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La nave del asbesto

En abril del 2008, el suntuoso buque de pasajeros 'Freewinds' estaba siendo sometido a refacciones en Curazao cuando se descubrió que contenía en su estructura asbesto azul, un peligrosísimo material, vetado en los países del mundo civilizado por ser causante de cáncer. De inmediato, las autoridades portuarias de la isla ordenaron detener las obras, ante el riesgo inminente que existía para 240 trabajadores polacos.

Ya existían voces de alerta respecto al peligro que representaba el buque, utilizado como escuela itinerante por parte de la controvertida iglesia de la Cienciología. Lawrence Woodcraft, un arquitecto que hasta 1987 había pertenecido a esa secta tras haber dirigido obras de remodelación en la misma nave, denunció en el 2001 los altísimos riesgos que se generaban a partir del asbesto y denotó la indiferencia de las autoridades de la iglesia ante esa incontrovertible realidad.

Sobre lo ocurrido en Curazao hay versiones fragmentarias. Se dice que, después de la cuarentena, la Curaçao Drydock Company intentó reanudar las obras, pero la contaminación estaba tan expandida, que esa empresa decidió no arriesgar a sus trabajadores locales. Entonces, Cienciología decidió enviar personal de su fuerza privada, denominada 'Sea Org', y ellos se encargaron de recoger y luego botar el material en Selikor y dejar al barco supuestamente libre de asbesto. Pero eso no convenció a Woodcraft, quien dijo: "Yo simplemente no veo cómo pudieron lograrlo, si el material está en todas partes, incluso en grietas bajo la pintura".

Así las cosas, y después del escándalo de Curazao, ¿a dónde fue a parar el 'Freewinds'? ¿Qué país ingenuamente lo acoge para la exhaustiva refacción que hizo salir de Curazao a 240 polacos como almas que llevaba el diablo?

Pues, por supuesto, la siempre cordial Colombia.

A comienzos de este año, el diario El Universal de Cartagena publica la noticia de que el 'Freewinds' está en aguas de la ciudad para refacciones. Al mejor estilo de toda vanagloria tercermundista, el arquitecto de la obra asegura que para Colombia es un orgullo que esos trabajos se realicen aquí, que se están invirtiendo cuatro millones de dólares y que unos 500 trabajadores nacionales se benefician con la gran refacción. Por ningún lado se menciona a la iglesia de la Cienciología, lo que deja la idea de que el buque es un crucero como tantos que andan por el mundo.

Ya refaccionado, el 'Freewinds' ha reiniciado sus funciones como buque escuela, que utiliza a Cartagena como puerto preferencial. Es, sin duda, puntal en la ofensiva de la Cienciología para entrar en Colombia, un país donde nadie le ha cuestionado asuntos tan delicados como el que ahora la tiene en medio de un sonado juicio en Francia.

Anclado en el puerto de Cartagena, el barco recibe a menudo visitantes colombianos, muchos de los cuales llegan allí ante la promesa de un "curso", con el que podrán superar cualquier problema personal que estén enfrentando. Ya adentro, cuando ven los lujos, el culto gráfico al líder de la iglesia, L. Ron Hubbard, las fotos de Tom Cruise, la 'T' mayúscula por todos lados, se dan cuenta en qué se han metido.

Pero, más allá de todos los cuestionamientos que globalmente se le hacen a la doctrina cienciológica, necesariamente deben surgir dudas en torno al enorme riesgo para la salud que constituye en Cartagena la presencia del buque, como quiera que el asbesto causa un agresivo tipo de cáncer llamado mesotelioma.

El hecho de que en la ciudad nadie sea consciente de la leyenda negra del 'Freewinds' es plenamente consecuente con la posición de los cienciólogos, que jamás han aceptado el problema, en muchos casos con el argumento de que si Hubbard no se ha referido al asbesto, entonces no hay nada de qué preocuparse.

Lamentable que ninguna autoridad haya alertado, ni que la Dimar haya indagado a fondo, como sí lo hicieron en Curazao. Al fin y al cabo, lo que está de por medio es la salud de 500 trabajadores de este desamparado país.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
27 de septiembre de 2009
Autor
Ernesto McCausland Sojo

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