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Con los códigos del barrio (opinión)
Parecía que los pibes de Independiente de Tandil iban a romper el club de la emoción. Cada tanto de Del Potro era una explosión.
Frente al televisor de la cantina, las mesas retumbaban por los golpes y las sillas bailaban. Un socio del club estaba a punto de ganar el Abierto de Tenis de Estados Unidos. Juancito, el flaquito que empezó a pelotear a los 6 años en el frontón de Independiente, el que después pegó ese estirón que lo hizo trepar casi hasta los dos metros, estaba palo y palo con Federer nada menos. El suizo es más jugador, pero Juan no le aflojaba. Y cada fierrazo suyo, porque no son raquetazos, son fierrazos, que se le iba de largo a Federer generaba una aclamación en Tandil, esa pequeña fabriquita de tenistas. En el país también.
Y en Nueva York, seguro que a Juan se le cruzó más de una vez la imagen de Tandil, de todo el club cinchando como loco por él. Y ahí no se puede fallar. Esos códigos barriales son sagrados en la Argentina para cualquier deportista que se precie. Perder se puede, pero hay que dejar la sangre. Y no achicarse nunca.
Del Potro regó la carpeta de Flushing Meadows con su sangre y la tapizó con su alma. Y con sus casi 21 años puso otra chapa latinoamericana en el historial del torneo. Un futuro luminoso aparece en su horizonte. Puede llegar a número uno o estar entre los cinco primeros. El golpe ya lo dio.
Totalmente a contramano del contexto de país, el deporte argentino es un milagro que no para de asombrar. Y en cada capítulo glorioso aflora un argumento reiterado: la garra, el amor a la camiseta, la entrega total, la fe en el triunfo a pesar de cualquier carencia o contratiempo, la pasión de los argentinos por el deporte.
En tenis tiene Argentina dos o tres muchachos en el lote de arriba (Nalbandián es bueno también). Pero hay decenas de chicos detrás, esperando dar el salto.
La Davis no será esquiva mucho tiempo más. El básquet, subcampeón mundial y oro olímpico, es otro ejemplo de mentalidad ganadora. Fue el primero en tumbar al 'Dream Team' norteamericano. Emanuel Ginóbili llegó a la NBA y en sus dos primeras temporadas ganó dos títulos consecutivos siendo la superestrella de San Antonio Spurs. Hay decenas de basquetbolistas argentinos en Europa y varios en la NBA.
Hace dos meses, Ángel Cabrera tocó la cima del golf al ganar el Masters de Augusta, y dos años atrás el Abierto de Estados Unidos, éste último en un final cabeza a cabeza con Tiger Woods. José Cóceres llegó a la cumbre en el 2001. Varios compatriotas más compiten con suceso en el Tour Europeo y en el PGA estadounidense.
El mismo día de la consagración de Del Potro, el rugby argentino recibió otra noticia sensacional: desde 2012, el Torneo de las Tres Naciones se ampliará a cuatro: a Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda se sumará Argentina. En el último Mundial, en Francia, Los Pumas vencieron dos veces al seleccionado local, gran candidato al título, y estuvieron ahí de coronarse. Miles de amantes del rugby de todo el mundo describieron en los foros una sensación idéntica: "Ver a los jugadores argentinos cantar el himno ponía la piel de gallina, eran 15 gladiadores gritando el himno más que cantándolo. Era un anticipo de lo que lucharían".
Las Leonas (Selección Argentina de hockey sobre césped) son otro ejemplo de fervor. Y también campeonas del mundo.
El box, con 33 campeones mundiales (entre ellos el fabuloso Carlos Monzón), exhibe actualmente cuatro monarcas, uno de ellos notable: Omar Narváez, un mosca de estilo y pegada que lleva 15 defensas de la corona.
El fútbol, aún con una actualidad poco brillante, muestra a un Estudiantes campeonísimo de América, a Messi, a más de 1.300 futbolistas y decenas de entrenadores actuando en el exterior, Bielsa y Martino entre ellos. De los 12 equipos ecuatorianos de Primera División, 9 tienen técnicos argentinos.
El ciclismo trajo oro de los Juegos Olímpicos de Pekín, igual que el fútbol. Y el voley sigue en alto nivel. Todos los deportes importantes, individualmente, y sobre todo por equipos, generan sonrisas al país. Se explica porque, a pesar de los cientos de miles de argentinos cultos que se fueron del país, de las crisis sobre crisis, todavía quedan recursos humanos. Aún permanece en el país una buena porción de talento que permite soñar con un mañana mejor.
Revolviendo bien el tarro, quedan resabios de grandeza, de aquel antiguo esplendor. El deporte lleva la antorcha que nos muestra el camino. Y Del Potro encendió otra lucecita.
JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
Buenos Aires
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Deportes
- Fecha de publicación
- 16 de septiembre de 2009
- Autor
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