Cerrar

| Actualizado hace 14 minutos

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo.

  • Pico y placa
  • Clima
  • Que buena compra
  • Facebook
  • Twitter

Patrocinado por:

Tolerancia, ingrediente evolutivo básico

Una especie desconocida de simios, el bonobo, permite descubrir formas sofisticadas de asociación. Parecen chimpancés pigmeos, pero son una especie de simio enteramente diferente.

Viven dentro de una feliz y eterna orgía, que usan como una especie de lubricante social para resolver sus conflictos a base de sexo, sin distinciones de rango o edad. Habitan únicamente en las selvas congolesas y su tolerancia con sus semejantes tiene mucho que enseñar. Brian Hare, uno de un puñado de expertos en bonobos (Pan paniscus) en el mundo, explica por qué se libra una carrera contra el tiempo para entender y preservar a los pocos representantes de nuestros primos que aún sobreviven.

 

No sabía de la existencia de los bonobos. ¿Es común?

Nadie sabe nada sobre los bonobos. Apenas fueron descubiertos en 1933, y eso por casualidad, cuando un antropólogo europeo se dio cuenta de que el cráneo que sostenía en sus manos no era el de un chimpancé joven, como estaba rotulado, sino de una especie diferente de animal. Además, habitan únicamente en la República del Congo, concentrados en una jungla increíblemente densa, donde no hay infraestructura de ninguna especie, ni carreteras, ni nada de nada. Una selva en el corazón de una nación que lleva más de 60 años en guerra, donde las condiciones son volátiles y bastante peligrosas. Otra razón es que, comparados con los chimpancés, que existen en al menos 20 países en números que sobrepasan el millón, hay muy pocos bonobos: no se podría llenar con ellos un estadio pequeño.

¿Por eso no existe una Jane Goodall de los bonobos?

Exactamente. Por eso y porque el antropólogo Louis Leakey (el mismo que envió a Goodall a estudiar chimpancés, a Diane Fossey a estudiar gorilas y a Biruté Galdikas a estudiar orangutanes) básicamente no sabía de la existencia de los bonobos. Entonces el estudio de esta especie de primates altamente inteligentes está menos avanzado que el de las otras tres especies. Sólo unos cuantos lugares en el mundo llevan a cabo estudios experimentales con bonobos (no me refiero a nada invasivo, sino a ponerlos a jugar y a resolver problemas y ver cómo responden). Uno en EE.UU., el otro en Leipzig, Alemania, con quienes trabajo y el tercero es nuestro santuario de Lola Ya, en las afueras de Kinshasa (30 hectáreas y la mansión donde el dictador Mbutu Sese Seko iba a pasar fines de semana).

¿Puede describirlos?

Son pequeños, sus caras son más finas, negras, con los labios intensamente rosados, y con frecuencia caminan bipedalmente durante largas distancias. Quiero mucho a los chimpancés pues trabajé años con ellos. Pero amo a los bonobos. Los chimpancés son ese chico de la escuela como el que uno siempre quería ser. Pero los bonobos son como el con que uno siempre quería estar. Son muy divertidos, te miran fija y directamente a los ojos y... sí, sé que esto es algo que no debería decir como científico, no debería antropomorfizarlos, pero se las ingenian para convencerte de que realmente significas algo para ellos.

¿Son los bonobos superiores a los chimpancés?

Sí, porque son más tolerantes unos con otros. Mi interés específico es estudiar cómo se relacionan y se toleran entre ellos sin tener en cuenta rango social, jerarquía o sexo. El objetivo final es hallar las raíces de nuestra propia tolerancia social, nuestra propia inteligencia. Si queremos aprender acerca de nuestra evolución, absolutamente necesitamos trabajar con bonobos porque nuestro ancestro común probablemente era asombrosamente similar al suyo. Los chimpancés son como los pandilleros que no se llevan bien entre ellos y van a las tribus vecinas a cazar y matar a los machos jóvenes (igual que los humanos cuando hacemos la guerra). Los bonobos no son así. Nunca se ha observado una interacción fatal entre distintos grupos.

¿Viven en una orgía continua?

Así es. Usan el sexo como antídoto contra las tensiones y para desactivar situaciones potencialmente complicadas. Y no son sólo hembras con machos: es cualquier miembro del grupo, sin importar edad, jerarquía o sexo. Varias veces diarias. Además es la única especie donde se ha observado sexo cara a cara, en posición de misionero, como entre humanos.

¿Qué tipo de experimentos hacen ustedes?

En uno les dimos a los chimpancés y a los bonobos, en estudios separados, dos pilas de comida que podían compartir o no compartir. Los bonobos jugaban mucho entre ellos antes de sentarse a compartir la comida sin ponerse celosos de que otros comieran de su misma pila. En cambio los chimpancés se evitaban el uno al otro, se sentaban lo más lejos que podían y dejaban claro que "esta es mi comida y no te voy a dar nada".  Hicimos otro experimento que consistía en poner una sola pila de comida fuera del alcance, de manera que la única forma de llegar hasta ella era trabajando juntos jalando una cuerda simultáneamente desde ambos lados. Los bonobos descubrieron el truco inmediatamente y obtuvieron montañas de comida, mientras que los chimpancés jalaban la cuerda de un lado únicamente. Terminaban frustrados y hambrientos. Es decir, los chimpancés son tan listos como los bonobús: saben cómo resolver el dilema para obtener comida, pero su gran problema es que no confían en su compañero. En cambio los bonobos trabajan con cualquier otro bonobo, sin importar su jerarquía dentro del grupo o fuera de este.

¿Se trata de diferencias sociales y de comportamiento?

Sí. Y es muy emocionante porque son especies estrechamente relacionadas... no sólo entre sí sino con nosotros. Tanto es así que tenemos el mismo código genético. Hasta el punto de poder recibir una transfusión de sangre de ellos y viceversa para salvar una vida, si los tipos sanguíneos coinciden. La lección del estudio es esta: descubrir qué es lo que permite a los humanos cooperar en formas más sofisticadas que las de otros animales. Pero lo que con frecuencia no se tiene en cuenta es algo obvio: el ingrediente más importante para la cooperación es la tolerancia. Si no hay tolerancia no se comparte y si no se comparte no hay cooperación. No importa qué tan sofisticado sea uno, no importa qué tanto conozcamos a nuestro compañero, si no somos tolerantes, adiós. Si podemos determinar cómo cambiaron chimpancés y bonobos a partir de su último ancestro común, aprenderíamos mucho sobre cómo evolucionamos nosotros. 

¿Podría decirse que somos como el chimpancé cuando vamos a la guerra y somos como el bonobo cuando construimos la Estación Espacial Internacional?

Bingo.


¿Algún gen, por ejemplo, que predisponga a ese comportamiento?

Es extraordinario que lo pregunte porque se acaba de descubrir que muchas de esas diferencias entre chimpancés y bonobos también se podrían deber a un solo gen -un gen 'social' que actúa a través de un neuropéptido llamado vasopressin. Cuando se tienen ciertos niveles de vasopressin uno tiene más tendencia a ser más sociable y mucho menos agresivo. Resulta que es lo que tienen los bonobos. Créalo o no, nuestro patrón genético para el vasopressin es mucho más parecido al de los bonobos que al de los chimpancés. Es algo asombroso porque tiene una explicación física y a la vez de comportamiento social.

¿Cuánto demora un bonobo en reproducirse?

Son lentos al igual que los otros simios. Incluso si no se matara un solo bonobo más en cien años, su población ni siquiera doblaría. A los 30 o 35 años la hembra ha tenido unas tres crías.

¿Qué sucede con las crías huérfanas que los traficantes de carne no usan?

Esos bebés son la razón de ser del santuario de Lola Ya Bonobo ('paraíso de los bonobos'), donde trabajo varios meses. Normalmente los traen a la ciudad para venderlos como mascotas. (No hay peor mascota que un bonobo). No los podemos comprar, obviamente, porque estaríamos estimulando la matanza. Pero es allí donde interviene Claudine Andre, quien puede describirse como la otra Jane Goodallo Diane Fossey. Claudine es una heroína porque lleva años arriesgando su vida a través de todas estas guerras para salvarlos. Desarrolló un sistema para estimular a las autoridades del Congo, que anteriormente no estaban interesadas, para que confisquen a estos bebés bonobos y hagan cumplir la ley. Esos huérfanos terminan en el santuario, donde hay 52 actualmente. El sueño es poderlos rehabilitar y liberarlos. Claudine, belga criada en el Congo, trae periódicamente a niños de la región para que conozcan a los bonobos y quizás cambien su suerte. Más de 10 mil niños han visitado el santuario.

Por Ángela Posada-Swafford
Miami
fotos: Vanessa Woods

Publicación
eltiempo.com
Sección
Lecturas fin de semana
Fecha de publicación
23 de octubre de 2009
Autor

Publicidad

Paute aqu

Patrocinado por:

Volver arriba