Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

'Mi madre es lesbiana'

Un muchacho de 14 años creció con su mamá y con la mujer que es su pareja. Dice estar rodeado de amor, aunque no habla de su hogar en el colegio, por la posible burla.

El hogar de Mariana y Sandra es cálido. Hay pinturas, muñecos y música acomodados en un espacio que han levantado con esmero. Ellas tienen su alcoba en el segundo nivel. En el primero vive Carlos*, el hijo biológico de Mariana, que tiene absoluta claridad sobre la relación de su mamá con otra mujer, a la que, además, considera su tutora y con quien está desde los tres años hoy tiene 14.

Carlos es un muchacho tranquilo y muy inteligente. Es reflexivo, habla pausado. Se siente más amado que muchos de sus amigos, hijos de parejas heterosexuales que no tienen el apoyo y el amor que él recibe en su casa porque, según dicen, los tres tienen claro que el suyo es un hogar diferente, basado en la tolerancia, la comprensión y ante todo, el amor.

Esos son los preceptos que rigen sus vidas. Por eso, no hay 'rollos' con la relación de Mariana y Sandra, quienes se asumieron lesbianas desde hace muchos años, cada una por un camino diferente, y decidieron ser pareja desde el 17 de enero de 1999, después de haber sido amigas y compinches.

Mariana llegó ya con un hijo de tres años a la relación. Sandra creyó en un principio que el niño sería un muro entre las dos, pero ahora piensa totalmente diferente: "Al contrario, el niño nos unió más, finalmente lo que hicimos fue conformar una familia completa", dice ella.

Una mirada diferente

La vida para Carlos parece ser sólida y segura. Actualmente estudia en un colegio especial, pues su coeficiente intelectual es de 137 puntos y es considerado como un muchacho con nivel superior. Aceptó dar esta entrevista porque quería contar lo que ha significado vivir bajo la protección de dos lesbianas.

"La unión de ellas me ha abierto la mente, me siento privilegiado de estar con las dos, si me hubiera tocado vivir con el papá biológico (que nunca apareció para reconocerlo) seguramente mi vida sería horrible".

De entrada él descalifica cualquier opinión sobre una influencia nociva en su vida por cuenta de la relación de su mamá con otra mujer, aunque Carlos acepta que no lo supo sino hasta los nueve años, cuando se enteró de que eran pareja, a pesar de que Sandra vivía con ellos desde que él tenía tres años.

"Ellas dormían juntas, pero simplemente pensaba que era la persona que compartía con nosotros la vida", dice ahora. Una tarde, cuando Carlos ya tenía 9 años y los tres caminaban en una marcha gay en Bogotá, alguien se les acercó y les preguntó si las dos eran pareja. "En ese momento me enteré y les reclamé por qué no me lo habían dicho antes", cuenta.

Ahora, a sus 14 años, piensa que se lo ocultaron porque "querían buscar un momento apropiado".

Mariana y Sandra consideraban que el niño era muy pequeño para comprender el significado de su relación. Su mamá sólo le dio la información sobre la realidad de parejas conformadas por un par de hombres o un par de mujeres cuando su trabajo en la organización Colombia Diversa, que hace activismo por la comunidad de homosexuales y lesbianas, le fue dando herramientas para explicarle a su hijo. "Esa información ha sido fundamental para que él comprenda que existimos".

Por eso, dice Carlos, no tuvo mayor problema cuando ya supo que Sandra no era sólo una persona más en la vida de su mamá. Dice que el haber tenido la información sobre la homosexualidad y el lesbianismo desde pequeño le permitió ver su realidad de una manera mucho más tranquila.

Desde que ambas decidieron vivir juntas y asumir su relación abiertamente ante sus familias, establecieron una pauta que creen haber respetado todos estos años: el niño sería la prioridad para la mamá. Sandra reconoce que aunque su relación es muy importante y sólida, el muchacho es vital en la vida de Mariana, "no quiero ni debo competir con él".

Por eso, aseguran, el niño se convirtió en el eje de la relación. Para ambas, su seguridad, la crianza, el amor, sus estudios y el apoyo para levantarlo son esenciales.

El gran secreto

"Realmente pienso que mi hogar es armónico, conozco muchos matrimonios heterosexuales que son sólo un problema. Mi familia está conformada por dos lesbianas, orgullosas de serlo. Tienen un carácter fuerte pero abierto, son unas luchadoras que no se dejan vencer, y sobre todo, se quieren", dice Carlos.

Eso es lo que ha visto todo el tiempo en su casa y asegura que sus triunfos académicos no sólo son producto de su capacidad. "Ninguno de los diplomas académicos estarían aquí colgados sin la ayuda de ellas. Mi vida a su lado no sólo me dio la posibilidad de estar en un colegio donde puedo desarrollarme, sino que ellas mismas me han vuelto más intelectual", afirma.

"Yo me miro a mí y pienso: muchos de los hijos de las parejas heterosexuales conviven con el mal ejemplo de la violencia y la intolerancia. Yo tengo a mi lado una pareja que se ama, que convive en tolerancia, con los problemas normales y cotidianos de una pareja, pero sin mayores contratiempos, eso es una muestra de lo que soy, un muchacho tranquilo", asegura Carlos.

Incluso, piensa que todavía no es época de tener novia. Tiene muchas amigas que lo buscan porque siempre encuentran en él a un amigo tranquilo. "No quiero tener una relación todavía, las de mis amigos son conflictivas y creo que para eso no está hecho el amor ni las parejas", piensa.

Sin embargo, tiene claro que no debe contar la relación de su madre en su colegio, pues sabe que es un espacio conservador. Ni sus profesores ni sus compañeros entenderían su situación familiar. Por eso, y porque no es callejero, como él dice, sus amigos no van a su casa. También cree que aún no es el momento de contárselo a nadie, pues sus amigos adolescentes se burlarían. "He visto a mis amigos reírse de los gays, por eso creo que no comprenderían las circunstancias de mi hogar. Cuando vea que sea necesario, lo comentaré, mientras tanto, eso hace parte de mi vida privada", dice.

Revelar la verdad de su entorno familiar le generaría muchos problemas, se sentiría, además, juzgado. "No todo el mundo es tan abierto como yo", dice. En el caso de que alguien se entere y la situación sea muy incómoda con sus compañeros, Carlos admite que tendría que cambiarse de colegio, no sería lo más conveniente para él, pero lo asumiría

Según lo ha dicho reiteradamente Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, "hay muchos homosexuales que son padres legales de hijos adoptados o de hijos biológicos de uno de los miembros de la pareja".

Por eso, y por su propia experiencia, Carlos cree que es mejor legalizar la relación con la pareja de su mamá. "Patín (así le dice a Sandra) me conoce más que nadie. Yo he vivido y crecido con ella, me ha dado afecto, valores, me ha apoyado y creo que con ella yo tendría un futuro muy chévere, me ha aportado mucho más que muchos otros en mi vida diaria".

Aún no han pensado interponer una tutela similar a la de la pareja de Rionegro, en Antioquia, que solicitó la adopción de una niña de dos años (hija biológica de una de ellas), pero sí consideran que es una opción necesaria para muchos menores: "Si la madre biológica llegara a faltar, el más desprotegido sería el niño", dice.

* El nombre fue cambiado para proteger la identidad del menor.

CLAUDIA CERÓN CORAL
Redactora Domingo a Domingo

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
1 de enero de 2010
Autor

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad