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Emotiva celebración de los hinchas del Medellín en su quinto título en la historia

Las gargantas quedaron sin voz. Los corazones palpitaron a millón y querían salirse del pecho. La respiración era agitada y difícil...

Todo esto lo provocó Independiente Medellín, nuevo campeón de Colombia, anoche, en el partido de vuelta de la final del Torneo Finalización frente al Atlético Huila, que terminó 2-2, durante 90 minutos sufridos, pero después gozados por 40 mil hinchas vestidos de rojo y azul en el estadio Atanasio Girardot.

Pero antes de vibrar, llorar y celebrar con aguardiente las cinco estrellas del DIM amado, los corazones antioqueños sufrieron lo indecible porque un 'huracán' amarillo, se apoderó del balón, del orden y de los arrestos en el campo de juego. "¡Vamos rojo, vamos mi 'Poderoso'!", era el clamor de los aficionados paisas que vieron cómo once valientes hombres huilenses lo dejaron todo por conseguir lo impensado. 

Y lo hicieron por 25 minutos, periodo en el que el Atanasio Girardot se silenció y se transformó en un cementerio de 40 mil almas porque Ervin Maturana (43 PT) puso a ganar a los 'opitas' con un cabezazo que causó más de un dolor de cabeza y clavó una herida profunda al equipo del pueblo.

Una muestra de lo que significó ese golpe era el estratega del DIM, Leonel Álvarez, quien en la zona técnica no dejó de caminar de un lado a otro. Gritaba, sudaba, tomaba agua y miraba insistentemente su cronómetro. Prácticamente quería meterse a la cancha para tratar de ayudar a los suyos y darles ese empuje de león que lo caracterizó en su época de jugador. Leonel sabía que su Medellín pasaba por el peor momento, pero también sabía que en cualquier momento sus 'gladiadores' y la gente tenían que despertar.

Y el DIM volvió a la vida con un rayo de luz de luna que iluminó a Jackson Martínez, el goleador del certamen, en la noche medellinense. El 'Cha-cha-chá' se encargó de igualar (23 ST) las acciones y les retornó las pulsaciones a esos 'muertos vivientes' que yacían en el Atanasio Girardot. 

"¡Gooooool!", gritó "el pueblo clamoroso", como dice la canción de Alfredo Gutiérrez, un casi himno del DIM. Y ese grito se oyó en todo el Valle de Aburrá y sus alrededores porque salió de las entrañas. Jackson corrió a la tribuna norte y festejó con todo el que se le acercó. A él se le unió el resto del equipo en una montaña de alegría y de felicidad desbordada.

Fue allí cuando Leonel agarró su cabello, tomó un segundo aire, miró al cielo y agradeció a Dios. Fue allí cuando el DIM comenzó a acariciar esa estrella anhelada. Fue allí cuando todo pareció volver a la normalidad. Pero el sufrimiento no terminó, pues Huila jamás se rindió. Lewis Ochoa, con un cabezazo (38 ST), hizo que la piel se les arrugara a propios y extraños. Sin embargo, a diferencia del primer tanto 'opita', en esos siete minutos restantes la gente no se calló. 

Los hinchas del 'Poderoso' no estaban dispuestos a dejar morir a su DIM y sacando más fuerzas que nunca aparecieron con un cántico que no se volvió a ir del escenario deportivo: "¡Grita el pueblo clamoroso: viva el DIM, el 'Poderoso'!". Estribillo que se escuchó de la tierra al cielo, hizo temblar a las montañas y al Atanasio, y se quedó para siempre.

Cuando Óscar Julián Ruiz dio el pitazo final, las lágrimas rodaron en el Atanasio; la emoción era infinita, los futbolistas se arrodillaban, unos de alegría; otros, los del Huila, de tristeza. Y las serpentinas volaron, las cornetas sonaron, las banderas ondearon y de nuevo se oyó el: "¡Azul y rojo hasta el fin; el pueblo está con el DIM...!".

FRANCISCO FERNÁNDEZ
frafer@eltiempo.com.co
CORREPONSAL DE EL TIEMPO
MEDELLÍN 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
20 de diciembre de 2009
Autor

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