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Fiebre de póker

El famoso juego de cartas está tan de moda en el mundo como nunca antes se había visto, y Colombia no es ajena a este fenómeno.

La Plaza del Che, en la Universidad Nacional, el día en el que los estudiantes protestan contra las bases militares gringas en Colombia, quizás no sea el lugar más adecuado para sentarse a conversar sobre un tema tan supuestamente refinado y rancio como es el póker. Pero ahí está Jonathan Velásquez -de 24 años y a punto de graduarse en ingeniería de sistemas- hablándome del tema en medio del despelote. Bluyín, tenis y una gorra alusiva al póker. "Siempre llevo puesto algo relacionado con ese juego -me dice-. Lo hago por gusto y también porque así la gente se me acerca y me pregunta".

Con su vestimenta, Velásquez le hace publicidad a su pasatiempo favorito, pero sobre todo a su negocio, una página de internet llamada colombiapoker.net, propiedad que comparte con su amigo Andrés Moncada, quien vive en Medellín. Se trata de un espacio con más de 4.000 usuarios y que es famoso entre los aficionados por su foro, en el que se discuten estrategias y técnicas de juego. Pero colombiapoker va más allá. Funciona como una ventana para asomarse a las grandes plataformas de juego en línea: pokerstars, pokerloco y fulltilt, entre muchas otras.

Se calcula que sólo en pokerstars juegan más de tres millones de personas al mismo tiempo, lo cual traduce que diariamente muevan la mitad del dinero que se apuesta en los casinos de Las Vegas en un solo día. Lo cierto es que en cualquiera de estas páginas el juego rey es el Texas Hold'em, acaso el más sencillo de los muchos tipos de póker (dos cartas tapadas para cada jugador y cinco 'comunes', abiertas para todos; la idea es conseguir el mejor juego haciendo uso de las cartas propias y de las 'comunes') y el mismo que hace cosa de tres años llegó al país a través de canales de cable como ESPN y Fox Sports.

"Fue a causa de que esos canales comenzaran a transmitir la WSOP (serie mundial del póker) que la moda reventó en Colombia. Desde ese momento el juego no ha dejado de crecer y ganar adeptos", me explica Moncada a través de un correo electrónico. Y sí que es cierto: el que antes era un pasatiempo de hombres mayores y de clases elevadas, es ahora un juego -y tal vez un modo de hacer, o de perder, dinero- para estudiantes universitarios de todo el país. Podría decirse que ya no hay universidad que no tenga en sus alrededores uno o varios clubes de póker.

Precisamente, después de nuestra charla en medio de las protestas, Jonathan me invita a un lugar a unos pasos de la Universidad Nacional. Un apartamento medio acabado, en el segundo piso de lo que parece ser un café internet, está a reventar de muchachos.

Xiomara Téllez, de 32 años, es la dueña de este club de póker. Abrió el local apenas hace dos meses. Antes, durante dos años, tuvo un negocio parecido por los lados de la Universidad de la Salle, en el barrio La Candelaria. Todos los días abre a las 11 de la mañana y cierra más o menos doce horas después. Aunque sencillo, el sitio funciona con el orden y el cumplimiento de cualquier lugar especializado en póker: hay horarios establecidos y mesas para juegos libres, satélites y torneos.

En las mesas libres las fichas tienen una representación real (valen exactamente lo que indican) y los jugadores, después de perder, pueden volver a entrar, basta con que tengan el dinero. En los satélites no. Los satélites se hacen como eliminatorias de los grandes torneos finales, en los que el ganador termina quedándose con las fichas de todos, cuyo valor no es exactamente el mismo de la bolsa final: puede ser menor o, comúnmente, mayor. En los satélites, además, quien va saliendo, sale definitivamente. No puede volver a entrar.

Pues bien, tras una clase de cinco minutos, me siento a jugar un satélite. A los estudiantes les gustan este tipo de juegos porque les permiten clasificar -si es que lo logran- a los torneos, invirtiendo poco dinero. La cosa es así: para jugar un satélite se pagan, por ejemplo, sólo 6 mil pesos y la bolsa final del torneo es de 200 o 300 mil pesos. Si no hubiera satélites, la cifra que tendrían que pagar por entrar a un torneo sería impagable para cualquiera de ellos.
¿Que cómo me fue? Qué decir. Ya Xiomara y Jonathan me habían advertido: "El póker es un juego más de habilidad y destreza que de suerte. Exige maestría en la toma de decisiones, disciplina, concentración, paciencia. Es quizás aún más complejo que el ajedrez". Así que ni hablar. Pero, tal como lo había escuchado alguna vez, es también cierto que, más que un juego de cartas, es un juego de personas. Las señas y las muecas de los jugadores hablan, dejan ver la emoción ante un par de ases o los nervios de estar cañando con un 2 y un 7. De ahí que en ESPN los profesionales de la WSOP lleven gafas, gorros y sombreros mientras juegan. Cualquier gesto los puede delatar. 
Cualquier gesto puede demostrar, por ejemplo, que están 'tildados', que fue lo que terminó pasando durante mi jornada de juego en aquel club. "Tildarse: empezar a perder el control y jugar mal por culpa de otro que, sin saber jugar, me gana", podría ser una definición del concepto. Gané varias manos sin ni siquiera cañar, simplemente jugando mal; y de pronto mis compañeros de mesa empezaron a mostrar señas de alteración y el juego se les volvió un nudo. Mejor dicho, se 'tildaron'. Pero no. Ni así gané.

Los lugares de lujo

Vicente Casas es un hombre de negocios que lleva más de 50 años jugando póker. Recuerda los días en los que era común que en los grandes clubes sociales de Colombia se jugaran fortunas todos los días. "Pero eso fue hasta mitad del siglo XX, porque fueron muchas las familias 'bien' que terminaron en bancarrota -me dice-. El póker cogió entonces mala fama. Otra cosa que se acabó fue la de que algunos clubes hasta terminaban respondiendo por las deudas de sus socios... Todo eso dejó de existir".

Y el póker en Colombia pareció entrar en un letargo del que -nadie lo duda- terminó despertando gracias a las transmisiones de la serie mundial por televisión y la oferta de juego a través de internet. Durante esos largos años se convirtió en un esparcimiento de familiares y amigos que -tal como aún lo hace Casas con su grupo, y como parece ponerse de nuevo de moda- se reunían una vez al mes "para jugar con un límite claro de cantidad de dinero y de tiempo de juego: la única forma de no terminar peleando ni amanecer quebrado al otro día".

Pero la nueva fiebre de póker también ha terminado entrando otra vez a los muy aristocráticos clubes sociales. Una o dos veces al año, algunos de los más importantes del país celebran torneos técnicamente semejantes a los del lugar aledaño a la Universidad Nacional, pero con bolsas de 10 millones de pesos o más, que muchas veces son donados por sus ganadores a obras sociales. Y algo más: no es raro que a las cuatro de la tarde o las diez de la noche los salones 'reservados' de estos clubes estén ocupados por jugadores concentradísimos en los vericuetos de una ronda de Texas Hold'em.

Jugadores jóvenes, además. Si algo tiene de particular la pasión de hoy por el póker es que ha sido motivada por muchachos que apenas acaban de cumplir la mayoría de edad y que se aficionaron al juego a través de la televisión y de internet, este último, un medio que conocen y manejan con una facilidad asombrosa.

Y es que si el club junto a la Universidad Nacional -por obvias razones- estaba repleto de jovencitos, lo mismo se puede decir de Rockefeller y Jack's, los dos lugares especializados en póker más famosos de Bogotá. Muy cercanos el uno del otro, son, en su orden, algo así como los escalones por ascender para cualquier joven jugador de póker que se esté tomando en serio las cosas. Empiezan en los clubes universitarios y, cuando ya se sienten un tanto confiados y con el presupuesto suficiente, empiezan a ir a Rockefeller. Si la cosa funciona, el siguiente escalón se llama Jack's.

Carlos Gaitán, director operativo de Rockefeller, me dice: "Tenemos un buen reconocimiento en el mercado debido a que nos preocupamos porque los jugadores cumplan las reglas y jueguen con caballerosidad y rigor. Al principio (el lugar existe hace poco más de dos años) nadie cumplía las normas, nadie las conocía, jugaban a las patadas, y cambiar eso fue todo un reto".
Durante nuestra charla, dos jugadores se acercan con la misma duda: están jugando en una mesa libre y quieren levantarse, quieren irse, pero les da pena hacerlo. En el póker, irse de improviso, sobre todo cuando se está ganando, es pésimamente visto. Gaitán les da a los dos el mismo consejo: "Avisen que van a jugar media hora o una hora más, y ahí sí se levantan". Muy probablemente eso no sucedería en el club junto a la Universidad Nacional. A lo mejor, allá el que se quiere ir, se va. Recuerdo las palabras de Xiomara: "Si alguno de los que juegan en Rockefeller o en Jack's viniera a mi negocio, saldría completamente espantado". Y las diferencias por el lado de la plata también son garrafales: si los muchachos van donde Xiomara con 10 o 20 mil pesos en el bolsillo, a Rockefeller no entran con menos de 100 o 200 mil. Ni hablar de Jack's.

"La gente lo percibe como el gran lugar para jugar póker en Bogotá. Nuestras mesas son las más pesadas y hacemos torneos mensuales que pueden ser de 15, 20 o 70 millones", me cuenta Chris Janssen, el dueño de Jack's. Y después agrega que, desde hace seis meses, ha buscado ampliar un tanto el target del lugar bajando el precio de las inscripciones a los torneos y los satélites: bien sabe que los jóvenes, los nuevos grandes interesados en el póker en Colombia, no manejan los presupuestos de los más adultos, que eran los únicos clientes del lugar hace unos años.

Poker.com
De una u otra forma, si hay estudiantes y recién graduados que ya juegan en lugares como Rockefeller y Jack's es porque tienen el poder adquisitivo para hacerlo. ¿Y de dónde sacan el dinero? La respuesta parece ser una sola: internet. "Todos comienzan a jugar por ahí, todos aprenden así", me dice Xiomara. Y Jonathan añade: "Es que el póker puede ser visto como un negocio, y ya hay gente en el país que pasa ocho horas al día frente a la pantalla jugando en 20 o 30 mesas distintas al mismo tiempo en las páginas de internet".

Más tarde, Carlos Gaitán, de Rockefeller, me cuenta que en el país hay como mínimo 200 personas que ya están viviendo -y viviendo bien- a punta de jugar póker a través de la red, y que puede haber cuatro o cinco a los que ya se les puede considerar jugadores profesionales: ganan al mes entre 13 y 14 mil dólares gracias a estar todo el día moviéndose genialmente en pokerstars, pokerloco o fulltilt.

Ahora que lo pienso, todos los jóvenes aficionados al póker con los que hablé me confesaron que esa es su fantasía: dedicar los días enteros a jugar en internet aun después de hacerse ricos ganando una bolsa de millones de dólares. Trabajo arduo. Al fin y al cabo, hay por ahí un dicho que dice: 'El del póker es el dinero fácil más difícil de conseguir'. 

Por Andrés Arias

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
28 de septiembre de 2009
Autor

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