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En un puesto de comida en la esquina de la calle 77 con 15 en Bogotá venden hasta huevos pericos

En una de las principales vías de la ciudad, la venta de este plato criollo tiene contentos a los comensales y preocupados a los defensores del espacio público.

Para quienes creían que era imposible superar la oferta gastronómica de perros calientes, chorizos, pinchos, mazorcas y demás variedades que hoy inundan las calles de la ciudad ante la indiferencia de las autoridades, pueden agregar ahora la venta de huevos pericos preparados en cacerola.

El peculiar servicio se ofrece en la esquina de la calle 77 con 15, donde Martha Garavito alcanza a despachar hasta 30 arepas con huevos pericos en una hora, adobados con jamón, queso, algunas veces un poco de carne desmechada.

'El boyaco' dice ser el precursor del negocio en este sector de la ciudad. Según sus palabras, dos meses después de que llegaran sus arepas y sus huevos a ese punto, ya había dos puestos más copiando la idea, en la calle 76 y 78.

"Ellos son los piratas, desde que llegaron el trabajo es más difícil", cuenta 'el boyaco' mientras en labores de malabarismo recibe una arepa de manos de Martha y, al mismo tiempo, voltea la tortilla de la cazuela con una habilidad que deja boquiabiertos a los que esperan ser despachados.

En lo que Martha sopla la palma de su mano izquierda -para calmar uno de los tantos quemones que tendrá en la jornada- Rocío Velásquez, transeúnte, lanza un grito de indignación: "¡Este país está convertido en un burdel! El ingenio del señor, muy bueno, pero lo que demuestra es que acá nos toca hacer lo que sea para poder comer", dice.

Martha le ayuda a su marido a sostener sus seis hijos y 'el boyaco' mantiene a su familia con las pocas ganancias que quedan , entre 20 y 30 mil pesos diarios.

Clientela variada

En las primeras horas, la clientela la conforman algunos estudiantes que se alejan del carbón para evitar "quedar oliendo a rancho", como advierte una de ellas.

Retirados del asador, esperan la que será su primera comida del día. Los taxistas -que llegan a granel a lo largo de la mañana- no reparan en humareda que se pega a su vestimenta y más bien se acercan a la hoguera para aprovechar el calor.

- "¿A cómo?", preguntan muchos señalando las ocho cacerolas de aluminio que se acomodan casi unas sobre otras en la parrilla.

- "A dos mil, con queso jamón y huevo, y a tres mil si la quiere con adición de carne", responde ella con una sonrisa y los ojos enjuagados por el efecto del humo.

El primer 'encorbatado' que llega trae tras de sí un sinnúmero de clientes de todas las clases y colores. Un japonés que ya es comprador asiduo pronuncia el "arigato" al recibir la preparación.

Martha sube las cejas un par de veces seguidas, como si se le fueran a salir del rostro, "¿si ve?, hasta extranjeros vienen. Él no es el único, hay unos argentinos fascinados con la receta", asegura.

"Me vine aquí más cerquita porque la cara del santo hace el milagro, a ver si me despacha la mía", dice uno de los que espera.

Manuel, otro visitante, reparte mercancías en la zona. Asegura que con las arepas de 'el boyaco' "uno queda full" para aguantar la mañana hasta que se pueda almorzar.

Como él, Paola Méndez, vendedora puerta a puerta, sale muy temprano de su casa y no alcanza a comer nada, necesita de un desayuno "trancado" para soportar su jornada. Para ellos eso es la arepa que consumen.

Uno de los tantos motorizados se limpia el resto de un bocado de su labio y lo pasa apresurado para decir que las de acá son más sabrosas porque el huevo queda esponjado. "En San Andresito venden unas, pero los pericos como que los esparcen y las arepas son delgaditas", dice.

Pero no todos lo disfrutan. Luis E. Daniel, vecino del sector, afirma que el humo del fogón es contaminante y se pregunta "¿qué clase de calidad tedrán esos huevos?".

De Juan Rey hasta la cra. 15 con clle 77

Llegar al toque final de este platillo no es tarea fácil.

'El boyaco' viaja todos los días desde su casa en Juan Rey -"cerquita a Villao", dice- en un colectivo hasta la central de Abastos.

Ahí ya va cargado de 8 libras, entre cebolla y tomate picados, que ha preparado su madre horas antes.

En la plaza compra 8 cubetas, cada una con treinta huevos, 4 libras de jamón, 5 de queso y 120 arepas.

'La concentida', un Renault 12 modelo 76, es la encargada de transportar los insumos a cambio de 15 mil pesos.

La pareja también señala lo difícil del trabajo por la presión que ejerce la policía. "El carro pasa seguido y nos toca recoger las cosas que muchas veces terminan en el piso".

Autoridades hablan de las ventas de comida en la calle

Según cifras del DANE el empleo informal en Colombia alcanzó, este año, un 58 por ciento. El Instituto para la economía social -IPES-, señala que en Bogotá existen cerca de 47 mil vendedores informales. Chapinero, una de las localidades con más población flotante de la ciudad alberga, según la misma entidad, más de dos mil individuos en esta situación.

La Secretaría Distrital de Salud asegura que el Código de Policía prohíbe cualquier tipo de preparación de comida en la calle para la venta. 'El boyaco' afirma que él ha asistido a capacitaciones de manipulación de alimentos y que es por eso que cocina en la brasa porque el gas y la gasolina no están permitidos para ventas en la calle.

MÓNICA VARGAS
REDACTORA EL TIEMPO ZONA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
6 de febrero de 2010
Autor

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