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Gabriel Silva Luján, nuevo Ministro de Defensa, visto por quienes lo conocen

Un estratega, un hombre que piensa en grande, amante del trabajo y un poco creído de sí mismo son algunas características que lo definen , según amigos y personas que lo conocen.

Cuando el Gobierno anunció que el nuevo ministro de Defensa sería Gabriel Silva Luján, muchos pensaron que el gran ganador con este nombramiento era Juan Manuel Santos, ex ministro de esa cartera. Algunos suspicaces opinaron que el Presidente le estaba armando el equipo a Juan Manuel para su carrera a la Casa de Nariño. Es cierto que Gabriel Silva llegó a la gerencia de la Federación de Cafeteros, su último cargo, gracias a Juan Manuel Santos, pero también lo es que allí Silva brilló con luz propia, a tal punto que muchos analistas lo definen hoy como uno de los promotores de las tiendas Juan Valdez y un agente de cambio para la caficultura.

Algo similar sucedió durante el paso de Silva por los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria, asesor y consejero presidencial, y embajador de Colombia en Washington durante el mandato de este último. A diferencia de muchos otros políticos y asesores que quedaron marcados con el sello del kínder de Gaviria, hoy Gabriel Silva no es una carta del jefe de la oposición, a pesar de la relación que mantienen.

Y ahora, en la cartera de Defensa, aunque ya anunció que mantendrá la línea de su antecesor, es claro que no será el retrato de Santos, aunque quienes conocen la amistad entre ellos explican que son parecidos en su forma de concebir la política y la estrategia, y en que ambos son audaces. Es cierto que son muy amigos, que el propio Juan Manuel lo propuso como su reemplazo, pero también lo es que Gabriel Silva es un hombre con agenda e ideas propias, y que en sus trabajos ha impuesto un sello personal.

Un amigo cercano a Silva lo define como un hombre que piensa en grande. Gabriel ha sido un estratega, un hombre que ha sabido moverse antes que otros, que ha ido siempre, como dicen, cuatro pasos más adelante. "Es capaz de ver el mundo tres pisos más arriba que los demás", dice un amigo. Y a esto se suma que varias personas cercanas a él lo consideran una persona que descubre y ve la malicia. Y la aplica, si es necesaria.

Además, es un hombre preciso, que habla en forma directa y corta, sin necesidad de discursos que no llevan a ninguna parte. De la misma manera escribe, con ideas profundas y claras, según quienes conocieron de primera mano los discursos que les escribía a Virgilio Barco y a César Gaviria. También publicó libros sobre política y economía, y fue columnista de EL TIEMPO.

Es un hombre que ha tenido buenas oportunidades y las ha sabido aprovechar. Fue un gran consentido de Fernando Cepeda, el hoy embajador de Colombia en Francia, quien tuvo entre su grupo de pupilos a varios politólogos jóvenes que participaron en los gobiernos de Barco y Gaviria. Gabriel Silva estudió Ciencias Políticas en la Universidad de los Andes y realizó estudios de posgrado en Economía y Relaciones Internacionales en el School of Advanced International Studies de Johns Hopkins University, en Washington D.C. Esto le aportó una visión internacional y diplomática de la política que, sumada a su experiencia como embajador, le puede servir al frente de la cartera de Defensa.

Silva no es un hombre de retos pequeños. Le gusta rodearse de gente muy inteligente y exitosa, y sacar adelante su empresa, sea cual fuere. "Los perdedores no están en su lista", dice una persona que lo conoce muy bien. Ya ha hecho del trabajo su prioridad en la vida, y, como dice una amiga de muchos años, él tiene claro que eso tiene un costo. Sus éxitos son importantes, y tal vez por ello hay quienes sostienen que puede ser vanidoso. Por fortuna, dicen, un vanidoso capaz de reírse de sí mismo. Es mordaz, con un humor, según alguien que ha estado con él casi toda su vida, "espectacular".

Personas cercanas sostienen que a Gabriel le molesta en otros la falta de ambición, considera que todos deben esforzarse al 150 por ciento para lograr lo que quieren. De hecho, él lo hace y tiene grandes ambiciones. A la hora de trabajar le gusta conocerlo todo y estar al tanto de lo que sucede. Es una persona que sabe preguntar, mirar una situación desde diferentes puntos de vista y sacar conclusiones. Dicen que es exigente y bravo, estricto y disciplinado. Es un hombre convencido de sí mismo.

Dos personas que trabajaron con él durante muchos años y que también crearon amistad con él, dicen que a Gabriel Silva le gusta aprender de todo. "Sabe de pájaros, sabe de estrellas, es un hombre con muchas aficiones. Se mete de lleno en todo", afirma una de ellas, y explica que cuando decide aprender de algo, lo toma en serio.

En sus relaciones personales, muchos lo consideran un hombre tímido, pero también dicen que esa timidez está superada, pues su condición de hombre público lo ha obligado. Lo definen como muy amigo de sus amigos. Hace dos años celebró sus 50, con una gran fiesta en la que reunió a las personas más cercanas de todas las épocas de su vida, del colegio, el San Carlos de Bogotá, de la universidad, de la política, de la empresa privada. Y la reunión fue muy concurrida.

Las personas más intimas afirman que Gabriel tiene un corazón grande y puede mostrar sentimientos, como el jueves pasado, cuando lloró de emoción durante la despedida de la Federación Nacional de Cafeteros.

Actualmente, Silva está separado. Estuvo casado por más de 15 años con una mujer que lo conoció cuando ella estaba en el colegio. Tienen 3 hijos. Viene de una familia santandereana, es el quinto de nueve hermanos. Él nació en Barranquilla y dice con orgullo que es costeño, pero sus conocidos lo catalogan como muy bogotano.

Desde pequeño fue líder y protagonista. En el colegio era un excelente estudiante y los profesores le perdonaban muchas de las travesuras porque lo estimaban. También, desde muy joven, fue un lector voraz.

Dicen que le encanta la política, aunque también ha sabido moverse con éxito en el sector privado. Se inventó, creó y puso en marcha la empresa de seguros educativos Global Education, que en su momento se convirtió en una novedad en el mercado, una opción para que los padres puedan pagar por anticipado la universidad de sus hijos, que hoy sigue vigente y crece con éxito.

Durante su paso por la Federación de Cafeteros combinaba estas dos facetas. Si bien debía pensar en el negocio, también se acercaba a los campesinos, les preguntaba del negocio y escuchaba sus inquietudes, pues en ese cargo debía conocer las necesidades de la gente y encontrarles solución. Ahora le llegó un puesto en el cual debe mezclar la estrategia, la audacia y su capacidad de gerencia, para lograr algo que, parece, lo apasiona: el éxito. Y tal vez entonces, este hombre que piensa en grande, llegue a considerar la posibilidad de ser Presidente de la República, aunque en forma muy tímida hay quienes afirman que él ya la ha contemplado.

CATALINA GALLO R.
Editora Domingo a Domingo

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
8 de agosto de 2009
Autor

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