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Una campaña relámpago
En 1990, a estas alturas era claro que César Gaviria ganaría la consulta liberal y las elecciones presidenciales. En el 94, a fines de febrero, sólo dos candidatos tenían opción: Ernesto Samper y Andrés Pastrana. En el 98, para este momento la cosa ya estaba entre Pastrana y Horacio Serpa. Y en el 2002 y el 2006, aun antes de febrero era evidente que Álvaro Uribe ganaría por amplio margen.
En esta ocasión, a menos de doce semanas de la primera vuelta, hay al menos seis aspirantes con posibilidades reales de pasar a la segunda vuelta y, una vez allí, ganarla. Uno de ellos, el presidente Álvaro Uribe, está casi descartado, y no por falta de respaldo popular. Aunque en los meses recientes ha perdido mucho terreno, sigue siendo la figura que más intención de voto moviliza. Pero los tiempos del referendo se agotan y ya es prácticamente imposible que haya fallo, que sea favorable al referendo y que 7,4 millones de colombianos (25 por ciento del censo electoral) voten para darle validez. A juzgar por la última encuesta de Datexco, seis millones y pico de votantes participarían, y eso hundiría la iniciativa.
De modo que casi todas las apuestas apuntan a una campaña sin Uribe, y en la que estarían Juan Manuel Santos, Sergio Fajardo, Germán Vargas, Andrés Felipe Arias o Noemí Sanín (según quien gane la consulta conservadora), Rafael Pardo, Gustavo Petro y uno de los tenores, posiblemente Antanas Mockus. Con el muy probable guiño presidencial, Santos arranca con ventaja. Fajardo le sigue la rueda, pero quién sabe cómo lo afecte no elegir casi congresistas el 14 de marzo.
Vargas, que viene en ascenso y ha tenido semanas muy activas en medios, está apenas a unos pocos puntos, al lado de Pardo, que cuenta con un posible crecimiento de las curules liberales. Petro viene cerca de ellos, pero el Polo está dividido en decenas de peleas internas regionales que lo debilitan. En cuanto a los conservadores, Noemí sube y baja sin consolidarse, y aunque Arias sigue vivo en las encuestas, es difícil verlo ganador.
Pero aun así, casi todos ellos tienen opción de pasar a la segunda vuelta. Con tanto candidato moviéndose entre el 5 y el 10 por ciento de la intención de voto, y los líderes apenas entre 12 y 15 por ciento, no es imposible pensar que el ganador de la primera vuelta consiga tres millones de votos, y el segundo poco menos de dos millones. Y sobre un total de 14 millones de votos probables, cualquiera que supere el 10 o 12 por ciento de la intención de voto en las encuestas puede estar en la gran final.
Esto era lo normal en otras épocas, a un año de las elecciones. Pero nunca había ocurrido a menos de tres meses. Se avecina una campaña relámpago, que arrancará en forma, después de las parlamentarias del 14 de marzo y cuando el derrumbe definitivo del referendo sea una realidad reconocida por todos. A partir de ahí, quedarán ocho o nueve semanas de campaña, algo muy común en las democracias parlamentarias europeas, donde los partidos debaten constantemente y los electores saben bien a qué atenerse con cada uno, pero totalmente desconocido en Colombia, donde no hay partidos.
Una campaña relámpago es a todo o nada. El que resbale y caiga, difícilmente podrá levantarse. Y el que pique en punta, si no comete errores, puede volverse inalcanzable. No habrá tiempo para debates profundos ni para grandes agendas. Cada aspirante estará obligado a escoger dos o tres temas de campaña, para machacar a diario con ellos con mensajes cortos y concretos. Y, claro, eso tiene riesgos: los electores de esta campaña de infarto tendrán que estar muy atentos para no dejarse encantar por cualquier culebrero que se saque una promesa absurda del canasto. Porque promesas habrá, muchas y apresuradas, pero en cambio hará falta tiempo para evaluarlas, discutirlas y descubrir qué tan incumplibles son.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 21 de febrero de 2010
- Autor
- Mauricio Vargas
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