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Por un pelo, casi pierden la cabeza

¿Estaría dispuesta a exponerse a riesgos innecesarios con tal de tener una melena de comercial de televisión? Si se demoró en decir no, está en serios problemas. Testimonios sobre locuras capilares.

Por ahí dicen "si quieres ser bella tendrás que ver las estrellas",  aunque algunas mujeres las ven no de la mejor manera. Estrelladas y ciertamente algo afeadas terminan en esa carrera desbocada a la que nos lanza la vanidad y en la que nuestro peor enemigo es el caprichoso y dominante ego, que nos alienta para que tratemos de lucir como 'las más', a costa de lo que sea. En ese afanoso intento no faltan las ingenuas, distraídas, tercas y temerarias que terminan protagonizando accidentes, desastres y locuras capilares que ponen en riesgo algo más que el pelo, patrimonio de belleza y feminidad. Y todo con tal de ser dignas de admiración como en los tiempos de Sansón... por la melena. Algunas se arrepienten y otras, con cierto descaro, son reincidentes porque no aprendieron la lección. Estos son testimonios reales, con tintes de leyenda en salones de belleza. Hablan las víctimas y victimarios, quienes sintieron perder la cabeza como la pobre reina María Antonieta, aunque no por una filosa guillotina sino a manos de un producto mal aplicado o traído de los cabellos.

"El 'botox' capilar pudo dejarme ciega"

Adriana Mendoza, una joven ejecutiva bogotana, faltó a un precepto femenino sagrado: no confiarle su cabeza a cualquiera. Usuaria del popularmente llamado 'botox' para restarle volumen al pelo y darle mucho brillo durante cuatro meses, no contó con suerte en su cuarta aplicación. "Fue hace un par de semanas, me sentí muy mal. A eso de las 7 de la noche me retumbaba en mi cabeza un estridente pum, pum, pum, no podía abrir los ojos. Tres horas después tomé pastillas para el dolor, pero no se me quitaba, empeoraba cada vez más. A las 5 de la mañana ya no aguanté más, me lavé la cabeza (la orden es hacerlo al tercer día de aplicado el producto para que los resultados duren más) y sentí alivio. Llamé a mi médico y le comenté. Él me dijo que me había intoxicado y que de milagro no quedé ciega o me dio un aneurisma por probar sustancias de dudosa composición.  Mi hermana, que vive en Estados Unidos y allí se sometió a una técnica similar, me había dicho que ese 'botox capilar' contiene formol y puede causar pérdida de visión... Pudo haberme ido peor, sin embargo, el malestar me duró todo el fin de semana".

LECCIÓN: Adriana aprendió que ante la duda hay que abstenerse. Se sometió a ese liso extremo con spray porque le resultaba más barato (cuesta 300 mil pesos); los que se hizo antes le costaron 450 mil pesos la sesión.  Además, prometió ser más cuidadosa, no dejarse llevar por los caprichos de la moda y consultar antes con un especialista del pelo.

"Con el cuello inflamado, pero felizmente lisa"

Primero muerta antes que crespa podría ser la consigna de una prestante empresaria del mundo del entretenimiento que prefiere mantener su nombre en reserva por temor a lo que piense de ella su esposo (él desconoce sus travesuras capilares) si se entera de que se puso en riesgo por un alisado. "En Brasil me hice hace tres años la escoba, un popular método de alisamiento allí. La primera vez me impresionó el olor a formol y pensé 'voy a morir intoxicada, menos mal no me está viendo mi esposo' (risas). El efecto duró ocho meses, tiempo en el que me volví a hacer otra aplicación en la raíz para desaparecer el look esponjado. Ya en Colombia, a pesar de que fui donde mi peluquero de confianza, no conté con suerte y tras la aplicación empecé a sentir comezón, me veía el cuero cabelludo rojo, especialmente en la corona y en la nuca. Él me dijo que para calmar la piquiña usara vaselina, sentí un poco de alivio pero la rasquiña persistió. Habían pasado 24 horas, lo llamé y le dije que no aguantaría tres días así hasta lavarme el pelo como me había indicado, y más porque noté que al intentar subir una ceja no podía y sentía la piel tiesa. No me importó perder la plata, me lavé el pelo enseguida, aunque no fue suficiente porque en la noche mi cuello estaba inflamado. Al otro día, cuando ya había salido mi esposo, visité a mi médica, la puse en contacto con mi peluquero y nos dijo que había tenido una reacción alérgica. Le preguntó a él cuánto producto me había aplicado y le recomendó bajar la dosis. Es cierto, me llevé un buen susto, pero igual pienso repetir el procedimiento en diciembre, porque me deja el pelo muy bonito".

LECCIÓN:  Ella no la aprendió... Prefiere arriesgarse antes de ser esclava del secador y de lucir frizz en clima cálido. Usted, no toree a la suerte, cerciórese de posibles reacciones alérgicas y si es medianamente curiosa, dese cuenta de si el producto en cuestión tiene registro del Invima.

¿Así o más mona?

Leonardo Ortegón, conocido asesor de imagen de actrices y reinas de belleza, no olvidará nunca que el que se desconcentra pierde y que estilista que se respete jamás debe suponer que las clientas se las saben todas. Un buen día, hace siete años, estaba haciéndole mechones rubios a una de sus más queridas clientas en su casa, y mientras fue a la droguería a comprar tinte, ella, que tenía un poco de frío, salió al patio a tomar el sol.  ¡Craso error! "Cuando regresé, a los 20 minutos, le estaba saliendo humo de la cabeza y no porque estuviera de mal genio, sino porque casi se incinera. Le quedaron los mechones de cinco centímetros de largo apenas; su cabellera se había churruscado y parecía pelos de mazorca. Por supuesto, ella nunca me volvió a llamar".

LECCIÓN: Leonardo aprendió que un estilista a domicilio debe llevar todo cuanto necesita porque un minuto
hace la diferencia.

Desafiando la naturaleza

Nadie está contento con lo que tiene, y menos una mujer vanidosa. Claudia López recuerda cómo en sus días de universidad, con el afán de ahorrarse unos pesos y la creencia de que las rubias se divierten más, le encomendó a su mejor amiga que le tinturara el pelo. "Ella fungió de estilista y escondidas en el baño de su casa nos dimos a la tarea de mi transformación de trigueña promedio a rubia espectacular. El resultado no podía ser más desalentador: la mitad de mi pelo, en ese entonces muy largo, me quedó rubia platinada y la otra, aún no sabemos por qué, oscura, parecía un zorrillo... Para remediar la situación, a mi abuela le había escuchado decir que una solución a base de petróleo emparejaba el tono y lo dejaba negro azabache, pero a mí me quedó como azul noche... ¡me veía terrible!  Al otro día, no tuve más remedio que ocultar ese desastre recogiéndome el pelo en una cola de caballo y esperar más de un año para recuperarlo".

LECCIÓN:  Recuerde que por algo existen profesionales para cada necesidad y que lo barato sale caro.

Por  Flor Nadyne Millán M. 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de octubre de 2009
Autor

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