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El mundo de los transgeneristas, visto a través de los ojos de dos de ellas

Diana Navarro y Charlotte Callejas y libran una constante lucha por la comunidad 'trans'.

Un disparo en la cien acabó de manera fulminante con la vida de Wanda Fox, el pasado 28 de octubre.

A pesar del esfuerzo de sus amigas por mantenerla con vida, esta transgenerista -oriunda de Pasto- llegó sin signos vitales al Hospital Samper Mendoza.

Dos días antes de su muerte, Wanda había participado en una reunión en la que la comunidad transgenerista, en cabeza de Diana Navarro, les exigió a las autoridades locales reforzar las medidas de seguridad para evitar muertes como la de Katherine Noriega, asesinada el 25 de octubre.

Ahora, mientras el grupo especial designado por la Policía de Bogotá investiga la causa de estos dos asesinatos, Diana Navarro, directora de la Corporación Opción, avanza entre los prostíbulos del barrio Santafé buscando entre sus compañeras pistas que le permitan encontrar a la familia de Katherine, que aún no se ha enterado de su muerte.

Lo sucedido es apenas un reflejo de lo que esta comunidad debe vivir en medio de una sociedad donde el transgenerismo sigue siendo tabú y blanco de discriminación y violencia.

Diez años de una causa

Diana ha dedicado 10 años de su vida a la atención de este grupo social que suele marginarse a tal grado que muchas de ellas ni siquiera cuentan con servicio de salud.

Además de ubicar a los familiares de sus compañeras asesinadas, Diana se encarga de facilitar la entrega del cuerpo. En vida, y gracias a su trayectoria como abogada, también las acompaña en procesos judiciales.

Con un vestido de flores y zapatos de tacón que resaltan sus dos metros de estatura, Diana se abre paso entre la multitud que recorre el centro, paga los servicios y hace las compras del día sin detenerse en las miradas de quienes señalan y rechazan su apariencia física.

"Yo ya estoy muy posicionada y no me afecta la opinión que la gente pueda tener sobre mi, lo mismo me da pararme en la Plaza de Bolívar que en Granahorrar", dice, aunque reitera que otras transgeneristas sí se sienten agredidas y por eso la mayor parte de quienes viven en Bogotá están instaladas en la localidad de los Mártires.

"Tú sola eres más vulnerable a ser agredida que si vas con cuatro o cinco. Por eso, nos hemos fortalecido como una familia en los Mártires, la que nos recibe se convierte en nuestra madre, a la que recibimos la adoptamos como nuestra hija y así vivimos tranquilas", comenta.

Licenciada cubana

Charlotte Callejas también hace parte de esta familia. Dejó hace diez años las represiones de su natal Habana del Este, en Cuba, para abrirse paso en Bogotá.

Gracias a su formación profesional -es licenciada en bioquímica y especialista en educación para la salud- Charlotte tiene el privilegio de ser la única funcionaria pública transgenerista.

Desde la Secretaría de Salud coordina las políticas de salud para la comunidad LGBT. Los tres años que lleva al frente de este cargo le han permitido ver la realidad de su comunidad.

"El sistema de salud no tiene protocolos de atención que consideren nuestra identidad de género, un ejemplo es que hay médicos que se niegan a atenderlos sobre la base de sus creencias", explica.

Las transformaciones corporales también se han convertido en un problema de salud pública. "Estos procedimientos no los cubre el sistema de salud. Por eso, ellas han optado por otras alternativas como inyectarse grasas y aceites de cocina que ponen en riesgo su vida", asegura la funcionaria.

Cuando termina sus actividades como servidora pública, Charlotte se transforma en una exótica bailarina que integra el elenco 'Extrañas amazonas', montaje teatral que ha llegado a escenarios de México y Berlín.

Su transformación corporal, que tarda una hora y media, le da tiempo para relajarse y evocar las melodías de Omara Portuondo y el olor de la Habana Vieja que le recuerda su origen.

Charlotte lamenta su exilio, pero se siente orgullosa de vivir en un país en el que puede vivir y trabajar con su identidad femenina para luchar por el bienestar de quienes aún se tienen que esconder.

Sus alternativas se limitan a la estética y a la prostitución

Debido a que aún catalogan el transgenerismo como una enfermedad y no como un asunto de identidad, este sector de la población "en Colombia y el el mundo es excluido de ambientes comunitarios como la familia y el sistema educativo", asegura Marcela Sánchez, de la Corporación Colombia Diversa.

Como consecuencia de esta exclusión, las transgeneristas de diferentes lugares del país llegan a Bogotá buscando las oportunidades que les negaron en sus lugares de origen y se encuentran con "una oferta laboral que se reduce al ejercicio de la prostitución y a la peluquería", destaca Martha Sánchez, Subsecretaria de Diversidad Sexual de la Secretaría de Gobierno.

Para la Corporación Opción, estas actividades son las que atraen 700 transgeneristas a Bogotá cada fin de año.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
19 de noviembre de 2009
Autor

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