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Pesca de almas

Razones de naturaleza sexual separaron a los católicos ingleses de la grey romana hace casi cinco siglos, y razones de costumbres sexuales, entre otras, podrían ahora reconducir a miles de anglicanos al seno de la Iglesia Católica. En 1533, el Papa excomulgó a Enrique VIII de Inglaterra por anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena. Como respuesta, el rey fundó, bajo su mando, la Iglesia Anglicana. Desde entonces, esta es la más importante fe de Inglaterra; esparcida por el mundo, tiene 77 millones de fieles, en comparación con 1.200 millones de católicos. Unos 5 millones más integran la Iglesia Episcopaliana, derivación norteamericana de la inglesa, con diócesis en una decena de países.

Estos números podrían cambiar notablemente, pues hace dos días el Vaticano abrió las puertas a los anglicanos descontentos con su Iglesia y afirmó estar dispuesto a recibirlos, aun cuando deba hacer concesiones a lo que el cardenal William Levada llamó "el patrimonio litúrgico y espiritual anglicano".

¿Hasta dónde podrían llegar las concesiones? Las tensiones y divisiones internas de los anglicanos son fruto de la posición liberal de sus jefes en torno a las costumbres sexuales, algo que horroriza al Vaticano. Los anglicanos son partidarios de ordenar sacerdotisas, ascender mujeres al obispado, aceptar pastores homosexuales y acoger parejas gays. Roma tolera, excepcionalmente, religiosos anglicanos casados, pero no está dispuesta a ver mujeres en el altar ni a bendecir bodas del mismo sexo. Miles de feligreses anglicanos y episcopalianos tampoco aceptan tanta largueza y podrían pedir entrada al catolicismo.

Aunque ha habido buenas relaciones entre el Vaticano y Canterbury, la decisión anunciada por Levada sorprendió a los jefes anglicanos, y mucho más si se piensa que el año próximo Benedicto XVI visitará Inglaterra, por primera vez como cabeza del Estado Vaticano. Las dos instituciones llevan años explorando terrenos comunes, y el delegado romano del reverendísimo arzobispo Rowan Williamson, máxima autoridad anglicana, declaró que la medida "no ayuda al diálogo ecuménico".

En términos prácticos, la llegada de una masa tradicionalista de otros credos reforzaría el lastre conservador de la Iglesia Católica, pero aumentaría su poder en sitios donde es débil y la consolidaría como la gran fuerza del cristianismo. Y en términos espirituales, sería el regreso de hermanos descarriados a la verdadera fe. En fin, para usar palabras del Evangelio: una eficaz pesca de almas.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
22 de octubre de 2009
Autor

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