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Expropiar Éxitos y cosechar sequÃas
Marx, tipo ingenioso, escribió que la historia se repite, primero como tragedia y después como comedia. ¡Muy cierto! Lo que no imaginó fue que una historia podrÃa ser tragedia y comedia al mismo tiempo. Casualmente, Marx, tan 'adoctorado' y dogmático, es protagonista del más hilarante sainete del siglo XXI, la Revolución 'bolivariana', que devino en tragedia con la imposición de un régimen marxista a un pueblo consumista, alérgico a las penurias económicas. ¡SÃ! En Venezuela, la historia que comenzó como comedia, se volvió tragedia.
El bolivarianismo no es nada. BolÃvar fue grande; el más grande de los latinoamericanos: escritor exquisito, pensador liberal, lÃder militar de epopeya. ¿Pero, revivir hoy a BolÃvar como guÃa y faro? ¡Qué patanada! ¡Qué deschavete!
Cuando el marxismo entró en barrena (1989), Chávez, 'Alfonso Cano' y la extrema izquierda latinoamericana desplazaron de su iconografÃa a Marx y Lenin para sustituirlos por BolÃvar. 'Bolivarianismo' es el nuevo nombre del marxismo, dijeron. Disfrazar a Marx con la ropa de BolÃvar era una idea absurda. Si ellos se hubieran encontrado en la vida, se habrÃan agarrado de las mechas. En 1858, Marx le escribió a Engels esta galanura: "Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón a BolÃvar, el canalla más cobarde, brutal y miserable". Por su parte, BolÃvar, de haber leÃdo a Marx, habrÃa escrito: "Su prédica tiránica, su persecución de las libertades y derechos -la propiedad privada, entre ellos- demuestran que el marxismo es la canalla más cobarde, brutal y miserable".
Chávez ordenó hace algunos años la unificación de todos sus secuaces en un solo partido, el PSUV. El Partido Comunista sacó pecho y pensó que todos se integrarÃan en torno suyo, dada la comunión de Chávez con sus principios. Pero el caudillo no querÃa árboles que le hicieran sombra. Primero intentó persuadirlos para que disolvieran al PC en el PSUV, con el argumento de que, aunque eran los mismos, el pueblo no le jalaba al marxismo pero sà al bolivarianismo; que más tarde, cuando hubiese condiciones, se quitarÃan todos el camuflaje y declararÃan su militancia marxista. Nada valió, y los comunistas se pararon en las cuatro. Chávez, furioso, hizo una declaración destemplada (2003), aunque nada sincera: ¡el marxismo es cosa del pasado! Hoy, cuando está casi solo, regresó humilde al redil, al Partido Comunista, y se declaró nuevamente marxista.
¡Claro que es marxista! La mejor demostración es la debacle venezolana. Sólo una administración marxista es capaz de apagar a una potencia energética. Chávez aduce que es la sequÃa. El cientÃfico Nassim Nicholas Taleb lo desmiente. Aun si cayera agua a cántaros, la principal hidroeléctrica, El Guri, funcionarÃa mal. Hay siete turbinas paradas por falta de mantenimiento; y lo mismo ocurre en las centrales térmicas. "Vamos para un apagón de varios años", es la apocalÃptica predicción del cientÃfico.
Los marxistas -Chávez, Evo, Correa- no creen en el mercado y atiborran las gacetas con decretos intervencionistas, que terminan despelotando las economÃas. Y como la macroeconomÃa sólo se rige por una verdad, la ley de la oferta y la demanda, cada paso que dan contra los agentes económicos hunde más a sus paÃses. Y, ellos, marxistas al fin y al cabo, se la montan y persiguen a los agentes, en lugar de rectificar sus principios absurdos contra el sistema de propiedad privada e iniciativa particular. Mientras tanto, bolivarianos de verdad, es decir, liberales como Clinton, Uribe o Piñera, dan garantÃas a la inversión, ven crecer sus economÃas y generan bienestar colectivo.
Pero tranquilos, inversionistas del Éxito, Argos y demás damnificados en Venezuela. Tarde o temprano las aguas polÃticas y económicas volverán a su cauce. Allende quebró a Chile con la aplicación de su programa marxista, pero la posterior vigencia del derecho de propiedad y las leyes del mercado remediaron el caos. Eso es remedio infalible.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 19 de enero de 2010
- Autor
- José Obdulio Gaviria
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