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Faustino 'Tino' Asprilla, genio y figura del fútbol, le dijo adiós a la actividad profesional

Uno de los grandes futbolistas colombianos de siempre colgó las botas. Fue un hombre polémico. En el estadio Atanasio Girardot, de Medellín, fue su despedida. Semblanza de un ganador.

Desde cuando era el niño "inquieto y necio" que recuerda don Diego Asprilla, su padre, trepándose a los árboles para evitar palizas, o colándose en el Club Campestre de Tulúa para jugar fútbol con sus amigos.

'Gocetas', como cuando le hacía goles al Milán de tiro libre, o le marcaba una tripleta al Barcelona, o inventaba un globo gigante en el inolvidable 5-0 a Argentina... 

Eso es, sin miedo al exceso, Faustino Hernán Asprilla Hinestroza, o simplemente 'Tino', el único jugador colombiano que estuvo a punto de ser el mejor del mundo al terminar de cuarto en la elección de la Fifa, en 1994. 

De lejos, el más exitoso futbolista del país en Europa y, para muchos, quizás con toneladas de razón, el mejor de la historia de Colombia. 

Un 'gocetas' de la vida y del fútbol, un tipo que es y ha sido amigo de sus amigos, desprendido y generoso; un hombre que ha buscado y ha encontrado el placer en cada minuto de sus 39 años, 8 meses y 25 años de vida, un ser que hizo del deleite su signo, su marca en cada charla en la que su sentido del humor impera; en cada fiesta, en cada mujer, en cada caballo, en cada descarga de un timbal salsero (como cuando grabó un disco con el Grupo Niche), en cada círculo de juegos de cartas, en cada uno de los casi 400 partidos que jugó, en cada una de las canchas que pisó. 

Un goce como el de este sábado, cuando invita a sus 'parceros' de pantaloneta y guayos a su 'rumbón' de despedida oficial del fútbol, tras cuatro años de inactividad, en el estadio Atanasio Girardot de Medellín.

Tal vez ese andar por el mundo persiguiendo y dando dicha ha provocado que su nombre sea toda una leyenda viva en el deporte colombiano, tanto por sus fantásticas gambetas y goles como por sus episodios entre luces de discotecas, mujeres de gran escote, largos vasos de whisky o ruidosas armas de fuego, episodios que darían para escribir un gordo libro de decenas de capítulos. 

"El caso mío es muy extraño. Yo salía a bailar, a una fiesta, y decían que eso era poco profesionalismo. Pero yo era el que más tarde salía de una cancha, pagaba multas, apostaba con mis compañeros: pateo desde aquí y le pego al palo izquierdo; apostaba 100 mil pesos y me los ganaba, pero el técnico me metía 200 mil de multa. No me importaba: ganaba y demostraba que era capaz. Tenía tanta confianza...". Y la tiene. Se le nota en cada palabra que sale de su boca mientras atiende a los enviados de la Casa Editorial EL TIEMPO en su finca 'San Tino', en Tulúa, el lugar donde nació un 10 de noviembre. 

Al borde de la piscina, al frente del sauna o la discoteca, en el largo pasillo que alinean las pesebreras de sus 15 caballos, o en el bar de la planta baja de la casa, junto a la mesa de billar pool; o arriba, en el salón de sus trofeos, en el segundo piso al lado de las otras 8 habitaciones -mientras desempolva recuerdos impresos en periódicos y revistas empastadas-; Faustino suelta una frase tras otra con total seguridad, sin pena alguna, como cuando mostró su joven desnudez para una revista italiana en la época en que se decía que compartía el mundo del jet set italiano con una actriz porno llamada Petra, o como cuando confirmó su rótulo de símbolo sexual, como la diva Amparo Grisales, al descubrir totalmente su cuerpo de atleta maduro en la revista colombiana Soho. 

Algo que sólo les pasa a quienes tienen estrella o se han convertido en ella. La fama es fácil, lo difícil es luchar por ella y conseguirla. A 'Tino', el reconocimiento y el dinero le llegaron poco a poco. Comenzó a darse a conocer con el equipo de la Escuela Carlos Sarmiento Lora y en la en las selecciones de menores de Tulúa y, luego, del Valle del Cauca. 

"A los 18 años, cuando llegó a Cúcuta (el Cúcuta Deportivo fue el club en el que comenzó su carrera profesional en 1988), me ganaba 1.000 pesos diarios, 15.000 quincenales, que para mí eran suficientes, En esa época irían a verme 800 personas, pero se divirtieron", recuerda con su particular voz, que parece salir de un clarinete al que le falta una llave. Ese es otro de sus inconfundibles sellos. 

Los colores de la fama 

Su carrera deportiva fue tomando el color dorado de la gloria y el verde de los dólares. Pasó al Atlético Nacional (un título colombiano y una Copa Interamericana) y, casi de inmediato, a la selecciones de Colombia. El torneo preolímpico de Paraguay con el combinado Sub-23, clasificatorio de los Juegos de Barcelona-92, fue su trampolín para saltar al otro lado del Atlántico. 

El por ese entonces modesto Parma de Italia lo contrató, tras la gestión del empresario argentino Gustavo Mascardi, en la que, para la época, fue una multimillonaria transacción que se especula redondeó los 6 millones de dólares. 

"(Mascardi) Me está debiendo todavía un millón de dólares", asegura 'Fausto'.

Ese fue el inicio de su fenomenal paso por Europa, de ser considerado como uno de los mejores futbolistas del planeta; de sus compras de ropa en las casas de los diseñadores de moda más afamados del mundo, de las fiestas sin camisa con los compañeros de su club y con meseras de pocas ropas, de los paparazzis estallando los flashes de sus cámaras a la entrada de los mejores restaurantes, discotecas y pasarelas, o en las calles donde tuvo un accidente de tráfico. 

Era toda una celebridad ya que con buena parte de su innegable talento, el Parma dejó de ser un club del montón y abrió las puertas del éxito: ganó la Copa Italia (dos veces), la Recopa, la Supercopa y la Copa Uefa. 

Por eso es que 'Tino' afirma: "Uno tiene que tratar de usar la carrera para tener los mejores recuerdos, porque el fútbol a todo el mundo se le acaba. No hay nada más lindo que abrir la vitrina de tu casa y mostrar los trofeos que ganaste. Me gusta más mostrar la Copa Uefa, la Copa Italia y todo lo que gané, y no decir que fui futbolista profesional tantos años, que hice tantos goles, pero nunca gané ningún título. Esto es de ganar títulos".

Fue el momento en que demostró ser un jugador excepcional, un delantero de electrizante gambeta, alto voltaje en los desbordes, con un cambio de velocidad que le hacían superar en carreras largas a sus rivales para encarar al arquero rival y vencerlo con definiciones precisas o tirar el centro justo, el pase exacto, para que sus compañeros anotaran. 

Hizo goles de cabeza, con la pierna derecha, de tiro libre (como aquel que le quitó el invicto de 60 partidos al Milán, considerado por aquella época como el mejor equipo del mundo). Era, de verdad, un fuera de serie. 

Alguna vez, Francisco Matrurana, el entrenador que partió la historia del fútbol colombiano en dos, dijo de él: "Es el jugador más inteligente que he tenido dentro y fuera de la cancha". 

El resto de su carrera es conocido: fue al Newcastle inglés (en el que durante tres temporadas fue un verdadero ídolo), regresó al Parma (ganó su segunda Copa Uefa) y en 1999 volvió a América, al Palmeiras de Brasil (Copa Río-San Pablo y Copa de Campeones), punto de quiebre en su trayectoria, pues en ese momento comenzó su declive por una lesión de rodilla. A pesar de ella, estuvo después en Fluminense (Bra.), Atlante (Méx.), otra vez en el Nacional de Medellín, la Universidad de Chile, Cortuluá (Col.) y Estudiantes de la Plata (Arg.). 

En sus 17 años como futbolista activo marcó 150 goles en partidos oficiales de primera división, 86 de ellos en el exterior.

Pero el renombre y la popularidad acaban con la privacidad. Y los incidentes que puedan tener los anónimos de bolsillo estrecho o largos ceros en sus cuentas bancarias, son para las superestrellas como Asprilla, el foco de las noticias. Quizás, por eso, responde sin dudar que sus enemigos han sido "los periodistas". 

Tal vez lo dice porque los medios han registrado sus varios incidentes extradeportivos, como el patear un bus en Tuluá, agredir a unos reporteros en Parma, hacer disparos al aire a la salida de una 'disco' en Cartagena; por la acusación de la Fiscalía 33 de Tulúa de porte ilegal de armas, como el año pasado cuando el juez cuarto penal municipal de esa misma ciudad le ordenó una detención domiciliaria por haber disparado un fusil R-15 contra una valla de seguridad porque los vigilantes le impidieron pasar con unas amigas a su casafinca por una vía alterna perteneciente a un ingenio o cuando, a finales del 2008, su ex esposa le demandó por inasistencia alimenticia para su hijo, Santiago, que ya tiene 15 años. 

Faustino Asprilla, el que dice que jamás firmó un contrato como futbolista por plata y que culpa a esas inmensas ganas de gozarse la vida como el niño que se colaba al Club Campestre de Tulúa, el que asegura que por placer y diversión terminó como futbolista y no como basquetbolista ("era muy bueno", jura), el que dice como en el vallenato que "la mejor mujer es la brasilera", se retiró ayer oficialmente del fútbol en un partido con sus amigos y un concierto de salsa del grupo Son de Cali, cuatro años después de haber saltado por última vez a una cancha como jugador profesional. Genio y figura, 'Tino', genio y figura.

Asprilla llegó de esmoquin y en limusina a su despedida

Este sábado, en el estadio Atanasio Girardot, de Medellín, la despedida de Faustino Asprilla, además de ser una gran fiesta, fue un evento inolvidable. A las 5:03 p.m., los cerca de 12 mil asistentes quedaron sin palabras cuando 'el Tino' arribó a la cancha en una espectacular limusina blanca. Los hinchas coreaban sin cesar el nombre del ídolo, mientras él recorría la pista atlética del estadio en su lujoso vehículo.

Sin embargo, las sorpresas hasta ahora comenzaban. Asprilla sabía que el de ayer era un cara a cara con la historia y quería estar a la altura. Fue así como el tulueño terminó de enloquecer a sus fieles hinchas al bajarse del carro vistiendo un elegante esmoquin negro. ¡'El Tino' se vistió de gala para su última cita con el fútbol!

A continuación, un largo tapete dorado acogió los pasos del goleador hacia la cancha, donde lo esperaban sus amigos para rendirle un sincero homenaje.

Para la historia quedará que el juego lo ganó 3-2 el equipo de Faustino, integrado por parte de la nómina del Nacional campeón de 1991.

Al final, a los 67 minutos, la modelo Claudia Perlwitz irrumpió en la cancha, con un gran ramo de flores en sus manos, con las que Asprilla no sólo terminó el partido sino también su exitosa carrera futbolística...

REDACCIÓN DE DEPORTES
  

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
4 de julio de 2009
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