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Golpe de Estado en Honduras preocupa en los comedores populares de Tegucigalpa
Sectores populares temen que el gobierno que asumió en Honduras tras sacar a Manuel Zelaya quite el apoyo que éste daba a los planes de salud, alfabetización y mejora de salarios.
"Estos comedores son una idea sencilla y de bajo costo, aquà uno puede comer con poco dinero", dice Angela Barahona, una cocinera del comedor popular de Las Delicias, periferia de Tegucigalpa, mientras remueve maÃz para hacer tortillas.
Un plato rebosante de albondigas y arroz se vende a los vecinos por 15 lempiras (menos de 80 centavos de dólar), en un programa que beneficia a unas 10.000 familias en Honduras, uno de los paÃses más pobres de América Latina, con casi 60% de sus 7 millones de habitantes en la pobreza.
"Ahora no sabemos qué va a pasar, si 'Mel' (el presidente) no regresa pronto", añade.
A diferencia del centro de Tegucigalpa, en donde hay controles de seguridad y patrullajes de la policÃa y los militares, en estas comunas ubicadas en la periferia hay poca vigilancia y tampoco se ven manifestaciones.
Zelaya fue sacado del poder el domingo por el Ejército, que asegura recibió una orden judicial de detención, y hasta que termine el mandato original -en enero próximo- asumió un gobierno encabezado por el presidente del Congreso, Roberto Micheletti.
La Organización de Estados Americanos (OEA) dio un plazo de 72 horas para que sea restituido Zelaya, que anunció que se propone regresar al paÃs el fin de semana. En tanto el gobierno interino asegura que si Zelaya regresa será detenido.
"La gente tiene miedo, están diciendo muchas cosas y uno no sabe qué va a pasar. El domingo lloramos doble: sacaron al presidente y se nos murió un niñito de 2 años, la madre tenÃa sida", cuenta Etelvina Hernández.
Mujeres como ella, madres solteras que deben responder por su subsistencia y las de varios hijos y a veces sus padres ancianos, son parte de los beneficiarios de programas implantados por Zelaya, cuyos detractores acusan de haber colocado al paÃs bajo la órbita del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Zelaya puso en marcha programas copiados de Venezuela y Bolivia, como la campaña de alfabetización 'Yo sà puedo' o las brigadas de salud, y subió el salario mÃnimo a 250 dólares y bajó los combustibles gracias a un precio subsidiado por el gobierno venezolano.
"Aquà nunca nos hablaron de polÃtica, ni de izquierda ni de derecha, venÃamos a comer", dice Hernández. En las tardes, las mujeres se reúnen a coser en máquinas vendidas a bajo costo o participaban de programas para capacitarse en empleos.
Este jueves hay previstas nuevas manifestaciones encontradas -unas pidiendo el regreso de Zelaya, otras apoyando el derrocamiento- en Honduras.
Las diferencias entre sus participantes saltan a la vista: taxistas, maestros y sindicalistas con rostros morenos y rasgos indÃgenas protagonizaban las protestas para pedir el regreso de Zelaya.
Del otro lado, empresarios, funcionarios y empleados, la mayorÃa de la clase media acomodada, se manifestaban a favor de Micheletti.
"No queremos convertirnos en otra Cuba. Zelaya nos traicionó a los que votamos por él", decÃa Carlos Lezama, un ingeniero vestido con una camisa blanca y usando un poncho con los colores azul y blanco de la bandera de Honduras.
Thibault Perchat, un joven voluntario francés que trabaja con la ONG Honduras Solidaria en un plan de microcréditos, considera paradójico lo que está sucediendo.
"Uno no puede creer que para defender la democracia un gobierno se comporte como una dictadura: reprimiendo las protestas, censurando a la prensa; y a nadie en el mundo parece importarle", dice.
Tegucigalpa (Honduras)
Con AFP
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Internacional
- Fecha de publicación
- 2 de julio de 2009
- Autor
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