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Historia del espía que complica las relaciones entre Chile y Perú
Lima habla de que podría revisar sus relaciones diplomáticas con el gobierno austral.
Mientras tanto, en Santiago se cree que es un ardid para subir la popularidad de Alan García.
Tal como si estuviera interpretando el papel de un actor en una película de espionaje, el suboficial Víctor Ariza Mendoza sacó en su maletín el original del plan estratégico de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) hasta el 2021, sin que sus superiores se dieran cuenta.
Lo llevó a su casa, ubicada en la urbanización Palao, en San Martín de Porres (en Lima) y allí fotografió una por una las 300 hojas de ese documento, considerado el más importante y delicado de esa institución, pues ahí se registraba al detalle la capacidad bélica de la FAP y el armamento que se debía adquirir en los 14 años siguientes.
Una vez que tomó las fotos, Ariza envió el material a Víctor Vergara, su segundo contacto en Chile. Lo hizo a través de su correo electrónico, debidamente encriptado. Al día siguiente, metió otra vez el documento en su maletín y se dirigió a su centro de labores: el Departamento de Planes y Operaciones de la Dirección de Inteligencia de la FAP (Difap), ubicado en el cuartel general de esa institución. Allí, otra vez, sin que nadie se percatara, lo dejó en el mismo lugar de donde lo había tomado. Era el año 2007.
Este relato fue brindado por el propio suboficial (FAP) Víctor Ariza, el lunes 3 de noviembre, tres días después de ser detenido.
Ese día, abrumado por las pruebas en su contra, decidió romper su silencio y contar todo al fiscal Jorge Chávez y a los agentes del Grupo de Inteligencia que lo estaban interrogando.
Según las autoridades, lo contado por Ariza ha dejado al descubierto que el alto mando de la FAP no tomó las medidas de seguridad mínimas para tener a buen recaudo este plan en donde se menciona el número y modelos de aviones de guerra, helicópteros, baterías antiaéreas, radares, entre otro material, necesarios para modernizar el equipamiento para enfrentar un eventual conflicto externo.
"Ese departamento era una coladera. Es una cruda realidad", dijo una de las fuentes. Y no le falta razón. Siempre de acuerdo con la versión de Ariza, hizo lo mismo con otros documentos, claves secretas y nombres de agentes.
¿Podía tener acceso un suboficial a tan delicados documentos? Tal vez la respuesta esté en un comentario de Ariza: "A los oficiales no les gusta ensuciarse las manos con la tinta de los papeles. Nosotros hacemos el trabajo de revisión. Ellos solo firman".
Negligencia
Aparentemente, la FAP ha tratado de encubrir su negligencia, dijeron las fuentes. Esto se desprende del documento confidencial que esa institución le envió a la fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, el 28 de octubre pasado, cuando le solicitó que iniciara la investigación contra Ariza. En ese pedido, la FAP señaló que sospechaba que era espía, pues lo venía investigando desde el 2007. Junto a este pedido, la FAP adjuntó vouchers de varios bancos con los montos de dinero que había recibido Ariza desde el 2004. Unos 3.000 dólares por mes.
Pero ante esto sur pregunta lógica: ¿Si la FAP lo estaba investigando desde ese año por qué no lo detuvo? Peor aún, fue en el 2007 que Ariza sacó de su oficina el plan estratégico de la compra de armamento. Él mismo dijo en su confesión: "Si mis colegas querían atraparme lo hubieran hecho. Ellos pudieron hacer tres cosas: me neutralizaban, me captaban para filtrarle cosas falsas al enemigo o me desaparecían. Ninguna de esas cosas hicieron".
Según Ariza, antes de enviar el plan estratégico de compras de la FAP, viajó a Argentina el 23 de agosto del 2007. Argumentó ante su comando que visitaría a unos familiares que viven allí, como en efecto sucedió. De allí se dirigió a Montevideo, donde se reunió con el enlace chileno que lo había captado en el 2002 cuando estuvo en Chile como adjunto del agregado aéreo de la embajada peruana en ese país. El nombre del chileno sería Daniel Márquez Torrealba.
Allí -según su versión- Márquez llegó acompañado de otro hombre. Le dijo que había sido asignado a otro puesto y le presentó a Víctor Vergara, quien sería el nuevo "enlace".
Yo amo a Ferreñafe
Pero eso no fue todo. Ariza contó que tuvo un segundo encuentro con su contacto en agosto del 2008, es decir cuando supuestamente era seguido por inteligencia de la FAP. La pregunta cae por sí sola: ¿Si la FAP dice que lo seguía desde el 2007 por qué no detectó este segundo encuentro?
Ariza ha contado que fue captado el 2002 cuando era adjunto del agregado aéreo peruano en Santiago de Chile, el hoy mayor general FAP Carlos Samamé Quiñones. Fue durante un almuerzo en un lugar campestre a donde asistieron todos los agregados militares extranjeros y sus respectivos adjuntos. Allí conoció a Daniel Márquez.
Ariza confesó que fue contratado, ya como espía, el sábado 24 de julio del 2004 cuando se reunió en Arica con Márquez. Desde entonces, envió la sensible información hasta que lo capturó la Policía el pasado 30 de octubre en el restaurante Yo amo a Ferreñafe.
MIGUEL RAMÍREZ
EL COMERCIO (PERÚ) GDA
LIMA
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Internacional
- Fecha de publicación
- 21 de noviembre de 2009
- Autor
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