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Atrapada en un segundo piso por pleito entre vecinos, estuvo una anciana de 79 años durante 11 dÃas
Por una querella, le tumbaron la escalera que usaba para salir de su casa en San Cristóbal. Este domingo, por fin, pudo volver a pisar la calle.
Los tiempos de gloria de Alicia Ortiz están claros en su memoria: fue la señora del aseo de personalidades de la ciudad, entre ellos Eduardo Pombo Uribe, nieto del general Rafael Uribe Uribe.
Cuenta que era un hombre bien puesto, rico y elegante, que la trataba muy bien.
Pero los años les ganaron a ambos y Alicia, después de vivir de su sueldo y su trabajo, y de cierto estatus, terminó en un pequeño cuarto en el segundo piso de una casa en la carrera 8B No. 161-37, barrio San Cristóbal.
AllÃ, por una querella interpuesta por un vecino y que llevó a la alcaldÃa local de Usaquén a tumbar la parte delantera de la casa, incluida la escalera, Alicia estuvo sin poder salir más de una semana, comiendo lo poco que tenÃa, alejada del mundo.
Ayer volvió a la calle, pudo caminar con sus zapatos negros de tacón bajito, sus medias veladas y su ropa de otras épocas, y recibir el sol de la tarde. La alcaldÃa local autorizó poner una escalera en igual lugar donde estaba la anterior, según los dueños.
Ella se volvió protagonista por ser la más inocente en un problema de vecinos que empezó hace unos dos años, cuando Luis Parra, cansado de ver cómo en su casa vecina pasaba de todo -al parecer habÃa una 'olla' de droga y una caleta de ladrones- interpuso una querella para que la vivienda perdiera parte del frente por invasión del espacio público.
Basilio Montenegro, dueño en ese momento, interpuso una tutela que ganó. Pero luego les vendió la casa a cuatro personas, entre ellos Juan DÃaz y Jorge Silva, que cuentan que llegaron a arreglar la vivienda y les pidieron a los inquilinos que se fueran. Con Alicia, al parecer, tuvieron compasión, debido a su pobreza, a que no tiene familia y a que vive de un subsidio.
Agregan que creyeron en la palabra de Montenegro cuando este les dijo que habÃa ganado la tutela y que no iban a tumbar la casa. Sin embargo, el asunto se complicó cuando Parra inició un nuevo proceso y la alcaldÃa local ordenó derrumbar ocho metros de largo por seis de ancho.
Ahà fue cuando Alicia se quedó incomunicada en su pequeño cuarto lleno de humedad, sin puerta, donde le caben una cama y dos sillas y cuyo único adorno es una guitarra colgada en la pared.
"Con la demolición hubo que reducir dos locales (lavanderÃa y mueblerÃa) a la mitad. Pagamos 110 millones de pesos por la casa. Ahora hay que invertir para arreglarla de nuevo", dice DÃaz. Juan Pablo Camacho, alcalde local de Usaquén, le dijo a Citynoticias que "la demolición era un hecho, ellos lo sabÃan y dijeron que le pagarÃan arriendo a Ortiz en otro sitio".
Alicia, con su pelo largo y sus ojos negros, afirma: "No me quiero ir para un ancianato. Aún me quedan unos años de libertad", algo que defiende en medio de la pobreza.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 15 de noviembre de 2009
- Autor
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