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Apartes del informe sobre la masacre del Salado revela EL TIEMPO
Esta semana, el grupo de Memoria Histórica de la Comisión de Reparación, que se encarga de construir la verdad sobre las atrocidades de las Auc, LO entregará al paÃs.
Nueve años y seis meses después de uno de los episodios más espeluznantes de la historia del conflicto armado en Colombia, la masacre de El Salado, corregimiento del Carmen de BolÃvar enclavado en los Montes de MarÃa, una minuciosa investigación del grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) devela situaciones inéditas.
Lo primero que deja claro en su informe Esa guerra no era nuestra -que el paÃs conocerá esta semana- es que este holocausto campesino no ocurrió sólo entre el 18 y el 19 de febrero del 2000, como lo registran las memorias judiciales y de prensa. Comenzó el 16 de febrero, cuando tres escuadrones criminales avanzaron hacia El Salado y asesinaron a todo el que encontraron a su paso.
La matanza terminó apenas el 21. Campesinos de los municipios de Ovejas y Córdoba también fueron vÃctimas. Sesenta fueron los muertos (52 hombres y 8 mujeres, entre los cuales habÃa tres menores de 18) y 450 los paramilitares que repartieron muerte.
Camino a El Salado
16 de febrero del 2000. "En la vÃa que conduce de El Salado al casco urbano de El Carmen de BolÃvar, el grupo paramilitar comandado por 'Amaury' estableció un retén, donde detuvo un carro que venÃa de El Salado y bajó a sus pasajeros (...). 'Nicolás', segundo de 'Amaury', acusó a Edith Cárdenas Ponce de ser guerrillera, la apartó hacia el borde de la vÃa y allà la apuñaló. Luego asesinaron a Carlos Eduardo DÃaz Ortega, otro de los pasajeros (...) MarÃa Cabrera, promotora de salud de El Salado y quien años después serÃa asesinada por las Farc, y su esposo, fueron liberados por los paramilitares, y partieron para El Carmen de BolÃvar, donde informaron a sus familiares de lo sucedido. Esto desencadenó la huida de los habitantes de El Salado hacia los montes circundantes.
"(...) Simultáneamente, en el área rural del corregimiento Canutal del municipio de Ovejas, el grupo paramilitar comandado por 'el Tigre' se dividió en dos subgrupos (...) Durante el primer dÃa de la ruta de la muerte paramilitar hubo 24 vÃctimas, 23 hombres y una mujer: 18 en el municipio de Ovejas, tres en El Carmen de BolÃvar y tres en Córdoba, la mayorÃa asesinados con arma cortopunzante, degollados o apuñalados (...)
17 de febrero del 2000. "El grupo del paramilitar 'Amaury' reinició su recorrido hacia El Salado, y fue atacado con cilindros de gas por guerrilleros del frente 37 de las Farc.
"(...) Los paramilitares intentaron replegarse, pero la persecución de la guerrilla continuó. Una parte de los habitantes de El Salado que se habÃa ido a los montes decidió regresar el 17 de febrero.
(...) No resistÃan las condiciones extremas de supervivencia en los montes; tenÃan niños que necesitaban agua y alimento; percibÃan que el riesgo habÃa cesado o tenÃan la convicción de no haber hecho algo que justificara la huida.
18 de febrero de 2000. "(...) El grupo de 'Amaury' continuó siendo atacado y perseguido por la guerrilla, razón por la cual pidió apoyo de los grupos del 'Tigre' y 'Cinco Siete', que venÃan desde Ovejas y Zambrano. (...) La concentración de fuerzas paramilitares, junto con la presencia de un helicóptero artillado, les permitió superar la capacidad bélica de la guerrilla. (...) Estas hostilidades dentro y fuera del casco urbano de El Salado generaron pánico entre sus habitantes, que vacilaban entre correr por las calles o esconderse en sus casas (...) En el desarrollo de la incursión paramilitar, el helicóptero artillado que los apoyaba impactó una casa ubicada en la calle principal (...) Allà cayó la primera vÃctima del poblado: Libardo Trejos Garrido.
La entrada al caserÃo
Cuando las hostilidades cesaron, los grupos de 'Amaury' y del 'Tigre' entraron, mientras el de 'Cinco Siete' cerraba el cerco desde los cerros; entonces empezaron a recorrerlo pateando las puertas de las viviendas y obligando a los pobladores a salir y dirigirse hacia el parque principal
"(...) Cerca de la casa ametrallada por el helicóptero, se encuentra la del señor Alfonso Medina, donde se habÃan escondido Marco José Caro Torres y Roberto Madrid luego del pánico generalizado ocasionado por las hostilidades; cuando los paramilitares entraron y los obligaron a salir, el miedo los paralizó y les impidió levantarse, y fueron acribillados en estado de indefensión.
"(...) Mientras esto sucedÃa, en otra parte del pueblo un hijo de crianza de Dora Torres Rivero, quien venÃa corriendo por la persecución de los paramilitares, le gritaba a su mamá que le abriera la puerta. Cuando lo hizo, los paramilitares abrieron fuego y ella recibió los disparos. Moribunda ingresó a su casa y se acostó, seguida de los paramilitares, que entraron para rematarla.
El espectáculo de horror
"Una vez reunida la población en el parque principal, los paramilitares separaron a las mujeres, los hombres y los niños.
Las primeras fueron concentradas en las escaleras de la entrada de la iglesia, los hombres ubicados en un costado de la cancha de microfútbol, frente a ellas, y las mujeres con niños fueron encerradas en la casa de Margoth Fernández Ochoa. (...) Entre el grupo de las mujeres seleccionaron a algunas que fueron obligadas a cocinarles durante los dos dÃas que permanecieron en el pueblo. Después de eso, el grupo de 'Amaury', apoyado por 'el Tigre', comenzó la orgÃa de sangre.
"(...) La primera vÃctima fue un hombre, Eduardo Novoa Alvis, que fue llevado a la cancha.
(...) A él (...) le pusieron una bolsa en la cabeza y le mocharon una oreja, y después de esto se lo pelaron con espino, lo acostaron y le ponÃan la bolsa en la cabeza, él gritaba que no lo mataran, le pegaban por la barriga, patadas, puños, por la cara, toda la cara se la partieron y nos decÃan: miren para que aprendan, para que vean lo que les va a pasar a ustedes, asà que empiecen a hablar" ... Ya después que lo tiraron en la cancha sà lo mataron, le dispararon (...) Él se demoró en morir .
"Después de la primera ejecución, los paramilitares, quienes habÃan sacado los instrumentos musicales de la comunidad que estaban en la Casa de la Cultura, comenzaron a tocar una tambora.
"(...) Mientras saqueaban las tiendas iban encendiendo los equipos de sonido que encontraban, lo que creó un ambiente festivo en el que se combinaba la música de los equipos con los toques de la tambora.
"Cuanto muerto mataban, tocaban tambora, tocaban acordeón, se cargaban grabadoras (...)
(...) Los hombres "fueron forzados a numerarse y quien tenÃa el número previamente designado era sacado y asesinado.
(...) Llegó el tipo ese 'el Tigre' y se paró delante de mÃ, y dijo: y vamos a empezar y al que le caiga el número treinta, se muere. El número 30 fue el señor (...), el mÃo fue el número 18 ..., yo dije: Dios mÃo, no soy yo. (...), a ese señor, como de 60 años más o menos, lo mataron a peso y cuchillo, rajándolo (...).
(...) En la cancha empezaron a sacar persona por persona. Sacaron a Luchito (Luis Pablo Redondo), a él le dijeron : tú eres el presidente de la Acción Comunal, guerrillero hijueputa, le hicieron una ráfaga. Le partieron toda la cabeza, se le reventaron los sesos, un paraco los cogió, los mostró y se los metió nuevamente . Ya vieron para que aprendan, no se metan más con la guerrilla, nos decÃan (...)
"Después de matar a los hombres, los paramilitares se centraron en las mujeres (...) Seleccionaron a Neivis Arrieta (...) Ella fue llevada por los victimarios a un árbol contiguo a la cancha de microfútbol, donde la desnucaron y luego la empalaron, introduciéndole un palo por la vagina".
La matanza de El Salado fue frenada por un comunicado por radio que pedÃa la retirada, y aseguraba que se habÃa matado a muchos inocentes.
Por ROBERTO LLANOS RODADO
Redactor El TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 12 de septiembre de 2009
- Autor
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