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| Actualizado hace 37 minutos

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Aruba, un amable rincón holandés que recibe un millón de turistas cada año

Esta isla logró en 1986 su autonomía, aunque aún hace parte del reino de los Países Bajos. Su esencia, sin embargo, es latina.

Ojos cerrados, cara hacia el cielo, brazos extendidos o simulando una almohada detrás de la cabeza, cuerpo relajado en una silla para tomar el sol sobre la arena blanca y ubicada cerca del agua. Así es el día a día en Aruba.

Llegar a esta isla, de 180 kilómetros cuadrados, algo así como cuatro veces el tamaño de San Andrés, Providencia y Santa Catalina juntas, no es difícil.

Sólo la separan 24 kilómetros de la costa venezolana y el vuelo desde Bogotá apenas tarda una hora y media. Muy poco, si se tiene en cuenta que acabamos de aterrizar en el reino de Holanda.

Por eso causa asombro la sonrisa amable con la que me recibe en el aeropuerto Reina Beatriz el agente de inmigración, un señor trigueño, regordete y de pelo ensortijado. Esta bienvenida sería impensada en Europa.

"Holanda influye sobre asuntos más formales de nuestra sociedad, como las leyes y la organización, pero todas nuestras costumbres de la vida diaria son latinas", comenta Maritza Tromp, nuestra guía.

Es verdad. Los casi 100 mil arubianos no solo parecen, sino que se sienten latinos. La alegría caribe está impregnada en sus genes y a pesar de llevar una vida relajada, la mayoría, sin importar si van de camisa o en chanclas, hablan cuatro idiomas: papiamento, holandés, inglés y español.

Esta joya del Caribe es más grande de lo que aparenta. Tiene 30 kilómetros a lo largo y nueve en su parte más ancha. Sin embargo, Oranjestad, su capital, es una ciudad tan pequeña que se hace imposible para el turista darse cuenta de sus fronteras, porque se entra y se sale con tanta facilidad de ella, que prácticamente parece que se pasa de un barrio a otro.

Renace el Arikok

Sin duda, la playa hay que visitarla todos los días y no hacerlo es imperdonable. Pero cuando se rozan los límites de la monotonía, la isla cuenta con otras opciones que aportan un nuevo aire a las vacaciones.

El Parque Nacional Arikok es un refugio natural en medio del agite causado por el millón de turistas que llegan a la isla cada año. Estuvo cerrado por remodelación y fue abierto al público en julio por la Princesa Margriet, de Holanda. Es un lugar inhóspito, árido y seco donde el cactus es el rey.

El viento es todo lo que se oye en las zonas alejadas del edificio principal del parque. Insectos, lagartos, pájaros y serpientes cascabel habitan este lugar.

La reserva tiene 32 kilómetros cuadrados que representan el 18 por ciento del total de la extensión de Aruba.

Al recorrer la zona, el suelo rocoso deja ver su historia con formaciones geológicas de 95 millones de años, las más antiguas de la isla, que labran grandes grietas en el paisaje y le dan un toque mucho más agreste.

El parque se presta para hacer caminatas y paseos en bicicleta. Pero si el deporte no es una pasión, también hay carreteras que conducen a los lugares más importantes, como la cueva Fontein, una de las más visitadas.

"Tiene una profundidad de 550 metros y hay pinturas rupestres de 1.200 años de antigüedad", explica Diego Márquez, director de Ecología y Educación del parque.

La cueva era el antiguo refugio de los indios Arawak y, además de las pinturas de los nativos de la época, todavía se hallan grabadas en las paredes las firmas de los visitantes del siglo XIX.

Lo mejor no tiene precio

A la zona de Boca Catalina llegan todos los días barcos repletos de gente. Impacientes, se lanzan al agua, pues en el fondo los espera una explosión de color y movimiento.

Hacer 'snorkel' no necesita de mayor preparación. Sólo hay que tener tranquilidad y esperar a que cientos de peces salgan del arrecife.

Pero no es necesario pagar para ver lo que Aruba guarda en las profundidades. Al sitio se llega en carro o en taxi y, desde la carretera, sólo hay que dar, literalmente, un paso para entrar al agua.

Los locales lo saben y así lo hacen. Ellos, los de la isla, siempre saben cuál es la mejor opción, cómo encontrar un buen plato de keshi yena (una de las comidas típicas), o el lugar ideal para tomarse una Balashi helada, la cerveza local. Aunque para esto, seguramente, recomendarían la isla entera.

ALEJANDRO ROJAS CARDOZO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO*
CAORANJESTAD (ARUBA)

*Invitación de la Oficina de Turismo de Aruba...

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
5 de agosto de 2009
Autor

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