Más de 4.000 niños colombianos dejaron guerrilla y grupos paramilitares en 10 años
La edad promedio de los jóvenes desmovilizados está comprendida entre los 13 y 17 años.
Son 4.136 los niños y adolescentes colombianos, entre los 13 y 17 años, que lograron escapar de la guerra y encontrar una nueva vida. Así lo asegura el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), en medio de la conmemoración de los 10 años del programa de atención que esa entidad viene desarrollando con los menores de edad desvinculados del conflicto armado, con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El trabajo con estos jóvenes consiste en un acompañamiento psicosocial que busca que ellos sanen todas las heridas que les dejó la guerra. También tienen la posibilidad de seguir con sus estudios, de primaria y bachillerato, e incluso de educación superior. Son vinculados a proyectos productivos, se les ayuda a conseguir un empleo y se les hace un seguimiento a sus proyectos de vida después de cumplir la mayoría de edad. De acuerdo con la información entregada por Elvira Forero, directora general del Icbf, el 81 por ciento de estos menores se ha desvinculado por iniciativa propia, mientras que el 90 por ciento de los niños (que han pasado por el programa) han vuelto a integrarse a la sociedad civil. "El otro 10 por ciento lamentablemente ha vuelto a los grupos armados o hemos perdido el contacto con ellos", dijo Forero. De los menores de edad que han sido reinsertados en la última década, el 73 por ciento (unos 3.014) eran niños y el 27 por ciento (unas 1.122) niñas. "A más de 300 niños que cumplieron su mayoría de edad se les ha seguido la pista y sabemos que están estudiando en la mayoría de los casos, y se han vuelto a encontrar con sus familias", aseguró Forero. Actualmente, 571 niños y adolescentes (de los 4 mil 136) están desarrollando su proceso de reestablecimiento e integración social en el programa del Icbf. "Los niños que están hoy en los grupos al margen de la ley tienen la peor calidad de vida. Por eso queremos a través de este programa no haya ni un niño más condenado por un país que lo tolera porque no lo toleramos", afirmó Forero.
No se sabe cuántos niños hay en el conflicto
Actualmente ninguna institución del país, pública ni privada, tiene información clara sobre cuántos menores de edad pueden estar haciendo parte del conflicto armado colombiano.
La cifra más reciente la arrojó, en el 2005, la organización internacional Human Right Watch, que estimó que podrían ascender a los 11 mil niños.
No obstante, el ex senador Jimmy Chamorro, quien recientemente terminó una marcha por todo el país en protesta contra el reclutamiento de menores de edad por parte de los grupos armados ilegales, cree que podrían ser 17 mil los niños en las filas de la subversión.
"No hay una cifra exacta sobre los niños que están actualmente en las filas de los grupos armados en Colombia - dijo Forero - Algunas fuentes hablan sobre unas cifras de más de 10 mil, pero la verdad no lo creemos así. Ni las autoridades gubernamentales ni las ONG pueden precisar el número de niños que se encuentran hoy en día en manos de los grupos armados ilegales en Colombia".
Desde el pasado 2 de noviembre, los grupos ilegales que recluten a menores de edad pueden ser investigados por la Corte Penal Internacional.
Testimonios de guerra
Estuvieron en la guerra y ahora forman un hogar. Se conocieron en una de las fundaciones que el Icbf tiene habilitadas para albergar a menores de edad que se han desmovilizado del conflicto armado. Ella tenía 16 años, y él, 17. Ella estuvo en la guerrilla de las Farc, y él, en el Eln y en un grupo paramilitar. Acababa de cumplir 15 años cuando la joven se fue para el monte. Estaba cursando séptimo de bachillerato y le ayudaba a sus padres con labores agrícolas.
Un motivo contundente la llevó a enlistarse en la guerrilla: quería encontrarse con su hermana, un año mayor que ella y ya convertida en guerrillera, y convencerla de que se escaparan y se fueran para Bogotá a empezar una nueva vida. Le prometieron que llegaría al mismo frente donde estaba ella. Pero no fue así, la llevaron a una escuadra diferente.
También le incumplieron con el sueldo que le dijeron que le iban a pagar y con la promesa de que, estando allí, podría terminar el bachillerato. Aprendió a armar un fusil, y a dispararlo. La infiltraron en varias ciudades como miliciana. Tuvo que participar en varios enfrentamientos y vio cómo sus compañeros caían abatidos por las balas del Ejército. Ver morir a sus amigos fue lo más doloroso de todo.
Una noche, mientras hacía guardia, decidió escapar. Caminó 10 horas, cruzó ríos crecidos, esquivó las balas que le disparaban mientras la perseguían -descubrieron que había desertado-, hasta que se encontró con un grupo de soldados del Ejército y se entregó. Ingresó al programa de protección del Icbf, donde conoció a quien hoy es su compañero y padre su pequeña hija, de tres años.
Él se convirtió en miliciano del Eln atraído por el poder de las armas y las motos que le dieron. Tenía 14 años. Estuvo un año en diferentes poblaciones, y cuando por fin se iba a internar en un campamento, mataron a su hermano mayor, un comandante guerrillero de la región.
La misma guerrilla lo mató, por un ajuste de cuentas. Quiso cobrar venganza e ingresó a un grupo paramilitar -enemigo de la guerrilla a la que pertenecía-. Un año más tarde huyó de sus filas, pues sus superiores descubrieron que había sido guerrillero, algo que nunca contó.
Hoy, ambos jóvenes terminan el bachillerato y hacen diferentes cursos con entidades como el Sena, mientras tratan de olvidar el pasado.
Él trabaja como operario industrial, mientras que ella se emplea como secretaria. Viven con su pequeña hija en un sector popular de Bogotá, en una casa que pudieron comprar con los subsidios que les dio el Estado.
"Volver a empezar, con tanto dolor en el alma, es difícil. Pero sí se puede", cuenta la joven, quien lamenta que algunos compañeros, en su misma situación, han desistido de los programas del Icbf y han vuelto a la guerra, donde encontraron la muerte.
Su hermana, finalmente, también escapó de la guerrilla. Ambos coinciden en que falta información en los colegios, sobre todo en las zonas rurales, para que los niños y jóvenes no se dejen seducir por los engaños de los grupos ilegales.
REDACCIÓN VIDA DE HOY
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Educación
- Fecha de publicación
- 11 de noviembre de 2009
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