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Cerca de Cali está el Arca de Noé de nuestra biodiversidad

Con 11 mil muestras de animales nacionales, muchos en peligro de extinción, se resguardan sus células y se hacen estudios genéticos. Con ellas se podrían clonar o reproducir especies extintas.

Restos de un roble, ese árbol tan común en la región andina, de tortugas marinas o de tángaras de montañas, aves amenazadas de extinción, reposan a esta hora a 196 grados centígrados bajo cero, dentro de un recipiente lleno de nitrógeno líquido y en completa oscuridad.

No son necesariamente cadáveres. Son estrictamente muestras de la riqueza biológica de Colombia, que se guardan en una de las colecciones de tejidos de animales más importantes del mundo.

Y no está en Noruega o Washington (E.U). Para encontrarla, basta hacer un viaje de media hora por la carretera que une a Cali con Palmira (Valle del Cauca) e ingresar al Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat).

Ha sido creada y administrada con paciencia por el Instituto Von Humboldt durante los últimos 10 años. Y funciona como una especie de cápsula del tiempo que no viaja hacia el pasado.

Por el contrario, custodia músculos, piel o follajes de mamíferos, peces, aves, reptiles, insectos o plantas para garantizar que sus células lleguen intactas al futuro.

Con ellas, eventualmente, y dependiendo de los avances tecnológicos y científicos, se podrían clonar o reproducir especies extintas.

Pero mientras ese sueño se consolida, hoy sirven para extraer ADN de buena calidad o hacer estudios genéticos o evolutivos.

Diana López, bióloga de la Universidad del Valle, responsable de la compilación, interpreta esto último diciendo que, en caso de que un animal desaparezca, allí quedarán sus huellas. Esto permite saber cómo era, identificar sus características y los cambios que han sufridos los ecosistemas que habitaba.

Con los materiales guardados también se pueden conocer las causas de su desaparición. O comparar varias de las muestras archivadas, con otras obtenidas en campo, para identificar nuevas especies.

Los tejidos se conservan a temperaturas extremas, porque con estas se garantiza que no exista actividad metabólica. En pocas palabras, el frío evita que se pudran.

Con ellos también se pueden hacer estudios filogenéticos (relaciones de parentesco) o toxicológicos, que están encaminados, en últimas, hacia la conservación de las especies en su hábitat.

Aquí se tienen más de 11 mil tejidos, que representan el ADN de 1.536 especies de la biodiversidad nacional y cuyos hábitats han sido alterados o destruidos.

La idea es que a mediano plazo esté representado el ciento por ciento de la flora y la fauna del país. La mayoría proceden de donaciones de investigadores nacionales e internacionales. Por eso, están a disposición de estudiantes o científicos.

La Unión de Ornitología Americana (AOU) acaba de publicar, en su revista científica The Auk, editada desde 1884, que esta colección colombiana es una de las más completas del planeta, principalmente por la cantidad de restos de aves.

Y la ubica al mismo nivel de las que poseen el Museo nacional Smithsonian de Historia Natural, en Washington, y los museos de ciencias naturales de las universidades de Harvard, Louisiana o Chicago.

"Es un reservorio de nuestra fauna y flora, es como un 'Arca de Noé' que fortalece los estudios moleculares, que se hacen cada día más importantes entre los estudiantes", agregó López.

En Suramérica sólo hay otras dos de este tipo, una en Brasil y otra en Argentina.

JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY

Publicación
eltiempo.com
Sección
Medio ambiente
Fecha de publicación
14 de agosto de 2009
Autor

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