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Cae el teflón

  Aceptemos, en gracia de ahorrarnos la discusión, que los buenos gobiernos -como lo es el actual para quienes están con él- no son los que no cometen errores sino los que los saben tapar. A veces son tan buenos que, así los yerros se destapen y espanten, continúan tan orondos como lirondos. Pues repunta el sabiondo que procede a desviar y disipar las burradas y a defender el honor del que hace tan bien lo que hace, que si algo hace mal fue otro el que lo hizo por él.
El efecto teflón se ha llamado a ese escudo inasible que ha protegido del menor rayón, quemón o desgaste, aun ante situaciones aberrantes de atropellos y corrupción, la imagen del mandamás. Enemigos a granel ha tenido el señor presidente Uribe desde el primer minuto de su mandato, quienes no han tenido un segundo de sueño buscándole la caída. Y no sólo tuvo un mandato por la voluntad electora sino dos, y por poco que nos afrijola el tercero. Pero alguien ha perdido el control remoto en Palacio, lo que ha precipitado un alud en cadena de malos pasos, que puede sepultar el sueño de la tercera venida. Las bondades del teflón no dieron para 12 años.
Habría que buscarle responsables a la racha desventurada del señor Presidente, para que queden como los chivos expiatorios que precipitaron la hecatombe que tenían que contrarrestar. ¿Hasta dónde han podido pifiarse los consejeros? Nunca hubo manifestaciones tan fuertes de repudio a algunas medidas, como las de la Emergencia Social y la sapería estudiantil, que forzaron a que Palacio recule. Y tan apabullantes destapes, que por fin encuentran oídos. Formulemos algunas preguntas:
¿A quién se le ocurrió, para enfrentar la inseguridad urbana salida de madre, sugerirle la creación de una banda de mil estudiantes de Medellín que se encargaran de señalar delincuentes por la recompensa de $100 mil pesos mensuales, lo que los pone en riesgo inminente de que el hampa les dé en la cabeza? ¿Quién tuvo el cabezazo de convertir a los taxistas caleños en informantes, como en los mejores tiempos del cartel de Cali, con igual riesgo? ¿Quién permitió que el Presidente se expusiera a una confrontación intelectual en la Universidad Tadeo Lozano, donde su rector deslizó, en un comentario sobre el estado de opinión, que si en él se apoyaba resultaría escogido como Barrabás cuando se lo confrontó con Jesús? ¿Quién apoya desde la fuerza pública el reencauchado paramilitarismo, como divulga el Informe de Human Rights Watch? ¿Quién se durmió en la diplomacia, que el presidente Obama nos recortó 55 millones de dólares de ayuda, pese a habérsele permitido la instalación de siete bases militares, lo que nos tiene prácticamente aislados de la comunidad suramericana? ¿Quiénes son los responsables finales de los 'falsos positivos', o positivas masacres de jóvenes engañados, y de las chuzadas a periodistas, defensores de los derechos humanos y casi toda la oposición, temas que mantienen en sus agendas los congresistas demócratas? ¿Quién formuló la chueca pregunta del referendo, que una vez votada y encontrada sin fundamento tuvo que ser remendada en una sesión fraudulenta del Senado de la República? ¿Quién permitió que cinco tránsfugas impedidos de hacerlo votaran positivamente la ley del referendo? ¿Quién rebasó seis veces el monto autorizado de su financiación y quienes violaron los topes de donaciones? ¿Quiénes se inventaron la jugada de Agro Ingreso Seguro, no sólo para bonificar a quienes habían hecho donaciones a elecciones pasadas sino para que las hicieran al futuro posible candidato del agro? ¿Quién permitió que el magistrado Sierra Porto se parrandeara la ley del referendo que ya había bendecido el Procurador? ¿A quién le dio por hacer cambiar de periodicidad, de enfoque y de directores a la revista Cambio, en el mejor momento de su actividad periodística y en el peor momento político, porque hace suponer que se trata de una sanción por sus fundados informes? ¿Y quién es, si Uribe no es?
Amanecerá, y mañana veremos si ese amanecer era el que esperábamos.
jmarioster@gmail.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
9 de febrero de 2010
Autor
Jotamario Arbeláez

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