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Frenar la tala y preservar las fuentes hídricas, retos locales al margen de la Cumbre de la ONU

En las últimas semanas, los analistas ambientales han hecho sus apuestas sobre el futuro de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se desarrolla en Copenhague (Dinamarca).

Unos son optimistas y dicen que finalmente se logrará un acuerdo que comprometa a las naciones a reducir sus emisiones y a frenar el calentamiento global. Pero hay muchos que piensan que ese reto le quedará grande a la humanidad.

Por eso, al margen de lo que suceda en estas dos semanas de negociaciones, el futuro de la especie humana dependerá, en gran parte, de los esfuerzos que cada país haga localmente para contrarrestar las consecuencias de un clima enloquecido. Con sus propios recursos e iniciativas, y sin pensar en ayudas de la Unión Europea o Estados Unidos.

A continuación mencionamos los que a juicio de EL TIEMPO son los más importantes desafíos a los que se enfrenta el medio ambiente nacional, sin importar los resultados que arroje la reunión más importante del año.

La conservación de los páramos y la preservación de las costas resultan dos de los más importantes dilemas. A lo que se suma la protección de las fuentes hídricas. ¿Habrá vida después de Copenhague?

Blindar costas de un mar en aumento

El aumento del nivel mar, por el cambio de temperatura, ya no es un problema exclusivo de islas del Pacífico. También toca al país. Según el Instituto de Investigaciones Marinas (Invemar), el panorama es delicado. Si no se dejan de otorgar licencias para hacer edificaciones al borde de las playas y si no se para la tala de manglares, en 2050, cerca de 8.000 kilómetros de costas estarán bajo el agua, donde viven cerca de 70 mil personas. El 17% de San Andrés se perdería, al igual que un porcentaje similar de Tumaco.
El Gobierno hace campañas entre la población y planes de reubicación y de prevención de emergencias.

A sacar la minería de los páramos

Si Colombia tuviera que salvar uno sólo de sus ecosistemas para garantizar la vida de sus habitantes, tendría que escoger los páramos, fábricas de agua únicas en el mundo. En esto han coincidido el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), e incluso Greenpeace. Y aunque prioritarios, siguen a la deriva. El país tendría que ajustar medidas para incluir el ciento por ciento de estas zonas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, porque hoy están preservados menos del 20 por ciento. Además, tendrá que reducir el impacto que tiene la minería sobre ellos.

Ingeominas ha otorgado licencias para explotación minera en 65.176 hectáreas de páramos, una actividad que arrasa con su vegetación, integrada por musgos y frailejones que acumulan el líquido como una esponja.

Preservar las fuentes hídricas, el reto del siglo

En Colombia, uno de los países con mayor potencial hídrico del mundo, más de la mitad de sus habitantes está en peligro de quedarse sin agua.

Y no es un problema menor o una consecuencia de un fenómeno pasajero como el 'Niño'.

De acuerdo con el informe anual de la Defensoría del Pueblo sobre calidad de agua, publicado recientemente, 21 millones de colombianos viven en lugares que tienen dificultades para mantener una disponibilidad apropiada del líquido que cubra la demanda de sus habitantes.

Esto se agrava en temporadas secas y se nota más que todo en la región Andina. Sólo el 28 por ciento de la población (318 municipios) vive en regiones que no tienen problemas para encontrar y disponer de este recurso.

"Efectos como el cambio climático, el incremento poblacional, por natalidad o desplazamiento, y la contaminación de los recursos naturales están originando una rápida degradación y la merma de las fuentes hídricas, por eso es urgente que se implementen políticas públicas que aseguren el servicio a largo plazo", dice la entidad.

Protección para el 30 por ciento del agua dulce

La Orinoquia es, según la Universidad de los Andes y Fescol, uno de los pocos reductos ambientales que le quedan al país para enfrentar el calentamiento global. Pero este 'paraíso', según esas mismas entidades, se está mirando 'improvisadamente'. Son 22 millones de hectáreas de planicie a las que, según el Presidente Uribe, se les debe destinar a la explotación agrícola. Pero esa "fiebre" productiva, que ya dio sus primeros pasos, arruinaría 32 tipos de sabanas donde habitan el 40 por ciento de las especies de aves de Colombia, que conserva el 32 por ciento de las existencias de agua dulce del país y el 22 por ciento de las ciénagas nacionales. "No todo puede ser contemplación, pero tampoco sólo producción", dice Manuel Rodríguez, ex ministro de ambiente.

Defender las selvas de la tala ilegal

A pesar de que los bosques son los pulmones de la Tierra, habrá que tener controles más certeros sobre ellos.

El 40 por ciento de la madera que produce Colombia proviene de árboles talados ilegalmente.

El bosque abarca el 53,5 por ciento (61 millones de hectáreas) de la superficie nacional. Pero de allí se extraen cada año 3,4 millones de metros cúbicos de madera, de los cuales 1,4 millones corresponden al comercio no autorizado.

Este número engrosa la cifra oficial de deforestación nacional, que llega a las 120 mil hectáreas al año, y que afecta zonas de reserva como los parques Paramillo y Katíos.

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Medio ambiente
Fecha de publicación
11 de diciembre de 2009
Autor

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