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Año nuevo, cuento viejo

El 2009 terminó con el secuestro en su cama, y posterior degollamiento en una oscura trocha, del gobernador del Caquetá, Luis Francisco Cuéllar.

El 2010 arrancó con la noticia de que la encrucijada del alma del Primer Mandatario estaba resuelta, pues, según le confesó a una emisora de Montería, esta ya no depende de él, sino de Dios, el Pueblo y la Corte (aunque no necesariamente en ese orden, sino más bien el contrario.)

No pretendo establecer conexión entre los dos hechos, aunque de alguna manera se retroalimentan. La infinita crueldad de las Farc, solo superada por su descarado cinismo posterior, apenas refuerza entre muchos la convicción de que Uribe sigue siendo el más capaz de mantener a raya a estos bárbaros.

En todo caso, según su ya explícito propósito de año nuevo, si por él fuera, la carrera presidencial ya habría arrancado oficialmente. Pero como no depende exclusivamente de él, habrá que seguir esperando. ¿Hasta cuándo? Es la angustiosa incertidumbre que aún taladra, ya no el alma presidencial, sino la conciencia nacional.

Algunos estiman que Dios ya votó en contra, pues el cardenal Rubiano criticó la reelección, pero en este caso pesa más la opinión de los poderes terrenales. Del Procurador, del Registrador, pero, ante todo y sobre todo, de la Honorable Corte Constitucional, en cuyas manos está la suerte de la reelección.

En el 2010 el conteo regresivo para el referendo se ha vuelto, ahora sí, dramático. Cada día cuenta. Pasado mañana, el Procurador rendirá su concepto sobre el referendo. No obliga a la Corte, pero sí es el banderazo definitivo para la recta final. El magistrado ponente de la Corte, Humberto Sierra, tendrá 30 días hábiles para presentar su informe a la sala plena. La Corte tendrá luego otros 60 días hábiles para dar su fallo. Si uno y otros se toman los plazos máximos, el referendo sería inviable. Coincidiría con las elecciones presidenciales, cuyo aplazamiento no es concebible.

El registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez, advirtió en estos días que si la Corte no se pronuncia pronto no tendría tiempo para organizar un referendo que, insiste, le tomaría por lo menos tres meses. Y por su lado, el presidente de la Corte, Nilson Pinilla, anunció que ese tribunal no va a correr, porque "en la agenda hay otros temas importantes". Menudo dilema, pues, cuyo desenlace habrá que seguir cronómetro en mano.

Por ahora, más movida que el cuento viejo de la congelada campaña presidencial, es la carrera por las curules del Congreso. Se entiende que esta competencia ya haya prendido motores en año nuevo, pues su meta es nada menos que la sede de la voz del pueblo, el olimpo de los padres de la patria, con todos sus emolumentos y prebendas. Hacia ella se desplazan, a distintas velocidades, en nuevos y viejos modelos, quienes aspiran a legislar en nombre de los colombianos. Habrá que ver quiénes van al timón de su propio carro y cuáles son pilotos alquilados o sacaron el pase en una rifa. No serán pocos los estrellados, varados o multados a lo largo de esa engañosa autopista hacia el Capitolio.

Es la democracia colombiana en todo su esplendor. Con nuevos y viejos vicios y virtudes. La política real del voto a voto con todos sus trajines: la pelea por el puesto en la lista o número en el tarjetón, la breve cuña o la gigantesca valla, el eslogan pegajoso, la fugaz entrevista, la salida al barrio, la foto con el jefe...

En las listas que ya se conocen hay de todo, como en botica. Conocidos veteranos que han hecho de la política un real servicio público; politiqueros profesionales que solo saben reelegirse para vivir de la política; parientes cercanos o lejanos de 'parapolíticos' condenados; ex curas, ex militares, ex guerrilleros; hijos respetables y nietos menos respetables de ilustres ex presidentes; noveles aspirantes de la más variada procedencia: actrices, reinas, futbolistas...

No será fácil para el elector diferenciar entre este maremágnum de nombres, logos e intereses cruzados. Y de nuevos partidos de sospechosa procedencia, como los ADN, PIN y DMG que han aparecido últimamente. Pero así suelen ser las parlamentarias y habrá tiempo para comentarlas con más detenimiento. Y para seguir esperando que arranquen de verdad las presidenciales. ¿Cuándo será ese cuándo?

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
9 de enero de 2010
Autor
Enrique Santos Calderón

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