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E= mc2
La semana próxima se celebra un acontecimiento trascendental en la historia de la ciencia. El viernes 6 se cumplirán 90 años del día en que la Real Sociedad de Londres anunció que una expedición científica había examinado y fotografiado un eclipse solar ocurrido seis meses antes en la costa suroccidental del África y estaba en situación de confirmar los cálculos y predicciones de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. La noticia circuló profusamente por el mundo y coronó al físico alemán con una fama equivalente a la de Galileo Galilei, Isaac Newton o Charles Darwin. Dos años después, ganaba el Premio Nobel de Física.
El suceso estuvo precedido, en septiembre de 1909, por una conferencia en la que Einstein expuso en público por primera vez la ecuación que sintetiza sus esfuerzos científicos. Según ella, la energía (E) es igual a la masa (m) multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz (c2). Es decir, E = mc2. La exposición se realizó ante un millar de científicos en un congreso en Salzburgo y solo tuvo eco inicial entre ellos. Einstein había llegado en 1905 a la formulación del esquema matemático, pero tardó cuatro años en divulgarlo y dos lustros más en adquirir fama mundial.
Lo que descubrió y esquematizó el genial físico nacido en Ulm en 1879 es que cuando se acelera un objeto, este adquiere no solo mayor velocidad sino mayor peso y encuentra su límite de aceleración en la velocidad de la luz. A partir de allí, fue posible construir un edificio científico que cambió las bases newtonianas fundadas en la gravedad y la gravitación. Su importancia se parece a la de descubrir que el mundo es redondo y gira alrededor del Sol. Sin esta ecuación no habría sido posible alcanzar la división del átomo y la era nuclear, con sus ventajas y sus tragedias.
Cuando le llega la fama universal, Einstein era un profesor de 40 años que vivía en Berlín con dos hijas y una nueva esposa. Lo conocían sus colegas por su inteligencia, su afición al violín y su compromiso con causas pacifistas y sionistas. Pocos años después empezó a esponjarse en Alemania el espíritu nacionalista que desembocó en el nazismo y la subida de Adolfo Hitler. En 1933, Einstein renunció a su ciudadanía y se estableció en Estados Unidos, donde continuó enseñando y trabajando y falleció en 1955. La gran paradoja es que el extraordinario descubrimiento al que llegó su mente privilegiada contrarió su talante pacifista cuando las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki aniquilaron a cientos de miles de personas.
editorial@eltiempo.com.co
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 30 de octubre de 2009
- Autor
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