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Análisis / Honduras: ¿A qué juega la OEA?

Por intentar subirse al bus de la unidad y quizás por miedo a que una fractura liderada por el ala chavista del continente prospere en una organización hemisférica paralela sin E.U., la OEA podría estar cometiendo un serio error con Honduras.

El rotundo apoyo para que el derrocado Manuel Zelaya regrese al poder, cuando en amplios sectores de ese país se defiende la tesis de que quien intentó primero un golpe fue Zelaya, con su maniobra para torcerle el pescuezo a la Constitución y forzar un plebiscito disfrazado de consulta no vinculante para su reelección, expresa una postura que si bien está apegada a la Carta Democrática, parece hacerle un flaco favor a la democracia en ese país. 

Es claro que hubo una 'alteración del orden constitucional', como reza la Carta, cuando militares expulsaron al Presidente en pijama. ¿Pero acaso la OEA midió si la consulta de Zelaya no era en sí misma una alteración de dicho 'orden'? O, más aún, ¿consideró como atenuante que es el mismo Congreso quien destituye a Zelaya y nombra en reemplazo al presidente del Legislativo y no a un militar? ¿O tuvo en cuenta el concepto de las cortes sobre la ilegalidad del accionar del mandatario?

Lo curioso de todo para la OEA es que a pesar de ir en la línea chavista, el propio Presidente venezolano se la pasó por la faja y amenazó, incluso -contra toda legalidad-, con llevar tropas en algo que llamó una "batalla continental"; declaraciones similares a cuando ordenó movilizar 10 batallones a la frontera con Colombia tras la muerte en Ecuador del líder de las Farc 'Raúl Reyes'.

Tan solo el viernes, durante la segunda jornada de mediación del presidente costarricense Óscar Arias -como representante de la OEA- con los equipos de los dos 'presidentes', Chávez torpedeó el diálogo: "¿Cuándo se vio a un presidente legítimo (Arias) recibiendo a un usurpador (Roberto Micheletti) y dándole el mismo trato? (...) A ese presidente de facto lo que tenían era que meterlo preso allá en Costa Rica".

Ese miedo a que una fractura termine por hundir a la OEA, quizás fue una de las razones que hicieron posible derogar la resolución que excluyó a Cuba del organismo en 1962, a pesar del reclamo de E.U. de que no se le podía dar tanto a La Habana a cambio de nada, y de los pronunciamientos de los Castro de que no les interesa volver.

Por ahora, continuarán las presiones diplomáticas y económicas sobre Honduras, el tercer país más pobre del continente, tras Haití y Nicaragua. No es claro qué tanto pueda aguantar el gobierno de Micheletti, pero de la misma forma en que el tiempo pasa, la posibilidad de maniobra de la OEA decrece dramáticamente: si los hondureños logran realizar, como está previsto, elecciones generales el 29 de noviembre con todas las de la ley, muy difícil le quedará a la OEA -y a Chávez y su Alba- lograr su cometido de reinstalar a Zelaya.

 Y ahí sí, ¿qué pasará con el prestigio de la OEA?

EDUARD SOTO
EDITOR INTERNACIONAL
 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
11 de julio de 2009
Autor

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