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La locura de adelgazar a toda costa

Presos por el apremio de lucir una figura digna de admiración, hombres y mujeres recurren a lo que sea para adelgazar. Mallas en la lengua y vacunas antiobesidad son algunas terapias.

Parece que para darle la pelea al sobrepeso todo se vale. Desde tomar infusiones de plantas con fama milenaria por sus propiedades diuréticas, pasando por el uso de máquinas que hacen explotar la grasa hasta ponerse una malla en la lengua para atrapar la comida sólida. Sí, porque hay quienes son capaces, literalmente, de echarle candado a su boca para dejar de tragar entero.

Eso sucede con la malla lival, una técnica para adelgazar que está causando revuelo en Colombia. Puesta en la lengua impide masticar sólidos y obliga a la persona a seguir una estricta dieta líquida por 20 días, para retomarla dos semanas después, periodo en el que descansa este órgano de la parcial rigidez que gana y, de paso, el paciente vuelve a consumir sólidos. Así quién no adelgaza, pensarán muchos, si no se puede pasar bocado.

Desde mayo pasado la médica Lina Valero la está poniendo. Ella presenció en México que "este tratamiento bariátrico" -como  lo define-, tiene un buen número de adeptos. ¿Por qué, si parece una tortura? "Es uno más de los procedimientos bariátricos -responde ella-. Una dieta asistida médicamente en la que el especialista crea un impedimento físico para que no le llegue al paciente la dosis de alimento habitual, además de que es una técnica menos invasiva y agresiva, porque no se está suturando ni recortando el estómago".

Según la experta, esta es una de las opciones más viables para bajar de peso de forma sostenida. "Si te ponen el balón te aguantas seis meses y si es el cinturón, pueden pasar años hasta que decidas retirarlo; con la malla, si te aburres te cortan los puntos con que se fija y ya", insiste Valero.

Y, como el ejemplo empieza por casa, ella sirvió de conejillo de indias para transmitir la experiencia a sus pacientes. La especialista permitió que el médico mexicano Raúl Antonio Góngora, quien está ejecutando la técnica hace dos años en su país, se la pusiera para probar su eficacia. "Regresé con mi malla puesta, adopté la dieta Star y bajé 7 kilos en 20 días. Luego me la quité, retirando los puntos con que se fija. Y semanalmente sigo una dieta líquida durante dos días", dice Valero, esbozando una sonrisa de entera satisfacción.

¿Pero quién es capaz de ponerse una malla quirúrgica de 2x2 centímetros que causa cierta dificultad para hablar los primeros días? ¿Un masoquista, alguien desesperado por perder peso? ¿Personas con un alto umbral  del dolor? Marta Cecilia Martínez, una paisa de 52 años, casada y con dos hijos, ha sufrido de obesidad los últimos 30 años, lo que le ha generado otros problemas de salud como diabetes tipo II, hipertensión, hipotiroidismo, tres hernias de disco y discopatía general de columna (daño de las vértebras por el sobrepeso). Ella se puso la malla y no se arrepiente. "Perdí 15 kilos en un mes y no veo la hora de ponérmela otra vez", dice.

Con 85 kilos de peso contenidos en 1,52 metros de estatura, Marta tiene dificultad para moverse con rapidez, pero eso no apaga su felicidad. "De jovencita tenía que soportar en silencio que me dijeran: 'adiós, suegra' cuando salía a caminar con mi mejor amiga, alta y esbelta,  y en los últimos 25 años no me había puesto jeans porque no había mi talla. Ahora soy 18, ya puedo usarlos y también zapatos con tacón", cuenta esta fisioterapeuta de bonitas facciones que 12 años atrás intentó perder peso con una liposucción. Y mientras lo recuerda improvisa en el salón una pasarela imaginaria para demostrar que ahora sí, ¡y por fin!, se le dibuja algo de cintura.

Hay más pacientes con ese arrojo para ponerse la famosa malla. En dos meses y medio que lleva el método en el país, la médica contabiliza "74 personas de entre 20 y 60 años, 14 de ellas hombres. Solo unas pocas se han desesperado, pero recapacitan y vuelven a que se las pongamos", anota Valero. Fijarla lleva 10 minutos. Al paciente se le explica cómo funciona y con anestesia en spray e inyectada en la lengua se sutura en la superficie anterior de esta y en la mitad, tocando las papilas gustativas.

Cuando la tienen puesta "se les administra una dieta líquida a base de verduras y frutas con proteínas como carne y pollo licuados. En esos primeros días, dependiendo del metabolismo, se logran bajar entre 5 y 7 kilos", apunta Valero. Marta Cecilia perdió un poco más y defiende el método "porque tomé más conciencia de la necesidad de saber lo que le doy a mi estómago. Ahora disfruto hasta el colorido de las frutas y verduras. Algo en lo que antes ni me fijaba", dice.

¿Y si al quitarla vuelve el consumo desaforado de alimentos? "Pasa como en las dietas o como le sucedió a Maradona que con by-pass lo adelgazaron, pero se volvió a engordar al excederse en las calorías", dice Valero. Si se borra automáticamente esa conciencia de aprender a comer bien, pues, sencillo, con los kilos perdidos también se va el 1'500.000 pesos pagado por el tratamiento y no queda  más que decir: "esa platica se perdió".

DE VACUNAS Y OTRAS MARAVILLAS

El otro lado de la moneda es el desespero por adelgazar, así no haya kilos de más y mucho menos 'gordos' que eliminar. Gabriela Cañón, una joven relacionista pública cayó víctima de lo que aparentaba ser inofensivo: el enebro, una planta que le recomendó una amiga para perder peso de manera segura y natural. La consiguió en la plaza de mercado donde la marchanta, haciendo gala de su habilidad en el mercadeo de productos adelgazantes, le ratificó sus propiedades diuréticas y que allí  "su más distinguida clientela eran modelos que iban por el codiciado remedio", recuerda Gabriela.

Cierto o no, su experiencia no fue la más placentera. Gabriela descubrió sus propiedades laxantes, y de qué manera, pues le causó una severa diarrea por la módica suma de 800 pesos. Pero quién dijo miedo. Al día siguiente, y aún enferma, repitió la dosis, para agravar el problema. Más diarrea. "No sé por qué uno hace estas cosas... y si perdí kilos fue por la deshidratación", dice riéndose de su desfachatez cuando recuerda que "en algún noticiero al enebro le dedicaron un informe en el que decían que podía tumbar hasta caballos".

El error de Gabriela, dice Liliana Rojas, especialista en medicina biológica, fue no asesorarse de un médico.  "Si bien el enebro es diurético, no ayuda a perder grasa sino a eliminar líquidos y, como con cualquier otra planta, hay riesgo de intoxicación al desconocerse la dosis exacta a tomar", puntualiza.

Ahora, Gabriela, quien no conoce gordura, intenta perder centímetros con la ultracavitación o liposucción sin cirugía. "Sin bisturí, sin agujas, sin dietas perdí centímetro y medio en una pierna y dos en la otra en una sola sesión", dice. Gracias a esta máquina ella se pudo enfundar en uno de los pantalones que sacaban a relucir sus mínimos 'gorditos'. Ella no ha sido la única en probarla. Gloria Sierra, que es talla 12 y quiere bajar a 8 o 10, perdió 12 centímetros en tres sesiones. Este equipo rompe las células de grasa para eliminarla en la orina, trata también celulitis y flacidez en la misma sesión. Eso lo explica la médica Liliana Rojas, una de las que implementa la novedosa técnica. "Lo malo -sostiene ella- es que en manos inexpertas se podría ocasionar la quemadura de algún órgano".

La vacuna antiobesidad, como la promocionan, es otro de los métodos de los que se habla en gimnasios, oficinas y tardes de café. ¿Es que acaso ya se inventaron una vacuna para no engordar? No. Es una inyección que se aplica con la promesa de rebajar peso y medidas en pacientes con sobrepeso y obesidad. "Se llama vacuna porque es una microdosis que se aplica en una cantidad ínfima", explica Rojas, especialista en terapias no farmacológicas.

La conocida como metabolito adelgazante la recibió Andrés Restrepo, un joven empresario. "Me la aplicaron hace un mes. De 103 bajé a 90 kilos, mi meta es perder 10 más", insiste. Y reconoce que la complementa con una dieta baja en calorías. Annyull Maestre, médica especialista en estética corporal, quien inyecta un "quemador de grasa" que funciona con eficacia -dice ella-, si no se consume azúcar por 30 días, insiste en no ir a la ciega al aplicarse estas soluciones adelgazantes.

Una inyección homeopática, a base de oligoelementos (selenio, cobre, aluminio, magnesio) vendida como 'vacuna', es de una sola aplicación cada seis meses. "Ambas ayudan a acelerar el metabolismo, calmar la ansiedad y dormir mejor", explica Rojas. La primera exige varios ciclos (semanales) de aplicación y cuesta en promedio 700 mil pesos. La homeopática alrededor de 1'200.000 pesos. 

Una psicóloga de 42 años también la usó. "Cansada de ir hasta al psiquiatra, la probé y perdí siete kilos en 15 días", explica ella, que también complementa con una dieta controlada de harinas. Pero ¿por qué solo con estos métodos se vigila el consumo de comida? Y aún más, ¿qué tan benéfico es perder peso de manera acelerada? 

Si bien estos tratamientos prometen soluciones rápidas, son transitorias si no se asesora de expertos y hace cambios en su estilo de vida. Entonces, antes de invertir en combatir  el sobrepeso o la obesiad con cuanto escuche o lea, ¿por qué no intenta develar y tratar la causa? Nada más sabio que lo que dicen por ahí: uno es lo que come.

A cuidarse desde adentro

"En la obsesión por tener una esbelta figura hay un componente emocional que influye", insiste la psicóloga Doris Jaramillo. A esto se suma la tendencia cultural impuesta de creer que la belleza reside en la delgadez. Por eso antes de acudir a un especialista estético empiece por reflexionar si lo que lo aqueja tiene cimientos en:

  • Problemas de autoestima. ¿Qué tanto se quiere a sí mismo? ¿Siente la necesidad de que alguien lo quiera, lo acepte y lo valide? ¿Cómo es su relación con la familia, pareja y compañeros de trabajo?
  • ¿No le gusta ser observado por otros o evita a ciertas personas?
  • ¿A qué le tiene miedo?
  • ¿Siente que a través de la alimentación está sustituyendo algún tipo de relación afectiva?
  • ¿Qué razones lo llevan a caer en tentación de picar o comer exageradamente cierto alimento (chocolates, harinas, fritos)?
  • ¿Si está ansioso, siente alivio al comer? 

Por Flor Nadyne Millán M.

Producción: Paula Sanmiguel. Modelo: María José Palacio, de Stock Models, Tel. 271 5656. Bogotá.  Maquillaje y peinado: Alex Ramos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
3 de septiembre de 2009
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