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Háblenme del apocalipsis

Muchos temen la llegada del fin del mundo, pero, ¿qué es realidad y qué fantasía? Saque sus conclusiones sobre un fenómeno que se escapa a la comprensión.

En el hombre hay una tendencia no solo hacia lo religioso, también hacia el cierre de periodos, dice José María Baamonde en su libro La espiritualidad Nueva Era y su penetración en ámbitos católicos. Esa es la razón por la que a través de la historia se ha registrado, en ciclos o periodos cerrados (años 1900 o 2000, por ejemplo), el surgimiento de grupos de alto contenido esotérico y también con un carácter apocalíptico, con toda clase de teorías sobre el fin del mundo.

Para los psiquiatras, tales hipótesis son tan ciertas como la mente de los individuos lo permita, y hay -aseguran- algunos definitivamente más proclives a aceptarlas. Carlos López, profesor de psiquiatría de la Universidad de Antioquia y ex presidente de la Sociedad Colombiana de Psiquiatría, dice que el temor por el final del mundo, de la vida y de la sociedad ha sido un sentimiento común a la humanidad. En su base hay creencias religiosas muy arraigadas. "Lo impredecible es difícil de refutar o de explicar.

Quienes postulan estas teorías se atrincheran en ese hecho y argumentan que su realización no está en manos de las personas, sino que obedece a fenómenos que escapan a la comprensión humana", dice López. Es, en otras palabras, una forma de ver el vaso medio lleno: si no puede probarse, tampoco puede refutarse.

No todas las personas -asegura López- son susceptibles a caer en ideaciones de esta clase: "Desde el punto de vista médico y psiquiátrico es más fácil captar la atención de personas afectadas por trastornos ansiosos con estos mensajes de catástrofes". Eso no descarta que otros puedan ser atraídos por esas teorías. Para entenderlo, Olga Albornoz, psiquiatra y profesora de la Universidad del Rosario, considera necesario partir de que el pensamiento tiene un ángulo mágico, "eso puede llevar a algunos a leer situaciones cotidianas como signos de fenómenos más grandes y a interpretarlos de acuerdo con sus necesidades emocionales", dice. El calentamiento global, las hambrunas y las pandemias que han dejado millones de muertos, se erigen como antecedentes que casan con hipótesis apocalípticas, "algunos tienden a leer en el entorno, en los medios de comunicación, señales de que algunas de ellas ya se están cumpliendo", sostiene López.

"Yo creo en el Apocalipsis, pero figuradamente. Es decir, sé que vendrá el fin por culpa de los abusos del hombre contra el ambiente; es más, los humanos podríamos morirnos por una enfermedad salida de un laboratorio o por el consumo exagerado de medicamentos. ¿Qué más Apocalipsis que ese?", dice Johnatan Arévalo, universitario de 21 años. Y es que con excepción de nociones más amplias, como la del universo, las personas -explica Albornoz- tienden a darle a todo un sentido de principio y de fin, "a muchos les cuesta aceptar su fin individual y prefieren pensar en uno colectivo. El hombre, en general, no está listo para abandonar y ser olvidado".

¿Informados pero crédulos?

Recientemente el 'Psychological Bulletin', de la Asociación Psicológica Americana, concluyó, tras hacer una revisión de 91 estudios, que la gente ignora y evita inconscientemente, información que contradiga su forma de pensar. De acuerdo con los investigadores, en general las personas prefieren validar sus opiniones viendo o escuchando información similar a sus posturas, en lugar de esforzarse por encontrar la verdad. En casos extremos, algunas acaban engrosando las filas de sectas y desertar de ellas o mostrarse abierto a otras corrientes equivale a un delito espiritual.

Por Sonia Perilla Santamaría

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
31 de julio de 2009
Autor

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