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El parque Nacional, en el centro de Bogotá, se convirtió en el desayunadero de los taxistas
Cinco fruterÃas ubicadas entre la avenida Circunvalar y la carrera Séptima han convertido al sector en una especie de estacionamiento de vehÃculos de servicio público.
En horas de la mañana transitar por el lugar es casi imposible.
Desde hace aproximadamente tres años, una mancha amarilla se ha venido apoderando del pulmón verde más importante que tiene el centro de Bogotá: el parque Nacional.
Diariamente, entre las 6 y 9 de la mañana, un enjambre de taxistas se toma las vÃas internas de este espacio público, ubicado entre las calles 36 y 39, y la avenida Circunvalar y la carrera Séptima.
Fácilmente, pueden contarse hasta 60 taxis parqueados a lo largo y ancho del costado norte del parque. Los conductores llegan atraÃdos por las ensaladas de fruta que se venden en cinco casetas que están sobre el andén.
Es tal la aglomeración de taxis y taxistas, que muchas veces las vendedoras no dan abasto.
Los carros se acomodan a un lado de la vÃa o forman dos hileras que impiden el paso de conductores apurados que vienen de la Circunvalar a conectar con la Séptima.
Los taxistas pueden durar hasta 10 minutos deleitados con las frutas, mientras charlan de la jornada de la noche anterior o de la que les espera en el resto del dÃa.
Mientras tanto, no falta el conductor de vehÃculo particular que hace maromas para abrirse paso entre la multitud de carros amarillos. De nada sirve quejarse.
MarÃa Fernanda Arias, alcaldesa de la localidad de Santa Fe, le dijo a EL TIEMPO que el parque es administrado por el Instituto de Recreación y Deporte y que esta entidad se encarga de vigilar el orden de los kioscos autorizados para las ventas de frutas.
Arias afirmó que en el parque existen bahÃas autorizadas de parqueo y que la SecretarÃa de Movilidad realiza operativos de control a los taxistas que se estacionan en zonas no autorizadas, como la entrada de la 36 con Séptima.
El miércoles pasado, la escena era la misma de todos los dÃas, pero con un ingrediente adicional: habÃa dos policÃas de tránsito... comiendo ensalada de fruta.
Carlos Arturo, un taxista con siete años de experiencia, empieza su jornada sobre ruedas con un un jugo de naranja. Ese es su desayuno. Lo mismo le sucede a Juan Carlos Solano, que a diario pasa por las casetas y pide una ensalada. "Es por salud", remata.
Los extranjeros que visitan el parque Nacional en las mañanas también son clientes asiduos.
"Los atrae el salpicón que aquà preparamos. Para ellos es una novedad. Dicen que es el elixir de los Andes", afirma Alexandra Mayorga, empleada de la caseta Araminta y que se gana 30 mil pesos diarios por atender.
Eliécer Manrique tiene 49 años y recorre la ciudad en un viejo taxi Chevette. Problemas de colesterol y la tensión arterial por las nubes lo obligaron -hace tres meses- a cambiar sus hábitos alimenticios. "Me tocó decirle adiós al caldo de raÃz, a los dos huevos fritos y al chocolate de todas las mañanas", cuenta resignado.
El parque Nacional ahora es amarillo
En el último año la presencia de taxistas en este espacio verde con 75 años de vida va en aumento, no sólo por la 'ola' de conductores que paran a desayunar, sino por algunos que se parquean para esperar carrera.En la entrada del parque, por la carrera 7a. con calle 39, se ven desde las 6 de la manaña y hasta el mediodÃa, al menos 20 taxis, que para los conductores que bajan a tomar la Séptima, desde la Circunvalar son un obstáculo que retrasa la movilidad algunos minutos.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 19 de noviembre de 2009
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