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En casting de una película 'porno' estuvo un equipo periodístico de EL TIEMPO

Crónica de cómo 24 jóvenes pagaron para ser filmados en 'acción', aunque casi todos fracasaron.

-Chao, muchachos. Y mediten lo que pasó.

No es una profesora que regaña a sus alumnos. Es Andrea García, directora de 17/26, la productora de pornografía más grande del país, que termina un casting para actores porno en Bogotá. Veinticuatro hombres se despiden y se disculpan: fueron los nervios, la tensión, fueron las luces, las cámaras.

Dos horas antes habían llegado a una casa blanca de dos pisos y jardín, cerca de la 127 con Autopista Norte. Un prostíbulo dispuesto para la ocasión. La convocatoria había sido por Internet: "¿Quiere ser actor porno? Esta es su oportunidad. Estará bajo la lente de Cristian Cipriani y Andrea García, expertos productores de cine adulto". Requisitos: ser mayor de edad, pagar 35 mil pesos, ir duchado y llevar un par de condones. "Si no quiere ser reconocido, use máscara".

Son puntuales. A las dos de la tarde del sábado llenan la sala del primer piso y firman un contrato rápido que le da a la productora los derechos de lo que se grabe. Arriba, en un salón que mira hacia el patio trasero, con marquesina blanca, los esperan las cámaras de Cristian, la evaluación de Andrea, y dos chicas contratadas para la acción: Lucy y Tasha, sentadas en un sofá de tela azul ya trajinada. Hace sol. El aire pesa y esto todavía no ha empezado.

-¿Están listas? -les pregunta Cristian-. Ya voy a soltar el ganado.

Andrea da las últimas indicaciones. Los aspirantes suben y se sientan en dos sofás amarillos frente a Lucy y Tasha. Entre ellos y ellas, dos camarógrafos, tres fotógrafos y una mesa donde Andrea tiene un computador prendido. Unos cubren su rostro con antifaces, pasamontañas, tapabocas, gafas, máscaras. Otros muestran su cara. Solo bóxers puestos. Todos descalzos.

-Arranca la acción -dice Cristian, cámara de video en mano.

Los directores

Cristian Cipriani y Andrea García se conocieron en Medellín, cuando ella era directora del canal Kamasutra (para adultos) y él, un estudiante de diseño que no llegó a graduarse. Los unió el sexo, en el sentido personal y laboral. Y el amor. Cerrado el canal -en el que Cristian hizo un programa llamado El semental- crearon una página web porno y la empresa 17/26, que abastece de material a portales de internet de E.U., España, Holanda, Italia, Chile y México.

"Somos la única familia colombiana que vive del porno -dice Cristian, que es flaco hasta el límite y con unos ojos que no se quedan quietos-. Que seamos ricos, no. Pero es buen negocio".

Producen entre treinta y cuarenta escenas por semana, vendidas con anticipación. Solo este año, su página ha generado 60 millones de pesos en suscripciones. Pero su público objetivo no es el colombiano, sino el del exterior. Por cada escena de quince minutos -que es como se mueve el porno hoy, nada de películas que intenten argumentos- cobran 800 dólares. "Lo grabado hoy en el casting ya va para New Jersey", dicen.

Escena I

-Señores, la mecánica es sencilla -empezó por explicar Cristian-. Como sabemos que no son profesionales y aún no están duros, Tasha hará de asistente y se encargará de acicalarlos. Luego pasarán a ser dominados por Lucy.

Lucy es una barranquillera de 25 años, con experiencia en videochats porno, menuda, con pelo de dos colores y una cicatriz en su rodilla izquierda. Tasha (que parece la hermana menor de la actriz fetiche de Almodóvar, Rossy de Palma), está con una falda rosada que tiene un 69 pintado. Lo que se verá en el casting se conoce en este mundo como gang bang: "enfrentamiento sexual de una mujer contra al menos cuatro hombres", según el Diccionario arbitrario del porno, del periodista Simón Posada. Cada candidato va a disponer de nueve minutos con Lucy. El más joven tiene 23 años y el mayor 47. No hay cuerpos de gimnasio ni tampoco caras de modelaje. "No espere que a esto vengan tipos buenos", dice Andrea. Tasha pasa por cada uno, toca y descarta. Toca y descarta. Mira a Cristian y mueve su cara de lado a lado. Nada. "Estamos nerviosos", explican ellos.

-El primero tiene puntos extra -promete Andrea.

Por fin Tasha anuncia uno.

-¿Quién es? ¿Sam? Listo, viejo, con Lucy. Tasha, no me dejés caer a los otros -dice Cristian.

Sam se pone nervioso, rojo, fracasa. Andrea le dice:

-Devuélvase a la zona de la recapacitación.

Uno, dos, tres pasan. Tres fracasan. Lucy, con las cámaras encima, se queja: "Very bad, very bad" (y más, en un inglés inentendible). Otro lo intenta. Andrea, con gafas de sol puestas, baja la cabeza, revisa y sentencia:

-No haga trampa, mijo, que ahí no hay nada.

-Muy mal, Bogotá -alega Cristian. ¿Who is the next?

Los protagonistas

Hernán no usó alias ni cubrió su rostro. Tiene 24 años, es bogotano y trabaja en reparación de portátiles. Piensa que no estaría mal dedicar los fines de semana al porno. "Es mi primer casting. Me lo imaginaba más privado. Pero con veinte tipos ahí es complicado". A su lado está Nico, 37 años y un antifaz rojo y verde. Nico, 'nombre artístico', solo dice que es consultor y consumidor habitual de pornografía. "Sin la presión de las cámaras, modestia aparte, me desempeñaría bien. Si me escogen, bien. Si no, pasé una tarde fuera de lo común, lejos de mi esposa que es de mente muy cerrada".

Genaro eligió ese sobrenombre porque dice que parece italiano. Sabe que no está en un buen día, pero no deja de pedirles a Cristian y a Andrea que lo tengan en cuenta así sea como utilero. Su nombre real se lee en su carné de estudiante de medicina de la Javeriana.

Leonardo, 23 años, estudia tecnología industrial pero dejaría todo por consagrarse como actor porno. "Este es mi sueño", asegura.

Escena 2

Cristian graba a los participantes, que siguen con Tasha.

-¿Qué tiene ahí, mijo? Usted, el del tapabocas, está listo. Condón puesto y al ataque.

Más se demora en caminar hacia el sofá, que en regresar.

-¡Vergüenza nacional! Sacáte las tetas, Lucy, a ver si así sí -grita Cristian.

Deciden que pasen de a cuatro. Las cámaras se acercan. Cristian da órdenes: "Más separados, piel con piel que no se ve nada, tengan sentido de cámara, bajáte los calzones, tú no Lucy, él, pero ¿qué, todos perdieron la batalla?"

"Quedan diez minutos", advierte Andrea. Llevan más de una hora y nada.

-Mejor pónganse en fila y que Lucy y Tasha les hagan sexo oral -ordena ella- .

Las cámaras captan todo en primeros planos. Los condones caen al suelo. "En el piso no, en la caneca", grita Andrea. Al final rodean a Lucy y aplauden a la cámara. Sea lo que sea que genere esta escena en quien la compre, en vivo solo produce risa. Y náuseas, porque el aire se hace irrespirable. Y aburrimiento. Ya lo dijeron Andrés Barba y Javier Montes en su libro La ceremonia del porno: "Es el tedio, y no la censura, el verdadero enemigo mortal de la pornografía".

Actor estelar

Cristian y Andrea saben que no es fácil encontrar actores. En los seis años que llevan en el negocio, solo han tenido cuatro profesionales. Hoy trabajan con Johnny, hermano menor de Andrea. "Él no nos falla", dicen. Johnny, 25 años, cuenta que la clave está en no ponerse ansioso y en "cuidar la alimentación: como mucho zinc". Él ya tiene varias escenas en su haber, todas para internet, que es la casa actual de la pornografía.

Cuando Barba y Montes escribieron su libro, en el 2007, dijeron que al poner 'porno' en Google aparecían 85 millones de resultados. Hoy salen 157 millones. Expertos han calculado que el 50 por ciento de las descargas de videos en la red son de contenido porno, y generan el doble de ingresos que las descargas musicales.

Audiciones como la de Bogotá las hacen para mantener contentos a los clientes de su web. Saben que de ahí no saldrá una estrella porno. "Son tan patéticos que son divertidos", dice Cristian. Pero como el mercado se mueve hacia el porno amateur, estas escenas tienen clientes fijos. "A lo que grabamos hoy le voy a sacar plata hasta que me muera -agrega-. Es una pensión de por vida".

MARÍA PAULINA ORTIZ
REDACTORA DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Vida de hoy
Fecha de publicación
19 de septiembre de 2009
Autor

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