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Mi vida con Luis Carlos Galán... por su esposa Gloria Pachón

Tenía tiempo para divertirse con sus hijos frente al televisor, y también disfrutaba de noches de juego de póquer, señala su esposa Gloria Pachón.

"En las mañanas del mes de mayo de 1953, estudiantes de colegio de la zona de Chapinero venían a pedir flores para la fiesta de la Virgen. Mi mamá, mi hermana Maruja y yo teníamos una pequeña floristería, fruto del modesto seguro de vida de mi papá, Álvaro Pachón de la Torre, fallecido en un accidente automovilístico, junto con los jóvenes periodistas de El Espectador Gustavo Wills Ricaurte y Álvaro Umaña. 

Uno de esos días llegó un niño con mucha prisa porque iba retrasado a sus clases, y me pidió una azucena. Trece años después, cuando nos encontramos en El TIEMPO, Luis Carlos me aseguró que ese niño era él y que yo lo había atendido en la floristería. En aquel momento él tenía 9 años y yo 17. 

Luis Carlos relataba ese episodio cada vez que alguien le preguntaba cómo nos habíamos conocido. Su memoria privilegiada le permitía recordar detalles como éste o las fechas de cumpleaños de sus compañeros del Colegio Antonio Nariño de Bogotá. 

En 1965 nos vimos de nuevo. El trabajo periodístico nos acercó y, en especial, las tertulias a la hora del almuerzo después de las reuniones de redacción en las que se definían los grandes temas nacionales. Nos encontrábamos varios redactores en la cafetería, para hablar de política y de las noticias del día, y Luis Carlos nos convencía de tratar los hechos que a él le apasionaban, entre ellos, en primer lugar, la conquista del espacio y la llegada del hombre a la Luna. 

El 20 de julio de 1969, en mi casa, con toda mi familia, frente al televisor, presenciamos ese acontecimiento y comenzamos nuestro noviazgo. A partir del documento sobre el tema del espacio, trabajamos juntos en muchos proyectos del periódico. Con enorme facilidad, Luis Carlos pasaba de los editoriales económicos y las columnas a las crónicas e, incluso, a la investigación de Policía, como ocurrió con el secuestro del avión en que viajaba de Bucaramanga a Bogotá una mañana de agosto de 1969. En esa ocasión relató de qué manera, al terminar la aventura, encontró en la provincia de Vélez, en Santander, a la familia de los secuestradores. El detalle más sorprendente era cómo sesenta pasajeros, cincuenta y nueve de ellos con revólveres en los bolsillos, habían sido intimidados por dos jóvenes campesinos, impulsados solo por una decepción amorosa.

Disfrutaba al máximo sus tareas, que generalmente iniciaba casi al comenzar la noche para dolor de cabeza del jefe de redacción y de los linotipistas, cuyas horas de trabajo aumentaban por su culpa considerablemente. Pero su buen humor calmaba tanto los ánimos que, con todos los compañeros, se reía de sí mismo, especialmente cuando ellos le hablaban de la "entrega número 10...11...12 de Mi secuestro a Cuba". 

La agitación estudiantil acentuada en 1970 hizo difícil su experiencia como Ministro de Educación no obstante su cercanía a los problemas de los jóvenes, y cuando adelantaba su decisión de llegarles con propuestas progresistas, se produjo, en Bogotá, el asesinato de Jaime Arenas, su amigo y asesor para el diálogo con los estudiantes, quien hacía poco había dejado la guerrilla.

Nuestro matrimonio, el nacimiento de nuestro primer hijo, Juan Manuel, y nuestra permanencia de tres años y medio en Italia fueron acontecimientos que recordamos siempre como un paréntesis de paz. En 1974 nació nuestro segundo hijo, Claudio, y una satisfacción muy grande para Luis Carlos fue su bautizo en la catedral de San Juan de Letrán por su devoción a san Juan Bautista, figura que formaba parte de sus hondos sentimientos espirituales.

La primera responsabilidad que asumió Luis Carlos en la embajada fue cambiarle la cara a la casa de vía Pisanelli y pintarla él mismo para darle un aspecto más acogedor. A través de numerosos viajes los fines de semana, por las autopistas de Italia, en nuestro Fiat 147 azul oscuro, vio la necesidad del intercambio con Italia para la construcción de vías que habrían solucionado nuestros más graves problemas en esta materia. Al mismo tiempo, el contacto con el arte y la historia lo llevaron a proponer la creación del primer Centro de Restauración Artística que existió en Colombia.

En 1975, una carta de Carlos Lleras Restrepo, quien acababa de fundar con Patricia Lara la revista Nueva Frontera, definió el destino de Luis Carlos y nuestra vida futura en Colombia. De manera simultánea a sus tareas de investigador, escritor y periodista en la revista, Luis Carlos se dedicó a conocer el país y comenzó por Santander. En los fines de semana, tomaba el jeep Daihatsu de su primo Alfonso Valdivieso y recorría palmo a palmo el departamento, lo que produjo, en 1976, su primera elección como concejal de Oiba y el deterioro irreversible de su columna vertebral

Luis Carlos ejerció una labor pedagógica que, en un principio, desconcertaba por su lenguaje lleno de metáforas y ejemplos referidos a la vida diaria de los campesinos o de los ciudadanos de los centros urbanos. La historia de la antigua Grecia fue una de sus principales herramientas para hacer comprender la importancia de la democracia en Colombia.

En 1977, nació nuestro hijo Carlos Fernando y el hecho de tener tres niños pequeños me obligó a suspender mi ejercicio periodístico y, al mismo tiempo, me dio la oportunidad de trabajar más directamente con Luis Carlos. Lo primero eran sus artículos para Nueva Frontera y luego las columnas "Criterios Liberales" en EL TIEMPO, así como su preparación para las intervenciones en el Congreso.

No obstante la situación de inseguridad generada por amenazas frecuentes, Luis Carlos insistía en mantener ratos de cercanía y entretenimiento con los niños. El deporte, por ejemplo, que era una de sus pasiones, dio origen a la afición por las olimpiadas y cada cuatro años celebrábamos este acontecimiento con la adquisición de un nuevo televisor. En una oportunidad organizamos las Olimpiadas infantiles en el cumpleaños de Claudio, en el parque de Francia, cercano a nuestra casa de la calle 104. 

Por las noches, después de un día intenso, Luis Carlos se sentaba con Juan Manuel, Claudio y Carlos Fernando frente a la televisión hasta ganarles en pac-man, uno de los juegos de Atari favoritos. De vez en cuando, en reuniones con los amigos podía pasar la noche en blanco jugando póquer y casi siempre comentaba con mucho humor sus frustraciones: la falta de oído para la música por ejemplo -aun cuando ésta era otra de sus pasiones- y, como consecuencia, para el baile. Aclaraba que sus frecuentes giras a la costa atlántica y al Valle habían tenido efecto positivo, pues en los últimos tiempos se le medía con propiedad a la salsa o al bolero

Los discursos de las Convocatorias del Nuevo Liberalismo cada año resultaban de extensión considerable por la decisión de tratar con profundidad los temas cruciales del país. Entonces, insistía en la necesidad de enfrentar el narcotráfico y el peligro que representaba la vinculación de la clase política a las mafias. Reiteraba la decisión del Nuevo Liberalismo de luchar contra "uno de los peores enemigos de la sociedad y de la organización institucional".

Muy pronto comenzamos a vivir el resultado de esta lucha. El asesinato de Rodrigo Lara, los atentados a AlbertoVillamizar y a Enrique Parejo, los asesinatos de concejales y, finalmente, la muerte de Guillermo Cano. En julio de 1989, la convención del Partido Liberal en Bogotá aprobó la consulta popular para elegir al candidato a la Presidencia de la República, lo que significaba un triunfo para Luis Carlos y su elección a la Presidencia. En ese momento tuve el convencimiento de que esta conquista sería la peor amenaza para su vida. 

Pocas fueron, de allí en adelante, las oportunidades de compartir ratos de esparcimiento. Entre los meses de julio y agosto volvimos juntos a cine para ver Amadeus y El último Emperador y recuperamos la costumbre de celebrar los cumpleaños con un almuerzo en el Piccolo Café de la señora Sabina. Las buenas noticias sobre la aceptación de Luis Carlos por parte de la opinión pública, la admiración y el aprecio que le manifestaban en todos los rincones de Colombia hicieron crecer en nosotros un sentimiento de optimismo y la esperanza de que esa energía positiva sería suficiente para proteger su vida".

GLORIA PACHÓN DE GALÁN
ESPECIAL
PARA EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de agosto de 2009
Autor

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