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Australia debe sacrificar sus camellos, porque se convirtieron en plaga que afecta los ecosistemas
Aunque la imagen del país es asociada con los canguros y los koalas, pocos saben que cerca de un millón de camellos salvajes -la población de esta especie más grande del mundo- recorre el territorio.
Consumen el 80 por ciento de los alimentos disponibles en el desierto, y cada uno puede ingerir hasta 200 litros de agua en tres minutos, por lo que se han convertido en un problema de tal magnitud que la alternativa más "efectiva", según el Gobierno, es disminuirlos, literalmente, a bala.
Por eso, por primera vez, el Gobierno trazó un plan para controlar los daños que le causan al medio ambiente alrededor de 700 mil camellos desbocados.
Si la población de camellos salvajes no es controlada, es posible que en nueve años se duplique. Suzanne Medway, directora ejecutiva de Wildlife Preservation of Australia, aseguró, en diálogo con EL TIEMPO, que no se trata de erradicar totalmente los animales, "pues esto es casi imposible y el Gobierno nunca lo ha intentado con ninguna especie. Pero reducir la población es una necesidad, ya que ellos dañan el medio ambiente, son muy agresivos y destruyen los tanques de agua".
Las plagas no son novedad para los australianos, que en el pasado han debido enfrentar emergencias por el número desproporcionado de conejos, burros, caballos, cerdos, zorros, búfalos, e inclusive sapos gigantes, algunos de los cuales no son nativos y que fueron importados para labores domésticas cuando se empezó a poblar el continente o, precisamente, para controlar el desmedido crecimiento de otros animales en el pasado.
En total, hay 19 especies vertebradas que se han convertido en plagas, debido al alto impacto que tienen. Pero los camellos, a juicio de ambientalistas y expertos, son los peores. Con su trasegar provocan pérdidas anuales por 13 millones de dólares.
Por esto, el mes pasado, el Gobierno anunció la inversión inicial de 16 millones de dólares (el equivalente a casi 31.000 millones de pesos) para desarrollar el programa de reducción. Según estimaciones oficiales, 3,3 millones de kilómetros cuadrados de territorio en el centro y noreste de Australia son ocupados por estos animales, y anualmente su población se incrementa en 80.000 ejemplares.
Los camellos fueron introducidos en Australia en 1840 para ser usados como medio de transporte en la exploración del interior del territorio. Se calcula que hasta 1907 fueron importados de la India entre 10.000 y 20.000 camellos.
La organización Desert Knowledge CRC -encargada del programa de reducción, que tardará cerca de cuatro años y que comenzará a finales del 2009- presentó un estudio el año pasado que señala que los camellos causan accidentes en los ecosistemas del desierto, el patrimonio cultural aborigen y la industria agrícola.
Desde lo alto
El método para controlar el incremento en la población de esta especie consiste en dispararles desde helicópteros volando a baja altura. Según la organización, se busca limitar el número de camellos a un nivel que les permita a las especies autóctonas sobrevivir.
Pero no todos están convencidos de la solución planteada por el Gobierno. Mark Pearson, director ejecutivo de la organización defensora Animal Liberation New South Wales, dice que matar a los camellos de esta forma es cruel, pues "es probable que queden heridos y traten de huir, para luego morir lentamente y con dolor".
Pero la directora general de Desert Knowledge CRC, Jan Ferguson, dice que el programa de reducción humana de animales "es la práctica que tiene los más altos estándares", según los cuáles los animales "no sufren debido a la rapidez y efectividad de este método".
Esterilización
Otra de las posibles soluciones planteadas por los expertos es un programa de esterilización. Aunque podría ser más costoso durante los primeros años, a largo plazo sería más "efectivo", según Pearson, quien afirma que "no tiene sentido invertir en dispararles a los camellos porque el problema será controlado por año y medio, y después se van a reproducir".
Por el contrario, Medway asegura que "no es práctico pensar en un programa de esterilización. No hay otra solución (dispararles) para regular una población de tal magnitud".
Una vez sacrificados los animales es posible que su carne sea usada para el consumo humano o como alimento para mascotas. De acuerdo con los estudios de Desert Knowledge CRC, matar cada animal cuesta 100 dólares, razón por la cual aún no se conoce cuánto debe invertir el Gobierno australiano para completar el programa.
SANDRA RAMÍREZ CARREÑO
PARA EL TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Internacional
- Fecha de publicación
- 26 de septiembre de 2009
- Autor
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