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| Actualizado hace 29 minutos

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Censura

La censura está en boga. Según el diccionario de la Real Academia, censura puede ser simplemente un "dictamen y juicio que se hacen acerca de una obra o escrito". Pero también registra, entre otras acepciones, "la nota, la corrección o la reprobación de algo", "la murmuración y la detracción" y, sin duda, la "intervención que ejerce el censor gubernativo". Existe el "voto de censura", que es aquel "que emiten las Cámaras o corporaciones negando su confianza al Gobierno...", pero aquí se manipula para no aplicarlo.
La censura siempre ha sido la negra nube que se cierne sobre los que creen en las libertades democráticas y los derechos humanos. Los hombres poderosos inventaron la censura mucho antes de que las instituciones democráticas. El origen del cual más se habla y es más conocido es el del censor romano, ese magistrado cuyas funciones consistían en censar a la población, cuidar solícitamente las costumbres de los romanos y castigar sus vicios.
Aunque no sea así, la censura debería haberse quedado en las épocas oscuras. La Edad Media era su ámbito más natural, potestad de monarcas católicos y protestantes. La de la Inquisición tenía ese maravilloso doble engaño de ser una censura religiosa en apariencia, pero tenía trasfondo político, similar a la que ocurre hoy con la censura económica en apariencia, pero que usualmente también tiene trasfondo político. Si en el pasado religión y poder se asociaban y complementaban, hoy se coligan y se apoyan mutuamente los poderes económicos y los poderes políticos. En esas épocas, no sólo se escondía y quemaba lo que no placía a los gobernantes y sus sacerdotes, sino que se obligaba a la retractación pública de la herejía y a la declaración renovada de la fe.
La censura se presenta donde hay un poder absoluto o donde el poder quiere volverse absoluto. La censura no ha sido monopolio de la derecha o de la izquierda. En las épocas de guerra la censura es especialmente notoria. Cada bando cambia los datos de los heridos y muertos, de las victorias y derrotas, de las tomas y de las rendiciones. La censura busca que todos pensemos y nos comportemos igual. En su carrera ciega, la censura se desboca y actúa sobre las opiniones políticas e ideológicas, pero también lo hace con el arte y la literatura. Quiere controlarlo todo.
La censura busca mayor eficiencia con la amenaza, el asesinato, el secuestro, la masacre. Sobre esta forma de censura conocemos muchos casos en los que han caído periodistas, maestros y activistas políticos. En la España de Franco se sufría de la censura. Este periódico lo sabe porque el doctor Eduardo Santos acogió a los que huían del censor y de los asesinatos.
La censura y el discutible Estado de opinión tienen afinidades. Los que proclaman la posibilidad de subvertir el orden institucional nos quieren hacer creer que la opinión de los ciudadanos, la opinión pública, es espontánea, no manipulada y transparente. Esa "ingenuidad de las masas" que quieren y desean los partidarios del Estado de opinión no existe. Es una falacia. La opinión se puede manipular con engaños, con informaciones falsas, destruyendo la imagen de ciertos personajes públicos y ensalzando obsecuentemente a otros. Y, cuando no es posible la manipulación y la distorsión, se acude a la censura, la que impide formar una opinión informada e independiente. Se deberían cuidar los que tanto nos hablan del Estado de opinión de no inmiscuirse en las acciones de censura. Censurar la información y pretender opinión justa del ciudadano es una deslealtad cívica, un atropello y un fácil camino a la dictadura.

NOTA BENE. Les doy un abrazo de comprensión, solidaridad y afecto a mis amigos Rodrigo Pardo, María Elvira Samper y a su equipo de trabajo en la revista Cambio. Como las hay de cal, también las hay de arena. Otro abrazo a mi amigo Alfredo Molano, que ha pasado por la ordalía de los que querían cerrar su voz y truncar su pluma. Su valor nos inspira a todos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
16 de febrero de 2010
Autor
Carlos Castillo Cardona

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