendo. Muchos de esos jefes manejaban presupuestos mayores que el del Ministerio de Defensa y la acción del Estado debe encaminarse a buscar los mecanismos legales para quitarles en forma mucho más expedita sus grandes fortunas porque es lo que más les duele y porque con esos capitales compran conciencias, corrompen y envilecen lo que tocan.

Estupefacientes parece ser otro nido de corrupción e ineficiencia. Los bienes incautados se deterioran de tal forma que ya no le sirven a nadie, y lo que es peor, son devueltos a los expoliadores.
-Nosotros presentaremos el 20 de julio una propuesta de fiducia para que el Estado pueda responder en el caso de que pierda los pleitos y, primordialmente, para entregarles inmediatamente los millones de hectáreas y los bienes incautados a las víctimas y a los desplazados, a los campesinos.

El Centro de Resolución de Conflictos Internacionales de la Universidad de Columbia, gran conocedor del conflicto colombiano, sostiene que el problema más apremiante es el de la tierra, porque la violencia y las atrocidades de guerrilla y paras propiciaron una reforma agraria al revés.
-En Colombia hay dos problemas transversales que son el narcotráfico y la tenencia de la tierra. Al primero lo hemos venido enfrentando, pero el segundo lo hemos aplazado y hoy ya no da espera. Los terroristas tienen redes de testaferros en todo el país para burlar la ley y a nosotros no nos temblará la mano para devolverles la tierra a sus dueños, agilizando  y afinando los mecanismos de extinción de dominio y poniendo al frente de esta cruzada a personas insospechables y dotadas de todas las herramientas.

Connotados analistas opinan que el próximo gobierno tendrá que enfrentar una economía muy golpeada, un tremendo déficit fiscal, la caída de las exportaciones, el tema de los TLC con Estados Unidos y Europa, etc. Usted dice entender de economía, pero no es economista.
-Yo me gradué en derecho y socio-economía, estudié sobre la materia en Harvard y trabajé muchos años en el sector, de manera que  no me embiste un balance. Mi propósito es estimular todos los sectores que generen trabajo y empleo. No soy tan pesimista, a pesar de que la crisis mundial es grave y se recupera con más lentitud de la prevista. Esto sucede porque no se han aplicado correctivos a las causas de la crisis, que surgió por la incapacidad de los estados para prevenir el abuso y la especulación y por la irresponsabilidad de los banqueros que llevó al empobrecimiento de las economías. En Colombia hay que seguir estimulando la inversión extranjera que ha llegado en forma muy significativa al país.

Tenemos grandes posibilidades en el petróleo y en el sector minero para el que hay que estructurar una legislación que permita una explotación moderna, que preserve la sustentabilidad de su desarrollo y la protección del medio ambiente. Tendremos que abocar una reforma tributaria estructural y estimular los demás sectores de la economía porque los descritos atrás no generan la cantidad de empleos que necesitamos.

Otro de los grandes cuellos de botella es la infraestructura que, al decir de la Cámara de la Infraestructura, tiene 30 años de retraso.
-Nosotros cambiaremos la absurda mentalidad con la que hemos venido manejando el tema, la forma de contratación y la 'cartelización' de los contratistas. Un ejemplo es la Ruta del Sol, donde se presentaron problemas graves y en lugar de decidir el pleito con los contratistas en una instancia separada, se dejó que pasaran doce años para dirimir ese litigio y reabrir la licitación, con la circunstancia de que a ella solamente pueden acceder grandes compañías del mundo. En el tema de las fiducias hay una trampa grande, en el sentido de que se requieren inmensos capitales que prácticamente no tienen sino las grandes empresas globales; además, les sirve a muchos contratos y no sólo al que están garantizando.

¿Cómo enfrentará el rompimiento con Venezuela, que preocupa a los colombianos por la posibilidad de guerra? La diplomacia no es propiamente el fuerte de Chávez.
-Yo estoy en las antípodas del presidente Chávez en el manejo económico y de los medios, en su proyecto político. Pero Venezuela es una realidad que tenemos que manejar porque los colombianos no podemos elegir su presidente. Debemos, sí, actuar con firmeza, tranquilidad y prudencia y fortalecer  los mecanismos diplomáticos y políticos. Utilizar las instancias internacionales para superar los momentos de crisis. Debemos recomponer esas relaciones bajo la garantía de una cooperación conjunta en el marco del derecho internacional para perseguir el narcotráfico, la criminalidad y el terrorismo, preservando los mecanismos de arbitramento para litigios entre países. Una realidad incontrastable es que con Venezuela tenemos una situación de interdependencia en la que nos necesitamos mutuamente y en la que existen unos lazos que, fuera de la retórica, nos han unido históricamente y así deberá seguir siendo. Yo me siento capaz de liderar una política internacional para conseguirlo, dentro de la dignidad y el respeto que nuestros pueblos merecen.

Si nada de eso funcionara, ¿qué haría frente a una situación de guerra con Venezuela?
-Actuaría como Presidenta de los colombianos, que tiene el mandato constitucional de defender con la vida y hasta donde fuera necesario la integridad y los intereses de la Patria -en esa y en cualquier otra situación que infortunadamente pudiera presentarse-. Pero considero esa posibilidad improbable y, en todo caso, mi obligación sería evitar que nuestros países llegaran a una situación a todas luces indeseable.

Por Margarita Vidal

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
25 de febrero de 2010
Autor

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