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Fantasía en escena

'Aladino y la lámpara maravillosa', puesta en escena de Ballarte, es una novedosa mezcla de ballet clásico, teatro narrativo y musical. Estará el 13, 14 y 15 de noviembre en el Teatro Colsubsidio.

¿A veces le aburre el ballet clásico? Siendo sinceros, muchos podrían contestar que sí. Romper con esa premisa de que es un espectáculo lejano que solo pueden disfrutar los pocos expertos que saben interpretar sus gestos y sus movimientos, se ha convertido en el reto de Mónica Pacheco, directora de la Escuela Colombiana Ballarte. Su escuela presenta ahora Aladino y la lámpara maravillosa, 52 artistas en una puesta en escena que une el ballet clásico con el teatro narrativo y con el musical. "Queremos llegar a un público más amplio; llamar la atención de los que no son conocedores del ballet clásico y de esa manera formar nuevos espectadores", cuenta Mónica, bailarina profesional bogotana con varios premios internacionales en su haber.

Con esa idea en la cabeza, ella y su equipo de trabajo decidieron montar una producción que fuera ballet con todas las de la ley  y que, además, fuera muchas cosas más. Por eso quien asista a Aladino y la lámpara maravillosa -que podrá verse en Bogotá el 13, 14 y 15 de noviembre en el Teatro Colsubsidio- va a encontrarse con el ballet de puntas tradicional, pero también con danza de jazz, danza árabe y con una novedad todavía mayor: con bailarines clásicos que cantan y actúan.

Esto quiere decir que el público no tendrá que entender la historia con base en los gestos típicos del ballet (que para quien no los conozca resultan incomprensibles), sino que van a tener a los actores contándosela. "Lo único que le faltaba al bailarín clásico era hablar -afirma Julián Alvarado, director actoral-. Los bailarines están acostumbrados a los grandes silencios, pero aquí la propuesta es que también comuniquen con su voz". Alvarado también fue el encargado de la adaptación del guión de este montaje, basado en Las mil y una noches. 

Silvia Alarcón es una de las bailarinas del elenco. Tiene 17 años y es una de las mejores alumnas de Ballarte desde que ingresó, a los 9. "Tuvimos que entrenarnos mucho porque no estábamos preparados para usar la voz. Pero al final resultó enriquecedor y permite que uno se identifique más con el personaje", cuenta Silvia, que realiza dos papeles en Aladino, uno de ellos de bailarina árabe. "Aunque la técnica que adquirimos con el ballet clásico ayuda mucho, recibimos clases de una profesora que nos entrenó en el movimiento de torso y de caderas para esta escena en particular", agrega Silvia. Según Julián Alvarado, el entrenamiento físico de los bailarines de ballet les permite acomodarse a otros tipos de danzas. "Su anatomía les favorece mucho".

La puesta en escena narra la clásica historia de Aladino, el muchacho pobre que un día, en una vieja cueva, se encuentra una lámpara mágica de la que surge un genio quien ofrece hacer realidad todos los deseos que se atraviesen por su mente. La versión de Ballarte, sin embargo, tiene su sello particular: en todos sus montajes, esta escuela se ha propuesto enviar un mensaje al público, más allá del sentido estético. Su lema, dice Mónica, ha sido "Ballet con un propósito".

En la pasada producción, El ballet vive, por ejemplo, tocaron el tema del maltrato infantil, una mezcla poco usual en una disciplina tan elegante y fina como la danza clásica. En esta ocasión, con Aladino y la lámpara maravillosa, el objetivo es comunicar la importancia de la verdad. "El personaje de Aladino quiere hacerle creer a la princesa de la que se ha enamorado que es un príncipe rico y afortunado -cuenta Pacheco-. Pero al final se da cuenta de que no importa lo que tiene, sino lo que es. Y decide mostrarse ante todos tal como es en realidad".

El protagonista y primer bailarín es Jairo Lastre, un colombiano graduado en Incolballet, la famosa escuela del Valle del Cauca. Si bien Lastre es un artista con amplia experiencia en Colombia y en el exterior, esta obra le ha significado un verdadero desafío. "Formar parte de esta obra significa una gran responsabilidad artística porque está dirigida al público más exigente que existe: los niños", dice.

El personaje central femenino es hecho por Lina María Acosta, que tiene 22 años y 15 de formación en Ballarte. Ganadora de una medalla de plata en el Festival Internacional de Cuba, Acosta comparte su oficio de bailarina con el de estudiante de Relaciones Internacionales. "Este montaje ha sido especial, una experiencia nueva -dice Lina María-. Porque una cosa es bailar y otra actuar y hablar en escena". Acosta y Lastre han compartido tablas en varias ocasiones y esa química se percibe en el escenario.  Para ambos ha sido un reto formar parte de esta obra, precisamente por tratarse de una fusión entre música, ballet y dramaturgia. 

  ***

En esta producción no solo ha habido un esfuerzo en el trabajo actoral y de danza: también hay un especial interés puesto en  escenografía, iluminación y vestuario. "Esta es una obra que exige efectos especiales de luces y de sonido porque su historia está llena de fantasía -afirma Mónica-. Por ejemplo, tenemos a un zanquero como parte del elenco, y la alfombra que vuela por los aires es de verdad. No hay razón para que esas puestas en escena sean pobres y rudimentarias". La producción de esta obra, de hecho, superó los 500 millones de pesos. Serán tres días de Aladino y la lámpara maravillosa en Bogotá. Tres días que serán una posibilidad de acercarse a una forma diferente de ver este arte. Su directora concluye: "El objetivo principal de los que hemos participado en este proyecto es uno solo: que el ballet no muera en el país". 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
11 de noviembre de 2009
Autor

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