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Premiaron los 10 mejores proyectos juveniles para cuidar el medio ambiente
Biocombustibles a partir de bacterias o basura, juegos para enseñar el significado del 'cambio climático' y viveros para ser instalados en terrazas de edificios fueron algunos de las iniciativas.
El concurso 'Encuentro Juvenil Ambiental (Beja)', que anualmente organiza la multinacional Bayer, se ha convertido en el más importante de su tipo en el país.
Alfredo Díaz, de la Universidad del Norte, de Barranquilla, y Daniela Hoyos, de la Universidad de los Andes, de Bogotá, ocuparon los dos primeros lugares de esta convocatoria.
Ellos dos viajarán a Alemania a representar al país en el encuentro mundial que se celebrará en la ciudad de Leverkusen.
Allí se encontrarán con los ganadores de otros 17 países que también presentaron propuestas para contrarrestar el cambio climático.
Combustible ecológico que se extrae con el uso de bacterias
Alfredo Díaz, ingeniero mecánico y estudiante de maestría en ingeniería mecánica, ganó esta convocatoria con un propuesta que busca la obtención de hidrógeno y etanol a partir de glicerina y con el uso de agentes bacterianos.
Una explicación básica de lo que esto significa se resumiría así: cuando se produce biodiésel, un combustible que se hace en el país desde hace años, se genera un desecho llamado glicerina. Lo que Díaz propone es usar este sobrante para obtener un nuevo combustible limpio. Para esto usa unas bacterias sintéticas, que se encargan de transformar esa glicerina en bioetanol -para implementarlo como un combustible limpio para mover el tranporte público y reducir el uso del petróleo- y en hidrogeno, con el que a través de un proceso electroquímico se puede generar energía eléctrica. "Con esto estamos cerrando el ciclo y dejando en ceros la producción de desechos en la creación de estas energías alternativas", explicó Díaz.
'Reforestar' terrazas de edificios
Daniela Hoyos Gaviria, de la Universidad de los Andes, ocupó el segundo lugar de la convocatoria. Ella propone transformar masivamente los techos de Bogotá, y de otras ciudades, en un vivero. De esta manera, las plantas estarán en capacidad de absorber las emisiones de gases de efecto invernadero que van a la atmósfera y causan el calentamiento global. Como beneficio adicional, las plantas en el techo logran regular la temperatura dentro de las edificaciones y reducen el uso de calefacción y de sistemas de aire acondicionado. Además, la calidad del aire mejoraría sustancialmente y con esto la salud de miles de personas.
Esta tecnología ya se usa en muchas ciudades de Estados Unidos, Europa e incluso se experimenta en Bogotá, pero Hoyos sugiere que las toneladas de emisiones reducidas con las plantas se vendan a países industrializados convertidos en bonos, es decir, como proyectos del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la ONU. Esos bonos se venderían entre 5 y 15 dólares a Australia, Canadá o España, que están obligados a bajar sus emisiones de gases de efecto invernadero. De esta forma, a la hora de rendir cuentas sobre sus niveles de reducción, esas naciones dirán que compraron los certificados y que aportaron para frenar la contaminación.
Etanol desde la basura diaria
Stefanny León, estudiante de licenciatura en Química, de la U. Pedagógica, de Bogotá, propone fabricar etanol ecológico a partir de desechos que se arrojan diariamente a la basura y que nutren los rellenos sanitarios.
León dice que se utilizarían residuos orgánicos, entre ellos las cáscaras de hortalizas, papas y frutas que casi nunca se reciclan.
Para esto se aplicaría una hidrólisis enzimática, proceso químico que decompone las moléculas de esos residuos para obtener azúcar, y a partir de allí lograr etanol por medio de una fermentación.
"Esto no sólo ayudaría a generar un combustible limpio, sino que se volvería una excusa para que se haga una gran campaña de reciclaje que ayudaría a reducir la contaminación y el volumen de basura en los botaderos municipales", dijo.
Otros de los finalistas
Diana Gasca, de la U. del Valle, propone popularizar la iluminación LED con una microempresa de jóvenes marginados de Cali. Ángela Felizzola, de la U. del Norte, promueve el Baúl Mágico, un juego de mesa para explicar a los niños el calentamiento global.
Gustavo Tosne, de la U. del Cauca, quiere construir un vivero automatizado con guadua. Alejandro Bautista, de la Escuela de Carreras Industriales, sugiere la disminución del consumo energético en la iluminación pública. Andrés Álvarez, de la U. de los Andes, diseña un modelo macroeconómico que mide los costos del cambio climático. Y Juan Higuera, de la U. de los Andes, asesora a agricultores marginados para que produzcan sin contaminar.
JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Medio ambiente
- Fecha de publicación
- 4 de septiembre de 2009
- Autor
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