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| Actualizado hace 1 hora 11 minutos

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Se calienta la pelea por el Ártico, la amenazada capa de hielo que rodea al Polo Norte

Ambientalistas y representantes de varios países buscan evitar que el casquete polar se siga derritiendo, pero para un puñado de Estados, el cambio climático representa millones de dólares por ganar.

 Es uno de los lugares más remotos de la Tierra, el dominio del oso polar y del sol de medianoche. Pero el Ártico es el escenario de una batalla legal entre varios países para los que el calentamiento global, lejos de ser una amenaza, ofrece seductoras y potencialmente muy rentables perspectivas.

El Ártico es un mar congelado en gran parte. El derretimiento aumenta la proporción de agua respecto de la de hielo. Como el agua dulce es más oscura que la salada, absorbe con más facilidad la energía solar y, por tanto, a medida que el hielo se derrite, es más probable que continúe haciéndolo.

Lo que antes era un bloque compacto que iba de Rusia a Groenlandia es hoy una capa en recesión. En el verano polar de 1979, había 8 millones de km cuadrados de hielo, mientras el año pasado llegaban a poco más de 5 millones.

A medida que el hielo retrocede durante la estación cálida, es más probable que se abra un canal navegable que una los océanos Atlántico y Pacífico. Incluso, si ese paso se abre por apenas unos meses cada año, el fenómeno representaría fortunas para las compañías mercantes, que no tendrían que ir hasta el Canal de Panamá. Aún más, sería un regalo del cielo para las navieras que mueven supertanqueros demasiado grandes para cruzar el istmo centroamericano.

Santiago Madriñán, el director ejecutivo del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible, dedica su trabajo a crear conciencia en los empresarios colombianos de los efectos del calentamiento global. A pesar de ello, reconoce que "es imposible negar que los países del área cercana al Polo Norte verán, en el corto plazo, un impulso para sus economías".

Dado que expertos meteorólogos, como el canadiense Michel Béland, han advertido que cada década que pasa el Ártico pierde el 15 por ciento de su superficie helada, es perfectamente concebible que en el futuro cercano (antes del año 2050) puedan abrirse una o hasta dos rutas navegables. Estudios sugieren que, a fines del siglo XXI, podría haber un deshielo total en el verano.

Un mar de posibilidades

Los cinco países que reclaman derechos sobre el casquete polar ártico son Rusia, Noruega, Dinamarca (a través de Groenlandia) Canadá y E.U. (a través de Alaska). Hasta ahora, sus derechos se han visto limitados a las 12 millas náuticas de mar territorial y a zonas de exclusividad económica, que llegan hasta las 200 millas y que incluyen derechos de pesca.

Antes no había 200 millas de mar para reclamar, pero ahora las hay en buena parte del año. Además, un país puede exigir derechos de explotación minera por la plataforma continental hasta de 350 millas náuticas. Es decir, que un país como Rusia, con extensas costas sobre el Ártico, puede calcular una zona económica de casi 1,2 millones de km2.

Algunos segmentos de hielo (eventualmente, mar) quedan demasiado lejos para que cualquier país los reclame, pero la mayoría está al alcance de uno o más, por lo que con el deshielo aumenta la disputa por la riqueza ártica.

Pero más rentables aún son los derechos de explotación de gas y petróleo. Hasta ahora, ese tema no era vital porque el área no resultaba fácilmente explorable. Una vez más, las cosas cambian con el calor y ahora los países con intereses en la zona quieren una tajada del pastel, que se estima podría ser hasta de un tercio de las reservas mundiales.

Geografía sin igual

En el Ártico, a diferencia de otros lugares, convergen varios países que rodean -casi encierran- un mismo océano. Mientras en otras zonas la cartografía sugiere fronteras, allí las líneas convergen hacia el polo, como en una pizza, y varias manos quieren el mismo trozo.

Por eso, las reclamaciones presentadas hasta ahora por Rusia, E.U., Canadá, Dinamarca y Noruega van de lo ambicioso a lo desmedido. En el año 2001, Rusia presentó una petición que equivalía a reclamar casi la mitad del territorio ártico. Al no tener éxito, inició una muy publicitada expedición submarina para obtener datos cartográficos que respalden sus pretensiones.

Lejos de moderar su posición, el Parlamento ruso se ha negado a ratificar tratados que repartan el mar de Bering y se especula que podría, incluso, reclamar como suyo el Polo Norte, al que consideran una extensión de su plataforma continental.

WILSON VEGA
REDACCIÓN INTERNACIONAL
Con AFP, Efe y Reuters

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
18 de julio de 2009
Autor

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