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Obama-Uribe: la cosa es a otro precio

Mañana tendrá lugar la primera reunión oficial del presidente Álvaro Uribe con su homólogo estadounidense, Barack Obama, y las diferencias con los cálidos encuentros con George W. Bush van a ser muy marcadas. Uribe extrañará sin duda esa química personal que tenía con el ex mandatario texano, con quien hablaba un mismo lenguaje político.

Ahora la cosa es a otro precio y el ambiente en la Casa Blanca es distinto. Se podría decir que el de Uribe-Obama es un encuentro que parte de varios desencuentros. Mientras que el presidente colombiano busca que la Casa Blanca se comprometa a impulsar el Tratado de Libre Comercio en el Congreso, al mandatario norteamericano lo preocupan los derechos humanos -y más ahora, con los nuevos escándalos que han estallado a propósito de las actuaciones del DAS, la pelea con la Corte Suprema y los 'falsos positivos'-.

Mientras Uribe puede pensar que subsiste una relación especial con Washington y que Colombia sigue como el más cercano aliado de Estados Unidos, las pocas líneas que la administración Obama ha trazado de su política hacia América Latina muestran a México y Brasil como naciones claramente prioritarias.

La lucha contra el terrorismo que tanto nos unió al gobierno Bush ya no tendrá el mismo protagonismo, y en materia de seguridad y narcotráfico, la situación de la frontera con México tiene a la Casa Blanca mucho más preocupada que el futuro de la seguridad democrática en Colombia. No debe sorprendernos que en pocos meses el gobierno de Felipe Calderón supere al colombiano como primer receptor de ayuda norteamericana.

Y mientras todo indica que, por razones de política interna gringa, el TLC "está frito", el tema de derechos humanos sí será muy relevante. Así lo confirman los pronunciamientos que ya han hecho varias ONG con motivo del viaje de Uribe, en los que le solicitan a Obama que envíe al mandatario visitante fuerte mensaje en favor de los derechos humanos. En una carta de siete páginas, Human Rights Watch le pidió, además, que abandone la política de apoyo incondicional al gobierno colombiano que mantenía la administración Bush.

La verdad es que muchas ONG, sindicatos y sectores del Partido Demócrata se sorprendieron de que Obama hubiera invitado a Álvaro Uribe y no han ocultado su desagrado. En este sentido, resultó una feliz coincidencia para el mandatario colombiano el que su visita se diera justamente en la única semana del verano en que el Congreso de ese país está en receso. Se evitó una dura sesión y no le tocará reunirse con Nancy Pelosi y demás líderes demócratas que han sido fuertes críticos de la situación de derechos humanos en Colombia.

Sin que figure explícitamente, el tema de la segunda reelección de Uribe es uno que rondará su visita. Es un hecho que esta no tiene ningún ambiente en Washington. Por convicción y formación, a importantes consejeros de Obama para América Latina, como Arturo Valenzuela y Dan Restrepo, no les gustan para nada los terceros mandatos. Es un asunto que la Casa Blanca no tratará de manera pública, pero seguramente se lo harán entender a Uribe.

Más allá de los puntos de disenso; de los pronunciamientos del candidato Obama contra el TLC por el asesinato de sindicalistas; de las condecoraciones de Bush a Uribe, o de las preferencias de este por John McCain en las pasadas elecciones, lo cierto es que Barack Obama es un político esencialmente pragmático, que ve la relación Colombia-Estados Unidos como de Estado a Estado, sea o no Uribe el presidente. Entiende muy bien la importancia estratégica del país en la región, su condición de fiel aliado hace muchos años y la necesidad de seguir contando con su apoyo en un continente en el que abundan los mandatarios poco afectos a Washington.

La reunión del canciller Bermúdez con Hillary Clinton; el tête a tête de los dos presidentes durante el almuerzo en la cumbre de Trinidad y Tobago; la clara defensa que ha hecho Obama del derecho del Estado colombiano a defenderse del terrorismo; la oferta de Uribe de asesorar en la lucha antidrogas en México y Afganistán; la posibilidad de trasladar a Colombia componentes de la base antinarcóticos de Manta (Ecuador), y el mismo hecho de que el jefe de Estado colombiano sea el tercer mandatario hemisférico que Obama reciba en la Casa Blanca son todos signos de una relación que se mantiene muy sólida.

Ya no seremos los más consentidos del paseo y entre los dos presidentes puede faltar química personal, pero Uribe debe aprovechar al máximo su cuarto de hora en la Casa Blanca.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
27 de junio de 2009
Autor
Enrique Santos Calderón

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