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Alejandra Azcárate: la verdad aunque duela / Mis aguinaldos

La Navidad moderna: la Vírgen María con extensiones, las nuevas arrugas 'gritando' en las fotos, curso de bostezo de los maridos a las 11...

 Cuando se acerca el mes de diciembre, el comentario general es: "¡Se acabó el año!" Obvio que se acabó el año. Lo grave es reconocerlo al darnos cuenta de que en 12 meses no hicimos mayor cosa. Seguimos esperando al príncipe azul y, si ya lo encontramos, lo vemos morado; continuamos con las mismas deudas, incrementadas por los intereses; el pelo no nos creció lo suficiente y estamos cortas de presupuesto para las vacaciones. Si le vemos el lado positivo a la realidad, lo cierto es que propósitos y autopromesas para el 31 no nos van a faltar.

Llegó diciembre con su alegría. Los villancicos con coros interminables, las filas eternas en los centros comerciales, la suegra diciéndonos hipócritamente que no quiere nada de regalo, los estrenos de películas protagonizadas por renos, la incógnita del amigo secreto que nos sorprende con un chocolate y las mascotas con gorro rojo de borla.

La Navidad era la época más mágica en nuestra infancia. Soñábamos con que llegara la noche del 24 para pelear contra el sueño y así ver entrar a nuestro cuarto caminando en puntillas al famoso Niño Dios. A la mañana siguiente, la frustración por habernos quedado dormidos la compensábamos abriendo los paquetes que nos había dejado aquel fantasma imaginario.

Al crecer cambian las cosas. A pesar de que montamos el árbol decorado en la casa, adornamos el pesebre en la chimenea y tratamos de entonar el "Ven, ven, ven", la verdad es que esa fantasía del pasado se convierte en una angustia terrenal del presente. De novena en novena, a punta de buñuelos fritos con burbuja, natilla temblorosa y tortas con pedacitos inesperados de fruta cristalizada, terminamos con mínimo cinco kilos por encima.

Nos gastamos siempre más de la cuenta, así que arrancamos enero pobres. Si tenemos pareja nos toca dividirnos la celebración de las fechas con las respectivas familias que, sin entrar en detalles, hacen concurso de bostezos a las 11 de la noche. Si por el contrario el amor en nuestra vida pasó invicto el 2009, terminamos colados y borrachos en la casa de algún amigo que sí tiene con quien abrazarse, para incrementar nuestro masoquismo de fin de año y seguir comiendo pavo.

Siempre nos inspiramos para darles los regalos a esas personas que tanto queremos y cuando hacemos un balance de lo que recibimos en contraprestación, el resultado es nefasto. Aunque intentemos evadir el sentimentalismo propio de la temporada, en algún momento al oír "Noche de paz" derramamos en silencio una que otra lágrima por los que ya no están. Pretendemos conservar el espíritu inocente de la niña que alguna vez fuimos pero lo aniquila al instante la mortificación de saber que dentro de poco una vela más hará parte de nuestro ponqué.

Como si fuera poco, si trabajamos en alguna empresa debemos asistir a la lechona erótica infaltable donde el gerente de personal manosea a la de recursos humanos, la de mercadeo se le sienta en las piernas al financiero y la de los tintos le declara su amor al mensajero. Pero si somos independientes o en el peor de los casos no tenemos empleo, la carta que nos toca hacer no es propiamente a Santa Claus sino al lagarto que ha quedado en darnos el puesto desde abril y no nos ha salido con nada.

La Navidad es tan dulce como macabra. Papá Noel con su pecho cargado diciendo "Jo, jo, jo" y zapatos rotos dispuesto a tomarse la foto, la Virgen María con extensiones de punto en las tarimas de barrio, la mula con un aire de chigüiro y los reyes magos cargando anchetas de galletas de soda, mortadela y vino efervescente.

Innegable sí es que esta época hace milagros. Los vecinos que jamás nos determinaron, nos abrazan en el ascensor; la arruga que no nos habíamos visto, aparece de primera en la foto de la fiesta; nuestro 'ex' nos cuenta que se va a casar el mes entrante y en las revistas contratan gente como yo para que les diga a todos: "¡FELIZ NAVIDAD!".

Alejandra Azcárate: Periodista y politóloga del Emerson College, de Boston. Presentadora de 'Ellas dicen', Canal Discovery Home and Health, locutora y actriz que actualmente presenta el stand up comedy 'Descárate con la Azcárate' por toda Colombia. También es propietaria de la famosa tienda de ropa y accesorios de vanguardia El cuchitril.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
24 de noviembre de 2009
Autor

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