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El agua para 40 millones de personas está en riesgo debido a la amenaza a los páramos

El coordinador del proyecto Páramo Andino, dice que un problema de este ecosistema en Colombia es que el avance de la frontera agrícola en la zona es liderado por terratenientes y grandes paperos.

Mientras estudió ingeniería civil en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, Bert De Biévre nunca vio un páramo. Pero hace 17 años, cuando llegó de visita a Cuenca (Ecuador) y recorrió uno por primera vez, vio tanta belleza y vida brotando de sus alrededores que decidió dedicar su vida a cuidarlos.

Hoy, como coordinador del proyecto Páramo Andino, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), trabaja por el bienestar de estos ecosistemas de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, los únicos países del continente en cuyos mapas se pueden ubicar estas fábricas de agua únicas. EL TIEMPO habló con él, al término del Segundo Congreso Mundial de Páramos que terminó en Loja (Ecuador).

¿Qué ha cambiado para los páramos de Suramérica entre el Primer Congreso Mundial, de Paipa (Boyacá), celebrado en el 2002, y este efectuado en Loja (Ecuador)?

En que hace 7 años no había tanta claridad sobre la importancia que tienen para la subsistencia. Pero también está claro que este interés no se ha traducido en esfuerzos para detener su degradación. Estamos todavía en pañales.

¿La amenaza minera que predomina en Colombia es común en el resto de países ?

En el 20 por ciento del total de los páramos de Colombia y Ecuador (que suman unos 30 mil kilómetros cuadrados, el 90 por ciento del total) se han dado títulos mineros. Esto es equivalente a decir que la mitad de los páramos de la región, que no están en zonas de reserva, están potencialmente amenazados.

¿Y qué problemas hacen diferente a Colombia?

La diferencia está en que mucho del avance de la frontera agrícola, otro de los problemas que resisten los páramos, es liderado por terratenientes y grandes paperos, y no sólo por campesinos pobres, como ocurre en Ecuador y Perú.

¿Y el cambio climático?

Es una gran amenaza por la fragilidad de los páramos frente al aumento de la temperatura. Y lo peor es que no hemos podido medir los efectos, que no son evidentes como en los nevados, donde uno ve el deshielo o puede comparar fotos de hoy con las de hace 15 ó 20 años. La comunidad internacional y científica nos debe ayudar para lograr medir los efectos del calentamiento y diseñar formas de adaptación.

¿Hay alguna sugerencia?

Una opción es incluir los páramos en las negociaciones post-Kioto para lograr compensaciones por no cambiar el uso de la tierra y, en resumen, por mantener guardado el carbono presente en ellos (entre 340 a 640 toneladas por hectárea), que se liberaría a la atmósfera si fueran arrasados. Podríamos tener millones de dólares por reducir la deforestación, que reinvertiríamos en su preservación.

¿Cuántas personas de Suramérica tienen su abastecimiento de agua en riesgo por la destrucción de los páramos?

Estimamos que 40 millones de personas, que dependen directamente de estos, como quienes viven en Bogotá y Quito. Y más de 70 millones de personas, que reciben agua indirectamente de ellos, como Cali y Medellín, y que incluso se usa para riego.

¿Qué está logrando el Proyecto Páramo Andino?

Hacemos investigaciones piloto en 11 páramos de Suramérica: Tuñame y Gavidia en Venezuela; Rabanal, Belmira, El Duende y Chiles-La Esperanza, en Colombia; Zuleta, Mojanda y Jimbura-Ayabaca, en Ecuador, y Pacaipampa y Cajamarca en Perú. La idea es investigar en ellos y saber qué acciones podemos aplicar para cuidar los restantes.

Mención de honor para indígenas Nasa por ciudar el Páramo Santo Domingo

En la segunda versión del Congreso Mundial de Páramos, la Asociación de Cabildos Indígenas de Tacueyó, Toribío y San Francisco, de la comunidad nasa, en el Cauca, recibió una mención de honor por la preservación del páramo de Santo Domingo.

Heliodoro Yatacué, representante de los indígenas, explicó que el trabajo se ha concentrado en hacer jornadas de limpieza sobre el páramo, afectado por los enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército.

"Encontramos latas, plásticos y sobrantes de granadas, balas y otros explosivos que muchas veces terminan contaminando las quebradas", explicó Yatacué.

Agregó que esa labor se hace cada tres meses, con ayuda de la guardia indígena y los comités ambientales de las veredas de la región.

El páramo de Santo Domingo se extiende a lo largo de 2.500 hectáreas. De allí nacen los ríos San Francisco, Isabelilla y Palo, que abastecen a poblaciones como Guachené, Caloto, Puerto Tejada y que también le dan agua a industrias del norte del Cauca y del sur del Valle.

Yatacué dice que además de la recolección de residuos, se ha logrado erradicar, en un gran porcentaje, el impacto de las mil cabezas de ganado que aproximadamente pastan en la zona.

"Lo que queremos es que, con menos vacas, la gente pueda alcanzar sus niveles productivos de siempre, para que en unos años tengamos menos de 300 animales", explicó el representante indígena.

JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY

Publicación
eltiempo.com
Sección
Medio ambiente
Fecha de publicación
26 de junio de 2009
Autor

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